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Recapitulación de The walking dead: Bury me here

Por Rodrigo Seijas

(@funcinemamdq)

ATENCIÓN: SPOILERS
Las barreras que Morgan y Carol se habían autoimpuesto terminaron por colapsar y eso es lo que le brindó atractivo a Bury me here. Por primera vez en mucho tiempo, un capítulo de The walking dead centrado en un puñado de personajes y subtramas consigue introducir avances significativos en el conflicto central, sacudiendo las estructuras y creando expectativas tangibles de cara a lo que viene.

Por ahí la resolución no fue del todo fluida, pero hay que reconocer que la serie fue sentando bases previas para lo que se terminó viendo en Bury me here. Richard fue un personaje que siempre buscó el conflicto y la forma que halló para que finalmente el Reino acepte entrar en guerra con los Salvadores fue el auto-sacrificio. Pero claro, eso terminó saliendo mal. Muy mal. O demasiado bien, si se lo ve desde otro punto de vista: la muerte del joven Benjamin, cuando Richard contaba con que él iba a ser el liquidado por los Salvadores, terminó también derribando las últimas vacilaciones que habían no solo en Morgan, sino también en el Rey Ezequiel y los otros integrantes del Reino.

Asimismo, el asesinato de Richard –al que ahorca con un nivel de furia impactante, en una escena que es violenta prácticamente sin mostrar nada- mostró la reaparición de ese Morgan oscuro y destructivo que aguardaba tras la superficie que era su autocontrol permanente. Ese tipo que eludía los choques, que consideraba que “toda vida es preciosa”, ya no parece estar más. El trágico fallecimiento de Benjamin –quien a su manera se había convertido en su aprendiz y casi hijo postizo- le recordó de manera patente pérdidas previas. Ese retorno a un pasado que había enterrado en la memoria es una vuelta a viejas conductas de las que no parece haber retorno. De eso se trató en buena medida Bury me here: de las perspectivas, las acciones que ellas promueven y cómo hay consecuencias inmediatas de las que es imposible volver.

Tampoco hay vuelta atrás para Carol: la angustia que la invade a lo largo de sus apariciones en el episodio están marcadas por esa noción de querer saber algo cuya respuesta se sabe que será dolorosa. Carol no es tonta, sabe que algo terrible ha pasado recientemente, que los demás se lo ocultan para que no se involucre y permanezca aislada. Pero ella ha llegado a un callejón sin salida: en verdad no quiere saber, pero está aprisionada por el deber ético de saber y, por lo tanto, hacerse cargo de ese conocimiento. La respuesta/revelación de Morgan acerca de las muertes de Glenn, Abraham y los demás a manos de Negan y su grupo la harán volver a ser lo que siempre fue, lo que nunca dejó de ser: una luchadora nata, que ahora estará en condiciones de liderar el frente del Reino junto a Ezequiel.

Cada una a su manera, las muertes de Richard y Benjamin alteraron el mapa del Reino. Se podrá decir que la trampa que diseña Richard y que genera todo el malentendido que conduce a la muerte de Benjamin es entre ingenua y antojadiza, pero aún así Bury me here posee numerosos hallazgos, ya incluso desde su misma escena de apertura. En este capítulo hubo avances fuertes, lejos de los meros regodeos en las inacciones que tanto afectaron a esta séptima temporada. La esperanza es que esos pasos adelante se confirmen en los tres episodios que quedan hasta el cierre.

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