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Caroline Neal: “El documental no es el dueño de la verdad, pero respira con lo real”

Por Rodrigo Seijas

(@fancinemamdq)

salgan

Caroline Neal es la directora y co-guionista del documental Salgán & Salgán, un retrato profundamente íntimo del vínculo entre el legendario pianista de tango Horacio Salgán, y su hijo César, también pianista, quien ha crecido artísticamente a la sombra de su padre y le ha llegado el turno de tomar la posta del legado musical de su progenitor. Entrevistada por FANCINEMA, la realizadora cuenta cómo se constituyó el proyecto, las idas y vueltas de la producción, cómo filmó la cotidianeidad de los protagonistas, hasta qué punto son borrosos los límites entre documental y ficción en la película y cómo esta obra funciona como reflejo de otras relaciones paterno-filiales, entre otros tópicos.

-¿Cómo fue la génesis del proyecto?

En 2007, Ignacio Varchausky y Carlos Villalba, dos talentosos productores, me invitaron a filmar un “making off” de un proyecto suyo, El Año Salgán: un año de actividades honrando a Horacio Salgán, incluyendo la publicación de un libro de sus partituras, la re-integración de la Orquesta Salgán con músicos jóvenes, dirigida por César Salgán en piano, un concierto y un disco en la serie Raras partituras, con la Biblioteca Nacional, y después la Orquesta tocando en un festival de tango en Roma. Me contaron que el hijo, César, era un campeón de automovilismo, y que su relación con Horacio era fascinante, intervenida por largas etapas sin contacto entre ellos. Fuimos para una primera entrevista a la casa de Horacio, y era obvio que había una historia muy particular ahí. Fascinante.

-Durante la película vemos varios cambios imprevistos en las vidas de Horacio y César Salgan. ¿Cómo se adaptó la producción y por ende el film a estas alteraciones en los planes iniciales?

Cuando escribimos el guión para presentar al INCAA con Alberto Muñoz, antes de filmar, los temas ya eran definidos: un padre genio de la música argentina tiene que afrontar su propio retiro del escenario, al mismo momento que su hijo, en la sombra de su padre, tiene que afrontar su miedo de “reemplazarlo” en el piano. Escribir el guión de un documental implica un ejercicio de afinar el foco y el punto de vista desde el cual se hace el film. Pero es el trabajo de magos y brujas porque no vemos el futuro y los protagonistas son reales y no siguen nuestro guión.

Los dos Salgán son muy privados, y después de un rato filmando, dudamos que íbamos a llegar a tener contenido emocional. No compartieron mucho más que sus historias sobre la música. Entonces escribimos ocho escenas maravillosas de animación, sobre un padre gigante y su hijo, escenas cargadas de emoción y metáfora que hubieran servido para dar voz a todo lo que no dijeron los Salgán. Pero cuando Horacio se enfermó y tuvo que mudarse con César, ya no era necesaria la historia animada. Ellos se abrieron, con el tiempo, de una manera inesperada.

-¿Cómo se fue abordando esa particular relación padre-hijo en la película? ¿Cuál fue la predisposición de ambos Salgán frente al permanente seguimiento de las cámaras?

Horacio es conocido por ser reservado, hasta casi fóbico con la prensa. Entonces era un trabajo de hormiga. Ayudó muchísimo que estábamos filmando el proyecto del Año Salgán, y la película se fue transformando en un proyecto que Horacio y César podrían compartir. Sirvió como otro punto de encuentro. Pero igual, la mayoría del tiempo cuando fui a filmarlos, fui sola, con una cámara chica que ni era HD, y con micrófonos inalámbricos. Se acostumbraron a dejarme entrar, solita, y poco a poco, después de muchas entrevistas formales, me permitieron filmar cosas más cotidianas. Ellos dicen que les parecía muy curioso que quisiera filmarlos tanto. Por alguna estrella de la suerte, me dejaron.

-A la hora del montaje final, ¿Qué elementos se privilegiaron para la narración y qué quedó afuera? ¿Cuál fue el papel de las imágenes de archivo?

Desde el principio, cuando presentamos el proyecto al INCAA con Vanessa Ragone, productora y persona excelente, supimos que no iba a ser una biografía musical. Entonces las imágenes de archivo son muy pocas. Hay un capitulo de Los Capos del Tango en YouTube hecho por Solo Tango sobre Horacio que ya cuenta muy bien sobre su gloriosa trayectoria. A mí, y a Alberto Muñoz, nos interesó adentrarnos en esa relación “rara”, como dice César, para tratar de entenderla. Pero más que eso, también esto es una historia de amor, y una historia de cómo uno encuentra su propia “voz” artística, aún en la sombra de un gigante como Horacio. Entonces, armamos un cuento con esos elementos priorizados: padre e hijo, el camino desde el desencuentro al reconocimiento y hasta el amor, y el camino personal para encontrar una expresión artística única.

Quedaron afuera muchas cosas hermosas. ¡Tal vez puedan ser los extras para el DVD!!

-¿Hasta qué punto creés que Salgán & Salgán tiene más de relato ficcional que de documental?

La estructura es claramente narrativa: hay un protagonista con una meta noble contra obstáculos enormes. Pero además de eso, pienso que todo documental contiene ficción, y las mejores ficciones contienen algo “documental”. Cuando un actor realmente interpreta un papel con honestidad y presencia, lleva a la ficción algo real y palpable de su propia historia, sangre y cuerpo. Un momento real. Y el cine de ficción documenta ese momento real del actor. Por otra parte, el documental sobre “hechos reales” no puede realmente representar de manera objetiva “una realidad” porque esa “realidad” está percibida, filmada y editada por la cineasta. Entonces, lo que se ve en Salgán & Salgán es una versión de las vidas de los Salgán filtrada por mi lente, mi perspectiva, mis intereses. La película que hice refleja mi historia con mi propio padre también, mis valores, mis preocupaciones. Un documental autobiográfico y tal vez ficcional. Cada vez que empecé a filmar, se podría decir que César y Horacio son actores que se representan a sí mismos en frente de la cámara, como todos nos presentamos al mundo con cierta actuación. El documental no es el dueño de la verdad, pero respira con lo real, igual que lo hace la ficción.

-¿De qué manera te parece que el vínculo particular entre Salgán padre e hijo es representativo de las relaciones paterno-filiales a nivel general?

Todos tenemos historias distintas con nuestros padres (e hijos). Mucha gente se conmueve con esta película, y debe ser porque hay elementos de la relación entre Horacio y César que encuentran resonancia con ellos. Yo me identifiqué mucho con César, aunque mi historia con mi padre era muy diferente. Yo, igual que César, quería su reconocimiento y amor, mientras que quería encontrar mi propio camino.

-¿Qué expectativas tenés de cara al estreno de la película y su posible recepción por parte del público?

Ojalá les guste y que vuelvan con sus padres e hijos. Ojalá puedan sentir el agradecimiento que siento yo a Horacio y César por compartir su historia con nosotros con tanto coraje.

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