Funcinema

El gran Buck Howard

Título original: The Great Buck Howard
Origen: EE.UU.
Dirección: Sean McGinly
Guión: Sean McGinly
Intérpretes: John Malkovich, Colin Hanks, Emily Blunt, Ricky Jay, Steve Zahn, Tom Hanks, Griffin Dunne, Debra Monk, Adam Scott, Patrick Fischler, Wallace Langham, Jonathan Ames, Jacquie Barnbrook, Paul Darricarrere
Fotografía: Tak Fujimoto
Montaje: Myron Kerstein
Música: Blake Neely
Duración: 90 minutos
Año: 2008


7 puntos


ENTRE LA MAGIA Y LA FE

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

Este año en el Festival Internacional de Cine de Comedia – Funcinema proyectamos Silver Lake, una comedia dramática norteamericana protagonizada por Martin Starr, centrada en la figura de un hombre que se debatía entre la vida profesional que le prometía su trabajo de escritura o la experiencia familiar de una novia con dos hijos. Con los elementos típicos del indie norteamericano (y con Starr, una de sus estrellas) la película se volvía un agudo registro de ese debate interior del personaje, su búsqueda intelectual pero también por los afectos. Y que sintetizaba toda su amargura en un último plano memorable. La curiosidad por saber más de Sean McGinly, su director, me llevó a ver El gran Buck Howard (2008), otra comedia dramática sobre un tipo en la encrucijada de saber qué hacer con su vida. Y otro retrato agridulce sobre la experiencia siempre compleja de madurar.

El gran Buck Howard podría ser considerada una película de alto presupuesto dentro de la filmografía de McGinly: John Malkovich, Colin Hanks, Emily Blunt, Tom Hanks, Steve Zahn, Griffin Dunne, Adam Scott, son algunos de los nombres que aparecen en el reparto y le aportan cierta estelaridad. El protagonista es Troy (Colin Hanks), quien deja de lado el legado patriarcal que lo llevó a estudiar Derecho y consigue trabajo como asistente del citado Howard (Malkovich), un ilusionista en declive que se miente a sí mismo y gira por todo el país con un show de mentalismo bastante decadente en teatros pequeños y de concurrencias discretas. La película trabaja así dos variantes de un conflicto similar: el joven inseguro de su futuro y el tipo de carrera al que se le pasó el tiempo. El vínculo entre ambos se da con fricciones, entre un Howard con dejos de divo y Troy como un soporte que aguanta todas las agresiones. El objetivo de la película será, entonces, hacer confluir ambos caminos para que cada personaje recapacite: ¿por qué Howard sigue encerrado en un mundo glorioso que ya se ha marchitado? ¿Por qué Troy se deja maltratar, qué placer encuentra en ser asistente de un ilusionista en decadencia?

McGinly es un director con una sensibilidad más que atendible. Y si bien El gran Buck Howard luce más mainstream que Silver Lake, con resoluciones que no dejan de ser amables para sus criaturas y para el espectador, la película toma algunos caminos imprevisibles. Por ejemplo, cada presentación de Howard termina con un acto de ilusionismo impactante: el hombre desafía a los espectadores a encontrar la recaudación de esa noche entre la concurrencia y nunca ha fallado durante cuatro décadas. Sobre ese acto hay mucho rumor, que tal vez alguien lo asiste en secreto o que usa unos audífonos por donde le indican dónde está escondido el dinero. Hacia el final, la resolución de ese acto será clave. Y el giro que encuentra McGinly es no sólo inteligente, sino además coherente con sus personajes y con sus temas. Las películas que hablan de magia entran en un terreno peligroso y El gran Buck Howard se mete sosteniendo el punto de vista de Troy: hay fe en la magia, pero mucho más en el mismo acto de tener fe. Ese camino que emprende Troy para separarse de lo que le dice papá y conducirse por un camino propio y personal. Con amabilidad, con buen humor y con una mirada sin cinismo sobre el patetismo del ilusionista (más una gran actuación de Malkovich), El gran Buck Howard es la obra de un director con un mundo más que interesante.

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