Por Mex Faliero
El proyecto que lleva adelante Marvel es el más ambicioso y loco de la historia del cine, por más que se abrace a los requerimientos del cine más mainstream y vendedor de muñecos que exista. Y le duela o no a los lacrimosos defensores del cine de autor y festivalero, pronosticadores de la muerte del cine y tantos otros llantos más. Una serie de películas conectadas durante una década, que recupera el espíritu de los viejos seriales, y que une infinita cantidad de personajes con películas individuales y colectivas, capaces de fusionar diversas estéticas y búsquedas. Sí Star Wars, disculpame que me ría un poco de vos y tu soap opera un poco solemne. Uno se anima a pronosticar la pronta extinción de todo esto, pero los muchachos sacan un nuevo conejo de la galera a cada rato. El nuevo nivel instaurado por Pantera Negra es la capacidad por asimilar a través de las películas los discursos del tiempo, de ser político, pero de forma explícita. El problema al que se enfrentó en aquella película que celebraba a la raza negra como el verdadero tesoro de la humanidad, era el de poner el discurso tan adelante que abrumaba todo lo que importa, que es el juego y lo fantástico. Capitana Marvel cumple el mismo rol alegórico, en este caso el del feminismo y la validación de la mujer como líder. Pero lo hace sin olvidar algo fundamental: el juego, la diversión, aquello que nos pone de buen humor mientras salvamos el mundo y nos definimos como personas. La dupla Brie Larson – Samuel Jackson es festiva, pura química en estado de ebullición verbal y física. A partir de ahí se sostiene el discurso y la aventura, y ambos, codo a codo, lavando los platos luego de una cena hacia el final son la muestra más hermosa y mundana de todo esto que viene a decir Capitana Marvel desde la más espectacular épica fantástica. Como su personaje, como esa chica, la película es y no le debe nada a nadie.
