Por Mex Faliero
Desde hace varias semanas hemos decidido que en la Cartelera que aparece publicada en Funcinema sólo aparezcan las funciones subtituladas, a excepción de los films animados que, se entiende, apuntan a un público infantil que todavía no desarrolló la capacidad de la lectura (igualmente no nos molestarían funciones subtituladas, aunque sea por la noche). Es cierto que esta decisión vuelve incompleta la información de horarios y salas que brindamos en nuestro sitio, pero es también una de las pocas herramientas que encontramos para luchar contra ese flagelo del cine traducido. Desde Funcinema creemos que las películas, para ser apreciadas en su totalidad, deben verse en lengua original, ya que las palabras y la forma que incorporan a través del habla es una herramienta indispensable del arte. Como ninguna otra expresión, el cine acepta esta deformación. ¿Se imagina usted yendo a ver a los Rolling Stones y que Mick Jagger haga playback con la voz de un imitador y en castellano? ¿Se imagina yendo a un museo y que le digan explícitamente que esa obra que está disfrutando no es original sino una copia hecha por otra persona? ¿Tiene el mismo valor? Claro que no. Pero el cine, acostumbrado el espectador a ver cine en el hogar donde casi todo el cine se ve traducido (de paso, es casi imposible captar una película subtitulada en el cable, vergüenza… con lo que cobran), no parece inmutarse ante este fenómeno. La gran pregunta de fondo es si el espectador exige cine doblado al castellano o le da lo mismo. La respuesta es vital para saber si los exhibidores y distribuidores (verdaderos villanos en esta ecuación) deciden estrenar el cine traducido por una exigencia del mercado o por mera imposición. Fuere cual fuere el motivo, lo cierto es que cada vez hay menos espacio para disfrutar de cine subtitulado. Las funciones son cada vez más tarde y el fenómeno ya no alcanza sólo al cine dirigido a adolescentes, sino que films para adultos también padecen el doblaje. Por lo pronto, y aceptando el escaso poder que tenemos como medio, nos parece que una de las pocas acciones que podemos tomar es esta: no publicar en nuestra Cartelera aquellas funciones de cine doblado. De hecho, tampoco cubrimos películas en versiones dobladas. Obviamente, no creemos que a Cinemacenter (el exhibidor que padecemos en Mar del Plata) le preocupe demasiado. No obstante, los medios de comunicación tenemos algún poder mínimo para hacerle frente a este flagelo. Sólo resta tomar la decisión. Claro, si en verdad nos importa este asunto o es apenas una rabieta insípida.
