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Hambre de poder

Título original: The Founder
Origen: EE.UU.
Dirección: John Lee Hancock
Guión: Robert D. Siegel
Intérpretes: Michael Keaton, Nick Offerman, John Carroll Lynch, Linda Cardellini, B.J. Novak, Laura Dern, Justin Randell Brooke, Kate Kneeland, Patrick Wilson, Griff Furst, Wilbur Fitzgerald, David de Vries
Fotografía: John Schwartzman
Montaje: Robert Frazen
Música: Carter Burwell
Duración: 115 minutos
Año: 2016


8 puntos


PERSISTENCIA VERSUS INOCENCIA

Por Henry Drae

(@henrydrae)

Es probable que estemos frente a la primera versión de teoría, prueba y error de los manuales de autoayuda en pantalla. Sobre todo de aquellos en los que se dice que la persistencia está por encima de cualquier valor. En este caso no importa la inteligencia, la creatividad, el profesionalismo ni la honestidad, no hay nada como la persistencia al ir tras un objetivo. Tal era la premisa auto impuesta por Ray Kroc, un vendedor de máquinas de hacer malteadas que no podía, a pesar del esfuerzo, vender su producto en las suficientes tiendas y locales como para que su negocio fuese todo lo rentable que necesitaba. Y sin perder ese objetivo, el de ser un líder, alguien merecedor de reconocimiento y a la vez acopiador de una fortuna que lo recompense, no dejaba de buscar utilizando su olfato, esa veta de la cual extraer la gema que coronaría su carrera, cueste lo que cueste.

En este peregrinar es donde conoce a los hermanos Dick y Mac McDonald, que con mucho esfuerzo, ingenio y creatividad, proyectaron y construyeron la primera casa de comidas rápidas en la que elaboraban y entregaban en treinta segundos, una hamburguesa con papas fritas y gaseosa, en una ventanilla y para comer donde el cliente le diera la gana, pero fuera del lugar en el que eran expendidas. Kroc ve la maravillosidad del evento y de cómo responde la gente y les pide a los hermanos que le cuenten su historia con todo detalle. Ellos, inocentes, no sólo acceden a sus requerimientos sino que además lo hacen partícipe del negocio y firman un contrato con el cual lo empoderan para llevar adelante una franquicia. A partir de allí, el caos se apodera de la vida de todos los implicados, así como de sus parejas, ya que el paradigma de la empresa es el de la colaboración familiar en el negocio y todo evoluciona hasta caer en la historia que la mayoría de nosotros conoce, con todos sus matices.

La principal habilidad del director al contar este biopic es la de no condenar de antemano a sus personajes, ni de tratar de manipular al espectador para que lo haga. Y si lo intenta, lo hace de manera tan sutil que no altera para nada el seguimiento de las situaciones y la empatía que uno pueda sentir por cada uno de ellos. Ray Kroc es todo un símbolo de lo que significa el esfuerzo de la persistencia, pero también de cómo se condimenta eso con la apertura de ojos y oídos para escuchar y aprender la mejor manera de llegar a ese destino.

Michael Keaton hace un muy buen trabajo componiendo a Kroc, sobre todo porque lo despoja de tics o amaneramientos -inherentes a ciertos personajes encarnados por el actor- que ensucien la interpretación. Sus líneas son las de un verdadero evangelizador que comprende que nada está por encima de la determinación de conseguir su objetivo y las elabora de manera magistral. Laura Dern como la esposa que acepta su trabajo pero no comparte su pasión también es admirable y los hermanos McDonald se constituyen en la frutilla del postre por su excentricidad y cierto nivel de frikismo que los hacen tan adorables como irritantes.

Y esa irritabilidad que generan los McDonald, así como los impedimentos que ponen para que la empresa crezca de la manera que finalmente lo hizo, son los que ubican el conflicto en la zona gris. Porque nadie tiene derecho a adueñarse o a explotar la idea de otro por odioso que sea. Y tampoco se obliga a nadie a invertir tiempo y dinero en una empresa en la que se sabe que se ingresa con tantas limitaciones operativas. Y aún así uno puede meterse en la piel de Kroc y entender, en la medida subjetiva de cada uno, su lucha.

Hambre de poder es disfrutable y útil en muchos aspectos, porque puede aceptarse que la persistencia es un valor de peso pero también que la ética hace a los hombres y a su reputación. No es casual que a Kroc lo haya asesorado un abogado y, de manera brillante, le haya proporcionado su propia idea para hacerse del imperio McDonald’s, y eso también puede tomarse como muestra de que en ciertos casos, la creatividad y el ingenio pueden ser aún más efectivos que la persistencia, sobre todo si se los despoja de toda moralidad.

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