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La Ciambra

Título original: A Ciambra 
Origen: Italia / Brasil / Alemania / Francia / Suecia / EE.UU. 
Dirección: Jonas Carpignano 
Guión: Jonas Carpignano 
Intérpretes: Pio Amato, Koudous Seihon, Damiano Amato, Francesco Pio Amato, Iolanda Amato, Patrizia Amato, Rocco Amato, Susanna Amato, Paolo Carpignano
Fotografía: Tim Curtin 
Montaje: Affonso Gonçalves 
Música: Dan Romer 
Duración: 118 minutos
Año: 2017


8 puntos


LA FICCIÓN QUE HACE TODO MÁS FÁCIL

Por Melody San Luis

(@SanLuisMelisa)

El juego es la principal actividad de aprendizaje de los chicos. Algunos juegan a construir, a inventar y a ser madre o padre, otros juegan a ser adultos. Pero el juego infantil se libra con libertad porque reposa en la confianza de que algún adulto podrá abrazarlo cuando se vuelva peligroso para él. Pico, el protagonista de La Ciambra, es un niño-adolescente de 14 años que juega a ser adulto pero que se refugia en los brazos de su madre y amigo mayor.

En el film -que cuenta con producción ejecutiva de Martin Scorsese-, los chicos, que rondan en edades de 6 a 14 años, juegan a fumar y tomar alcohol. Juegan, pero lo hacen concretamente. Pio, ya un poco más grande que los demás, ve a su hermano mayor y a sus amigos de una manera idealizada. Esto hace que se sienta atraído de hacer las mismas actividades que ellos. Es así como decide entrar en la delincuencia. Para Pio el robo forma parte de un sentido de partencia y, por otro lado, no deja de ser un juego.

La Ciambra elige determinadas maneras de narración que nos muestran cómo este joven que ya está dejando de ser un niño aun vive en ese umbral. En repetidas oportunidades se lo ve en la entrada de un bar colgándose a caballito del amigo del hermano. En otra de las escenas, vuelve de robar, se pone el pijama y se recuesta al lado de su madre, dejándose abrazar. Pio negocia con adultos el costo de un artefacto electrónico que vende y, por el otro lado, reparte monedas a sus amigos pequeños.

En esta idea de un niño en el umbral de la adultez, la actuación de Koudous Seihun toma un lugar relevante. Su amigo adulto de origen africano es su resguardo en los momentos de incertidumbre. Estos dos personajes tienen situaciones juntos en las que la comunicación se da de forma natural y seguramente influye en esto que hayan trabajado juntos en la anterior película del mismo director, Mediterranea (2015).

En La Ciambra se establece un diálogo con Mediterranea al volver a hablar de los refugiados africanos. Es notable la cantidad de información que se muestra, en unos pocos minutos que se les dedica a las escenas en las que aparecen las comunidades africanas. Pio logra relacionarse con los africanos, rompiendo así el prejuicio impulsado por su familia. De esta manera, el film nos acerca a los conflictos sociales que viven en el sur de Italia en el que los gitanos, comunidad de Pio, están posicionados en las clases bajas y los africanos por debajo de ellos.

De forma indirecta, a través de determinados juegos y peleas de chicos es cómo se logra hablar de una determinada realidad social. Se nos muestra el analfabetismo en la comunidad gitana de esa zona. También, aparece en el diálogo de los chicos la prostitución de las mujeres. La aventura de estos jóvenes permite que también se pueda apreciar el lugar en dónde viven. Es posible ver cómo funcionan los desarmaderos de autos y el tráfico de mercadería robada.

Pero como el ruido de un globo que explota, el llanto de los chicos da fin al juego. A través del dolor lo vemos a Pio crecer, volverse adulto. Pio Amato logra caracterizar muy bien a ese niño que se va convirtiendo de a poco en un adulto. Pero principalmente es impecable la escena en la que llora al lado de su amigo africano. Las palabras no son necesarias porque la mirada perdida de Pio habla en silencio.

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