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24 líneas de cine por segundo: queremos tanto a Emma

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

El otro día veía Jackie, el tan interesante como fallido acercamiento de Pablo Larraín a la figura de la esposa de John F. Kennedy, y lo que me llamaba la atención era especialmente la (sobre)actuación de Natalie Portman. De hecho, su presencia es tan fuerte que tapa los posibles logros que la película pueda tener, salvo el vestuario que es ostentoso. La actriz compone no sólo a Jackie Kennedy, sino a todas las Jackie Kennedy posibles: la íntima y un poco soberbia, la pública y naif, la mina dominada por el lujo y el poder, también a la extraviada por el luto. El gran acierto de Portman es hacernos notar que está actuando: en cada inflexión y gesto vemos la enorme variedad de registros de la que es capaz; el gran error, en cambio, es hacer imposible que creamos que ese personaje multifacético que compone sea el mismo. A Portman, en definitiva, la puede el showcito, y la puede especialmente su necesidad de reconocimiento y ganar premios. Cada paso que da pareciera estar contaminado por la necesidad de ganar un Oscar. Y viendo Jackie, recordé por qué amamos tanto a Emma Stone: actriz de gran carisma, pero no menor talento, su presencia dentro de una película se da como la respiración; fluye sin mayores inconvenientes con el relato y el actor que tenga enfrente: brilla tanto contra Colin Firth en Magia a la luz de la luna o Joaquin Phoenix en Hombre irracional como contra Jonah Hill en Superbad. Stone no corre hacia los premios, los premios corren hacia ella. Su carrera cinematográfica está construida sobre la base de una absoluta coherencia: el origen de la actriz es la comedia (digámoslo: es la mejor comediante de su generación) y si bien ha participado en dramas, nunca pierde la chispa y el humor como lo demuestra rompiéndola en La La Land. Le ayudan mucho esos ojos gigantes y tensos, el nervio corporal de la comedia woodyalleniana, y una voz difusa y rara, ronca, caricaturesca que acompaña muy bien esa verborragia inaudita. Imposible que alguien así no haya nacido para la comedia. Tal vez esta noche el Oscar le dé ese empujón que toda carrera precisa para alcanzar la masividad. Y esperemos que a partir de entonces no elija el camino de la seriedad y la pedantería académica. En todo caso, si eso fuera así, que lo gane Portman, así de paso la pobre Natalie se ahorra meses de terapia y depresión post-derrota.

Ah, si no me creen, vean Easy A.

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