Título original: Overdrive
Origen: EE.UU. / Francia / Bélgica
Dirección: Antonio Negret
Guión: Michael Brandt, Derek Haas
Intérpretes: Scott Eastwood, Freddie Thorp, Ana de Armas, Gaia Weiss, Simon Abkarian, Clemens Schick, Abraham Belaga, Kaaris, Mars Bezot, Magne-Håvard Brekke, Joshua Fitoussi, Pierre-Marie Mosconi, Frédéric Anscombre, Anaïs Monory, Moussa Maaskri
Fotografía: Laurent Barès
Montaje: Samuel Danési, Sophie Fourdrinoy
Música: Pascal Lengagne
Duración: 93 minutos
Año: 2017
4 puntos
EXPLOTATION
Por Rodrigo Seijas
El póster de El gran robo deja en claro cuál es su estrategia de marketing desde el mismo slogan: “de los escritores de + rápido + furioso y el director de Búsqueda implacable”. O sea, un producto pergeñado por realizadores de explotación, que han estado detrás de films que se han convertido en éxitos inesperados y a la vez sintomáticos de una época, aunque nunca hayan tenido vuelo propio. Y aunque hay que decir que no estamos ante el desastre que fue la segunda parte de la saga de Rápidos y furiosos o el bodoque fascista que fue la película con Liam Neeson, tampoco podemos decir que estamos ante un relato mínimamente decente.
A El gran robo se le nota que quiere agarrarse del éxito de Rápidos y furiosos, funcionando como una especie de versión de menor presupuesto y ambiciones, y hasta apelando a un público más europeo que estadounidense, aunque definitivamente internacional. Hay dos hermanos (Scott Eastwood y Freddie Thorp) que se dedican de manera constante al negocio del robo de automóviles de lujo y que terminan metidos en el medio de una guerra entre dos jefes mafiosos, teniendo que ver para qué lado jugar de acuerdo a las circunstancias y preservando sus propias vidas. También está la novia del hermano mayor (Ana de Armas), un interés amoroso para el menor (Gaia Weiss), un par de malos muy malos (lo de Clemens Schick es conscientemente pasado de rosca), un cansino dúo de agentes de la Interpol, la posibilidad de uno de esos robos emblemáticos, múltiples diálogos de manual sobre autos de colección, lindos paisajes del sur de Francia…y no mucho más.
Es que El gran robo es una película definitivamente descartable, de segunda selección y que nunca busca ser más que eso, aunque esa decisión es por pereza y no por orgullo de pertenecer a ese fértil terreno que es la clase B. El director Antonio Negret filma todo a reglamento y no se preocupa mucho por darles entidad a los personajes, apenas poniéndole algo de garra a las escenas de acción y las persecuciones, que hay que reconocer que tienen cierto vértigo, compensando la apatía de las subtramas románticas y las sucesiones de engaños y robos, y actuaciones definitivamente deficientes, con los muchachos carentes de carisma y las chicas demasiado esforzadas en sus papeles.
Desde el primer minuto hasta el último, El gran robo es un film que lleva a los tropezones su narración repleta de giros pretendidamente astutos, hasta arribar a un cierre tan canchero como inverosímil. La pretensión de dejar todo abierto para una secuela suena tan forzada como improbable, lo cual no deja de ser un alivio.

