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Indiana Jones y la última cruzada (1989)



LA ÚLTIMA AVENTURA

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

Las películas de Indiana Jones siempre fueron modeladas estructuralmente a imagen y semejanza de las de James Bond: una de las claves, las magníficas secuencias de arranque en las que Indy salva su vida por milagro y que sientan las bases de la aventura posterior. Por eso, cuando Steven Spielberg imaginó Indiana Jones y la última cruzada, y definió que el conflicto central sería el reencuentro de un hijo con su padre (la figura paterna como sombra esquiva, tema spilbergiano por antonomasia) ningún otro actor podía interpretar al padre del arqueólogo mejor que Sean Connery, quien nos dejó hace algunas horas y a quien venimos a homenajear aquí. Con la presencia de Connery la película no solo ganaría un nombre estelar en el reparto, sino además una forma de cerrar un círculo, que era en cierta medida lo que buscaba el director junto al productor George Lucas con la forma de trilogía. De hecho todos recordamos aquel último plano, el de los protagonistas cabalgando rumbo al horizonte para tallar definitivamente la leyenda. Indiana Jones y la última cruzada era entonces una clausura a la aventura, pero también a una nostalgia que a los pocos años comenzaría a cambiar de década con la llegada de nuevas generaciones de espectadores (ya no miraríamos tanto los 50’s como los 60’s y los 70’s). Era el cierre de una era, y ni Spielberg ni Lucas imaginaban lo que llegaría en los años posteriores, ni que la franquicia se estiraría en una cuarta parte en el por entonces incierto nuevo siglo.

Connery con su estampa y su carisma cinematográficos. Connery, un actor que nunca fue muy considerado por sus dotes actorales, pero que sin embargo poseía esa presencia que era definitivamente una creación del cine: lo otro, lo psicológico, la construcción de personajes por vías emocionales parece algo más propio del teatro, de una vieja tradición actoral. En Connery se presentaba cabalmente aquello que elucubraban las sombras de la pantalla y que generaba una energía positiva e inmediata en el espectador. Como anteriormente sucedía con Cary Grant, quien no de gusto anticipó de alguna manera el cine Bond en Intriga internacional y casualmente fue tenido en cuenta para interpretar al 007. Si algo inventó el cine es sin dudas el carisma, la presencia universal de una figura pública convertida en estrella. Connery lo era y su presencia en Indiana Jones y la última cruzada, tal vez el último gran relato de aventuras que dio el cine norteamericano, es esplendorosa. Los nazis, en su búsqueda del Santo Grial y de la fórmula de la vida eterna, han secuestrado al padre de Indiana Jones, quien aparentemente conoce la forma de acceder a ese tesoro. Y el arqueólogo emprende entonces una doble búsqueda, la del Grial y la de su padre, un hombre del que se encuentra absolutamente distanciado. Pero cuando el profesor Henry Jones aparece en la pantalla, algo se ilumina, y no es solo el personaje, sino además la figura de un actor enorme divirtiéndose como un chico en una película que es en cierta medida una gran montaña rusa. “Habla en sueños” le dice Henry a Indy, en una de las frases más recordadas, que fue en verdad una improvisación de Connery que no estaba en el guion pero que fue incorporada a la película porque hizo reír a todos durante el rodaje. Frase que representa un tipo de picardía que hoy, en estos tiempos solemnes, no se suele practicar. Connery representaba un poco eso.

Como decíamos anteriormente, Indiana Jones y la última cruzada es detrás de ese Macguffin del Santo Grial una película sobre un padre y un hijo, involucrados en una aventura enorme, pero dispuestos a reencontrarse. No sin antes, claro, acomodar algunos asuntos del pasado, saldar deudas pendientes y tirarse algunos dardos. Que todo eso suceda entre corridas, fugas en sidecar, piñas, chimeneas puestas sobre falsas paredes, agentes dobles, lanchas que explotan, dirigibles, nazis malos malos, y algunas de las mejores secuencias de acción que recuerde (Indiana Jones y la última cruzada es de esas películas que cuando las encuentro en la televisión no puedo dejar de mirar) es una demostración de la gracia spilbergiana, capaz de imbricar sus temas y obsesiones y ponerlos al servicio de la narración. Pero nunca como en esta película el director fue capaz de que su mirada sobre la paternidad resulte tan divertida y ligera. Y en parte es gracias a la química lograda entre Sean Connery y Harrison Ford, que se convirtieron por un rato en una de las mejores duplas cómicas de la historia del cine. Indiana Jones y la última cruzada fue la alegre despedida de un tipo de cine que ya no se hizo más.

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