Por Mex Faliero
Cualquiera que al menos haya comprado un balde de pochoclo en un multicine sabe del nivel de usura al que recurren este tipo de empresas (ya ni les digo, como en mi caso, cuando conocen a gente que ha trabajado para una compañía de estas), aunque bueno, se me dirá de la oferta y la demanda. Está bien. No es nada nuevo y no sorprende, por tanto, la velocidad con la que el sector de exhibidores han salido a exigir beneficios impositivos y a despedir empleados cuando recién va poco más de una semana de cuarentena obligatoria por la pandemia de coronavirus, y ni cerca estamos de saber cuáles serán las consecuencias no sólo sanitarias sino además económicas. Obviamente el sector sufrirá una pérdida, como múltiples sectores. Y obviamente el Estado tendrá que brindar beneficios y propuestas para sobreponerse al duro momento, pero también determinar límites a esos beneficios como los que señala el presidente del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), Luis Puenzo, en una carta difundida ayer: por ejemplo el “impuesto al cine”, que los exhibidores piden no pagar, no le corresponde a los multicines ya que sólo son agentes receptores. Es un dinero que aporta el espectador con su entrada y que en línea recta se dirige al Instituto. Es un comentario oportuno de Puenzo en una carta que, por otra parte, deja bastante que desear en un sentido formal: no parece la misiva de un alto funcionario del Estado, que uno entiende debe atender al rigor y no a imprecisiones como “en los meses previos a la pandemia el cine vendió más entradas que en años anteriores”, sino más bien el comentario enojado de alguien que escribe un estado de Facebook. Imprecisiones que aumentan cuando habla de “corporaciones extranjeras” en un mercado donde varias de esas salas son nacionales (como el bello monopolio que tenemos en Mar del Plata con Cinemacenter, por ejemplo). Pero bueno, siempre viene bien el subrayado nacionalista. Tampoco entiendo demasiado por qué el INCAA no ofrece comunicados oficiales en vez de cartas de su titular, como si fuera San Martín en el exilio. Bueno, en verdad es el tono épico de los días que nos tocan, donde se aplaude la prepotencia de los personalismos antes que la acción institucional del Estado (me hacen acordar a Macri hablándole enojado a los empresarios; daban ganas de ir a abrazarlo por ingenuo). No importa lo que diga Puenzo (que, digamos, hasta este contexto su actuación en el organismo era más declamatoria que otra cosa, con los aplausos obsecuentes correspondientes, claro), importa lo que diga el INCAA como entidad (y obviamente que entenderemos que son los funcionarios los que están hablando por ese medio). El Estado tiene las herramientas legales para hacer cumplir lo que corresponda. No importa lo que diga un funcionario enojado, o sobreactuando enojo para el aplauso.
