Muy Buena
JUGAR POR JUGAR
Por Rodrigo Seijas
En el juego –en cualquier clase de juego- hay una tensión constante que pasa por el cumplimiento o no de las reglas. Es que en toda construcción lúdica hay presente un marco mínimo de normas, de convenciones que se deben seguir, en pos de establecer objetivos y un direccionamiento. La cuestión es quién las sigue, quién no, de qué forma, cómo se interpreta cada regla, cómo se aplica a la acción. De ahí que, por ejemplo, nunca un partido de fútbol es igual a otro, porque cada jugador, aun desempeñándose dentro de un equipo, construye su propia mirada sobre el juego, y cada visión colisiona entre sí, encontrando raptos de armonía, de entendimiento, pero también de puro caos.
Podría decirse que el texto de Atroces – Teatro intrascendente está delineado a partir de estos preceptos, de esta noción de que toda regla está para romperse o para ser interpretada de acuerdo a motivaciones personales y subjetivas. Por eso hay tres personajes (Pablo Bellocchio, Rodrigo Bianco y David Subi) cuyos roles van mutando de manera constante, lo mismo que sus comportamientos y metas. Esa mutación permanente, ese acto de cambiar las normas a cada paso –anulándolas, reconfigurándolas, quebrantándolas, retomándolas- es lo que lleva a que la trama no tenga una dirección definida, a que no haya liderazgos o protagónicos, sino una materialidad teatral marcada por lo impredecible.
Es difícil contar de qué trata o hacia dónde va Atroces, y en verdad no vale demasiado la pena. La dramaturgia de Marivi Yanno hace de la arbitrariedad su característica principal pero también su virtud, aplicando la noción de lo lúdico a todas sus secuencias, con un tipo de humor físico que hasta se permite dosis elevadas de violencia. A la vez, se aleja del mensajismo o la moralina, apostando primariamente a la corporalidad como eje narrativo y factor de conexión con el espectador.
En Atroces no pasa nada y a la vez pasa de todo –por momentos, da la impresión de estar ante un capítulo de la serie Seinfeld– y el juego que diseña es indefinible, porque en verdad sus reglas –con sus correspondientes premios o castigos- son marcos de disputa de los protagonistas. La sensación que impera es que el texto dramatúrgico no puntúa las acciones, sino que son las acciones las que delinean la trama, que el texto se construye en escena, frente al público, desde los actores, aun desde el cálculo o la planificación previa. Esa materialidad elusiva y definitivamente absurda, esencia fundamental de Atroces, no deja de ser tan desconcertante como sumamente entretenida.
Dramaturgia: Marivi Yanno Actúan: Pablo Bellocchio, Rodrigo Bianco, David Subi Escenografía: Marivi Yanno Diseño de vestuario: Gina Michienzi Diseño de luces: Héctor Calmet, Pablo Calmet Diseño De Sonido: Joaquín Pol Realización de vestuario: Gina Michienzi Fotografía: Bárbara Pacifico Diseño gráfico: Rodrigo Bianco Entrenamiento corporal: Cecilia Gruner Asistencia Coreográfica: Cecilia Gruner Asistencia de dirección: Romina Martínez Producción: Atroces, Lascia Investigación Escénica Dirección: Marivi Yanno Duración: 50 minutos Sala: El Piso – Cultura Escénica (Hidalgo 878, CABA) – Domingos a las 20:00.
