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Mariano Oliveros: “se necesita sí o sí un organismo estatal que participe de manera activa en la financiación”

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

Hace unos meses la gente de Revista Ajo me pidió un informe sobre el cine marplatense (léanlo acá), el cual terminó siendo un extenso resumen con una serie de opiniones de peso: realizadores, críticos y gestores de espacios cinematográficos dejaron su parecer sobre aquello que está ocurriendo en la ciudad. Pero ese informe, por la sumatoria de voces y por las dimensiones lógicas que debía tener el texto, acercó sólo algunas de las ideas de cada entrevistado. Nuestra intención en Fancinema es, entonces, recoger todas esas opiniones sin recortes y ofrecer un dossier con las diferentes miradas. Lo que verán, día tras día, será un cuestionario similar para cada entrevistado. Lo que importa, claro, son las opiniones que cada referente tiene para ofrecer.

-Hoy: Mariano Oliveros, realizador y además creador de Taquilla nacional, gestiona un ciclo de cine argentino independiente.

mariano oliveros-¿Existe el cine marplatense?
No. Existen películas marplatenses, pero para que hubiera un “cine” marplatense, más allá de la identidad (que es algo secundario hoy en día) se necesita sí o sí un organismo estatal que participe de manera activa en la financiación o ayuda en la producción y que permita que la producción se englobe bajo ese paraguas.

-¿Qué es lo que define la figura de un cine regional -en este caso marplatense-?: ¿la aparición de más gente filmando en un mismo lugar o la presencia de símbolos culturales identitarios y comunes entre películas?
En realidad lo que define al cine de una ciudad es el hecho de que la producción provenga de gente de una localidad. Si yo filmo una comedia adentro de una casa, no deja de ser una película marplatense si buena parte del equipo, realizadores y actores son marplatenses. Pero la casa puede estar en Mar del plata, en Tandil, en Mendoza o en España por lo que sabemos…

-¿Qué diferencias encuentra entre las producciones locales actuales y las que se hacían -por poner una fecha- hace una década?
Para empezar, la digitalización permitió que hoy cualquiera pueda, no sólo filmar, sino estrenar y llegar a un público. Este segundo elemento es el más importante me parece, y es lo que llevó a que se produzcan muchas más películas marplatenses en estos últimos cinco años que en toda la década anterior. El hecho de que hoy filmar con una cámara de fotos de buena calidad, o filmar en formato cine, no conlleva tanta diferencia técnica como sí se veía entre el video normal y el 35 o el 16 mm. Esto obviamente ayudó a que hasta una película amateur pueda verse y escucharse bien siempre y cuando tenga un mínimo de calidad. Y que se pueda exhibir en cines sin necesidad de ampliaciones, obviamente es la frutilla de la torta. A nivel de las películas en sí, el cine argentino en general (incluidas las producciones marplatenses) siempre tuvo una preferencia por los dramas y los documentales. Hoy, si bien se siguen filmando ese tipo de películas, hay una apertura mayor en géneros y hay comedias, policiales, y películas de terror.

-¿Cuánto ayuda a la proliferación de realizadores la posibilidad de una tecnología al alcance de la mano? La pericia técnica, ¿lleva invariablemente a la presencia de mejores artistas?
Verdaderamente es una enorme ayuda el poder contar con la tecnología disponible para que todos puedan hacer lo suyo. Es importante democratizar la llegada a los medios de producción. Después, como con todo, la diferencia la marcará el talento y la capacitación, pero que al menos las oportunidades iniciales estén parejas. Contar con gran pericia técnica pero no tener sensibilidad y/o pericia para contar una historia no sirve de mucho. Pero el que pueda contar bien una historia y maneje bien los elementos técnicos tiene la mitad del camino recorrido.

-¿Es posible hablar de un cine marplatense sin un público que acompañe estas propuestas? ¿Hay público? ¿Cómo se debería construir?
Para que exista un cine, tiene que haber una producción contínua que no dependa pura y exclusivamente de la voluntad del realizador individual, y que haya mercado para que el público las consuma, obviamente. En Saladillo, pese a que no hay una gran profesionalización, todo el pueblo participa en las películas, los negocios locales colaboran en la producción, y el municipio da los espacios necesarios para su exhibición. Por más que sea en un nivel muy amateur, ahí puede encontrarse un mínimo desarrollo de un cine local. No existe eso en Mar del Plata, ya que las producciones y la forma de exhibición depende de voluntades individuales y no de espacios construidos y asegurados. Por supuesto, está Mar del Plata en cortos, un espacio enormemente valioso, pero es el único espacio que se da a nivel municipal, una vez al mes, y que agrupe a toda la producción.

-¿Parte del problema es la imposibilidad de profesionalizar las diversas actividades que involucran lo cinematográfico? ¿Hay campo de acción en la ciudad para eso?
Sí hay campo de acción para la profesionalización. Lo que pasa es que hay poco apoyo para la evolución. Lo que se enseña en los institutos privados, más allá de una muestra a fin de año de los cursos que se reciben, no encuentra demasiados espacios para la exhibición, y tampoco hay demasiada producción. Que las escuelas de cine todavía no hayan armado una estructura para producir un largometraje con sus alumnos o egresados, aunque sea de vez en cuando, es para pensar. Tanto La Plata como Capital tienen producción de largometrajes realizados con equipos internos.

-¿Es posible desarrollar la idea de un cine marplatense, sin el acompañamiento de técnicos y actores que ayuden a modelar una estética?
Desafortunadamente, la formación de los actores es demasiado teatral, y muchas de las producciones audiovisuales que se realizan tienen ese vicio también. No lo digo yo como espectador solamente. He estado en castings de producciones a nivel nacional en Mar del Plata donde se quejaban específicamente de eso. Hay un crecimiento a nivel técnico, pero depende de la capacidad de cada persona que empieza un proyecto, y no del entorno. Es decir: si yo tengo 1.000 pesos hago una película; y si tengo 40.000 hago otra. Pero es una película que financié yo como individuo, y no con ayuda o colaboración privada o estatal que me obligue también a asumir una responsabilidad de calidad con un tercero. Lo de la estética no creo que sea condición sine qua non para tener un cine propio. Obviamente si uno filma en las calles o lugares de Mar del Plata se va a sentir identificado, pero puede haber un cine local sin necesidad de recurrir a localismos.

-¿Cuál cree que es la presencia del Estado comunal y si le parece que debería involucrarse más? ¿En qué aspecto sería más necesario?
La presencia del Estado comunal es sencilla. Mientras no tenga que hacer demasiado esfuerzo en darte lo que necesito, no hay problema. Si tengo que mover un dedo, ya ahí hay quilombo. Sí debería haber más presencia del Estado para apoyar la realización, pero más que la producción, para garantizar la exhibición a través de más de un espacio único, como hoy por hoy, es Mar del Plata en cortos, además de la presencia que pueda tener una producción marplatense en muestras o en el MARFICI, por ejemplo.

-En lo personal, cuando ve un film local, ¿busca algo con cierto nivel de profesionalismo o prefiere profundizar en el terreno de las ideas cinematográficas, aún a costa de cierto amateurismo?
Cuando veo un film local, o de cualquier nacionalidad para tal caso, busco que la película me haga olvidar de que existe un mundo allá afuera. Para eso, un mínimo de lo que es el cine a nivel narrativo, actoral y técnico tiene que tener. Que la existencia de la película no parezca un capricho de un director por hacer una película, a costa de todo, sino una historia que tenía que ser contada.

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