Por Mex Faliero
Con altísimo rating y mucha expectativa comenzó el lunes pasado Better call Saul, el spin-off de la enorme Breaking bad con un extraño capítulo doble que fue emitido en dos partes y con 24 horas de diferencia. La nueva serie de Vince Gilligan no sólo generó ansiedad por ser la heredera natural de aquella, sino porque además Gilligan -y Peter Gould- parecen ser mucho más talentosos e inteligentes que lo que el estiramiento innecesario de un suceso indicaría. Evidentemente, los autores vieron en el personaje del abogado Saul Goodman alguien con un universo de respaldo, que puede continuar la estética de aquella serie y a la vez presentar un horizonte temático novedoso. Y no se equivocaron. Porque si formalmente la serie se parece a Breaking bad (planos, fotografía, utilización de la música, montaje, hablan de un universo compartido), y temáticamente toca cuestiones similares como el doble (si Walter era Heinseberg, aquí Saul es en verdad Jimmy) y su función de válvula de escape social, Better call Saul parece explotar otros costados de ese límite entre el bien y el mal que aquella planteaba. Walter era un pelele profesor, y su horizonte moral estaba depositado en la familia. Jimmy es un pelele abogado, pero lo que aparece más fuertemente aquí es la noción de justicia, no tanto de bien o mal. Y, diferencia sustancial con Breaking bad, Goodman (brillante siempre Bob Odenkirk) era un personaje tan virtuoso y pirotécnico, tan glorioso en sus apariciones, que Better call Saul no podía ser otra cosa que una sátira, una comedia negra con todas las letras, centrada en el universo judicial pero a la vez en el contexto de esa Alburquerque caricaturesca. El arranque del primer capítulo es estupendo, y una sola escena le alcanza a Gilligan para decir que lo que vamos a ver es otra cosa: en un juicio, donde Saul/Jimmy defiende a tres impresentables, la presentación de evidencias por medio de un video hace que algunos asistentes decidan irse de la sala. Gilligan, así, elegantemente (porque la gente se va muy en segundo plano), expulsa a los pocos minutos a quienes busquen ver lo mismo que antes, duplicado. Seguramente Better call Saul tendrá que vérselas con las comparaciones inevitables e innecesarias; comparaciones que resultan insidiosas porque uno compara con lo último que vio y no con lo primero. Es decir, el arranque de Better call Saul hay que ponerlo en tensión con el arranque de Breaking bad, no con sus vibrantes últimas temporadas. Y ahí descubrir que no está nada mal. A esta nueva serie se le puede cuestionar su excesivo apoyo en guiños a Breaking bad, pero tiene una personalidad que la distingue y la hace diferente. Y, además, el origen del personaje es tan jugoso como ese prólogo en blanco y negro ambientado en el después de Walter White, que nos hace entender que todo terminará yendo hacia ese lugar. El comienzo promete, la expectativa sigue intacta.

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