Título original: Blood Father
Origen: Francia
Dirección: Jean-François Richet
Guión: Peter Craig, Andrea Berloff, basados en la novela de Craig
Intérpretes: Mel Gibson, Erin Moriarty, Diego Luna, Michael Parks, William H. Macy, Miguel Sandoval, Dale Dickey, Richard Cabral, Daniel Moncada, Ryan Dorsey, Raoul Max Trujillo, Brandi Cochran
Fotografía: Robert Gantz
Montaje: Steven Rosenblum
Música: Sven Faulconer
Duración: 88 minutos
Año: 2016
8 puntos
LA LOGAN DE MEL GIBSON
Por Henry Drae
El ocaso de ciertos personajes de acción o de los actores que los han interpretado, parece estar de moda como elemento de atracción principal. Si bien es cierto que Sangre de mi sangre es anterior a Logan, no pueden dejar de apreciarse muchas similitudes entre ambas realizaciones que nos hacen pensar en un estilo que le da un toque distintivo al nuevo género de acción. En la película de Mangold podíamos apreciar a un Wolverine ya retirado pero obligado a volver a la acción ante la presión de criminales que se dejan engañar por su decadencia, y el resultado es una masacre en medio de un lugar sucio y polvoriento acorde con la situación. Luego, el eje resulta ser el vínculo entre un adulto y una niña, dos de una clase con mucho más en común de lo que querrían y obligados a luchar y a protegerse entre sí. En ese sentido la película del francés Jean-François Richet (Masacre en el precinto 13) muestra las mismas bases al presentar a un decadente alcohólico en recuperación (Gibson) obligado a volver a la acción para proteger nada menos a que su hija de los peores criminales con los que pueda aspirar a medirse. Y todo en medio de un lugar desértico, sucio y polvoriento en el que se recortan las siluetas de un hombre musculoso de barba entrecana y desprolija y una adolescente problemática, sin que eso deje de unirlos a la hora de intentar sobrevivir.
La historia comienza cuando Link (Gibson) trabaja en su remolque -el mismo utilizado en la serie-remake de Arma mortal– haciendo tatuajes mientras disfruta de su libertad condicional, hasta que recibe el llamado de su hija Lydia (Erin Moriarty) a la cual creía desaparecida cuando en realidad estaba ayudando a su novio delincuente (Diego Luna) a cometer atracos, hasta que algo sale mal y la compromete. Sin pensarlo, Link acude en su ayuda, lo cual involucra a ambos en una cacería frenética a manos de los peores elementos del crimen local, sicario solitario incluido en la oferta. La lucha resultante es violenta y con algunos giros de tuerca que, aunque predecibles, mantienen el suspenso y el interés por el desarrollo de las acciones a los cuales Gibson les pone su acostumbrada intensidad. Luna resulta un digno adversario y los secundarios casi son de lujo, más si se piensa que es uno de los últimos trabajos de un tal Michael Parks en pantalla, cuyo deceso se produjo en estos días.
Si bien la historia es sencilla, lineal y nos recuerda a muchas otras, el proyecto inicial fue rescatado por el mismísimo Stallone, con quien Gibson se midiera en Los indestructibles 3, allá por el 2008 hasta que lo descartara por problemas de agenda y luego se concretara tal y como lo conocemos. Sin dudas el guión ha tenido algunas reescrituras notables porque no son pocas las referencias a la saga Arma mortal, más allá de la del remolque, sobre todo en algunas líneas de diálogo entre Link y Lidia que recuerdan inequívocamente a las sostenidas por Riggs y Murtaugh. Pero más allá de los guiños -incluso hasta a la Mad Max original en la muerte de algunos villanos- la película se sostiene por sí sola y esos homenajes a la carrera de Gibson son sólo parte del condimento. La relación entre padre e hija se afianza y crece en emociones a medida que el peligro los va cercando, los enemigos son de temer y no un puñado de extras preparados como muñecos aptos para la masacre y el final es todo lo emotivo que puede ser en un producto de estas características.
No hay historia rosa ni optimismo en Sangre de mi sangre, pero sí, por suerte, una buena dosis de un cine de acción apenas renovado pero aún muy disfrutable.

