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Un cadáver para sobrevivir

swiss1Título original: Swiss Army Man
Origen: EE.UU.
Dirección: Dan Kwan, Daniel Scheinert
Guión: Dan Kwan, Daniel Scheinert
Intérpretes: Paul Dano, Daniel Radcliffe, Mary Elizabeth Winstead, Antonia Ribero, Timothy Eulich, Richard Gross, Marika Casteel, Andy Hull, Aaron Marshall, Shane Carruth, Jessica Harbeck
Fotografía: Larkin Seiple
Montaje: Matthew Hannam
Música: Andy Hull, Robert McDowell
Duración: 97 minutos
Año: 2016


8 puntos


MÚLTIPLES COSAS PARA HACER CON UN MUERTO

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

swiss2Si en vez de relacionarse con una pelota de vóley, Tom Hanks lo hubiera hecho con un cadáver, tal vez Náufrago hubiera sido un poco como Un cadáver para sobrevivir, película extremadamente indie que durante un buen rato es una comedia negrísima que explora a través de ese cruce entre un náufrago y un muerto algunos aspectos vinculados la sociedad, sus márgenes y aquellos que resultan marginados. Cuando arranca el film de Dan Kwan y Daniel Scheinert, nos encontramos a Hank (Paul Dano) intentando suicidarse: es un náufrago y ha llegado hasta ahí sin demasiada explicación para el espectador. Tampoco se explica demasiado cómo llega Manny (Daniel Radcliffe haciendo de cadáver), pero su presencia no sólo le da curiosidad a Hank, sino que le aporta una motivación para continuar con vida. Lo que sigue es el descubrimiento por parte de Hank de las utilidades y particularidades del muerto, al que utiliza como si de una Victorinox se tratase y con el que entabla una llamativa amistad.

Todo ese pasaje, que abarca la mayoría del metraje, es no sólo de una originalidad absoluta, sino además de una osadía notable por la forma en que resignifica para el cine cuestiones sagradas como la muerte. La recurrencia al humor es llamativa, incluso, para los parámetros del cine indie norteamericano, donde pocas veces se apuesta por el desparpajo como se lo hace en esta producción; desparpajo que en ocasiones elude las responsabilidades narrativas para evadirse por caminos donde la poética visual reemplazan cualquier historia que se esté contando. Un cadáver para sobrevivir es una película extraña, que además tematiza lo raro a través de lo que sus personajes conversan. Cuando hablamos de su sentido del humor particular, no hay que dejar de lado la apuesta por el gag físico, y donde ese físico incorpora mayores resonancias por jugar constantemente con un muerto. Ahí ingresan otros detalles más grotescos y hasta escatológicos, con Manny haciendo las veces de jet-ski propulsado a pedos o con un pene que funciona como brújula.

Seguramente el final no está a la altura, porque si por un lado hace algo explícito lo que suponíamos sobre la experiencia de Hank, por el otro problematiza el tema de la locura dejando de lado el sentido del humor que la película había expuesto hasta ahí. De todos modos, existe en el epílogo una mirada sobre los marginados que había estado implícita en el relato a través de aquellos objetos que Hank y Manny habían encontrado en la isla, y que la adosa al relato una profunda melancolía. Y por suerte los directores se permiten, sobre el final-final, devolverle el punto de vista a su protagonista y permitirle la dignidad en un cierre que incorpora la irrealidad como una única forma escape posible.

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