Título original: Dragonheart 3: The Sorcerer’s Curse
Origen: EE.UU.
Dirección: Colin Teague
Guión: Matthew Feitshans
Intérpretes: Ben Kingsley (voz), Julian Morris, Tamzin Merchant, Jassa Ahluwalia, Jonjo O’Neill, Jake Curran, Dominic Mafham, Christopher Fairbank, Ozama Oancea, Harry Lister Smith, Daniel Everitt-Lock
Fotografía: David Luther
Montaje: Fiona Colbeck, Charlene Short, Eric Strand
Música: Mark McKenzie
Duración: 97 minutos
Año: 2015
Compañía editora: AVH
5 puntos
Cuentito fallido
Por Rodrigo Seijas
Corazón de dragón es de esas películas que sin fascinar terminan siendo recordadas con cariño: probablemente lo único bueno que hizo en toda su carrera Rob Cohen (el mismo director de la espantosa Cercana obsesión), es un relato pequeño y noble, con temas bien delineados -la lealtad, la amistad, la ética del caballero, el deber de los soberanos, la necesidad del héroe de apoyarse en lo grupal-, que apostaba con honestidad y nobleza al género de aventuras medievales, apoyándose en un elenco sólido -Dennis Quaid, David Thewlis, Pete Postlethwaite, Jason Isaacs y la voz del gran Sean Connery- y un trabajo muy interesante en los efectos especiales a la hora de diseñar al dragón Draco, que era un personaje estupendo.
El desafío que tenía Dragonheart 3: la maldición era reproducir y actualizar los aciertos del film original, sobreponiéndose a las limitaciones de presupuesto, y hay que reconocerle que hace un esfuerzo por continuar por la misma senda, a partir de la historia de un aspirante a caballero, Gareth (Julian Morris), que luego de ser expulsado de su orden, emprende la búsqueda de un cometa caído del que se rumorea que contiene oro y que cuando lo encuentra, termina topándose para su sorpresa con el dragón Drago (voz de Ben Kinsgley), quien lo termina salvando y entablando con él un particular vínculo. A partir de ahí, se irá desarrollando una trama donde también intervendrán un maligno hechicero, un joven druida (Jassa Ahluwalia) y una guerrera (Tamzin Merchant), con distintos bandos enfrentados en una guerra donde el dragón es el factor de desequilibrio decisivo.
Las intenciones de impulsar nuevamente el género de aventuras están en Dragonheart 3: la maldición, eso es innegable, pero su gran falencia consiste en que acumula demasiados elementos en sus tramas y subtramas, lo que entorpece notoriamente la narración y le quita consistencia a los personajes. Encima, el director Colin Teague no acierta a encontrar el tono preciso para llevar adelante el relato y construir escenas de acción atractivas. Todo luce muy de cartón, sin la potencia requerida y hay demasiados baches en distintos pasajes de la película.
Lo que termina exponiendo Dragonheart 3: la maldición es que el género de aventuras tiene aspectos básicos y fáciles de llevar a cabo, pero también otros donde se necesita un guión directo y preciso, personajes simples pero bien trazados y con conexiones fluidas entre ellos y, especialmente, a un realizador con una mano muy firme a la hora de desplegar todas las herramientas que van constituyendo la historia. No son tantos los que poseen esa confluencia de virtudes -alguien como Cohen sólo la alcanzó con la primera parte, que ya tiene casi veinte años-, y Teague no parece tener esa magia. De ahí que lo que quede es apenas una insinuación de lo que podría haber sido un bello cuentito de magia y aventuras.

