Título original: People Like Us
Origen: EE.UU.
Dirección: Alex Kurtzman
Guión: Alex Kurtzman, Roberto Orci, Jody Lambert
Intérpretes: Chris Pine, Elizabeth Banks, Michael Hall D’Addario, Michelle Pfeiffer, Olivia Wilde, Mark Duplass, Sara Mornell, Philip Baker Hall, Dean Chekvala, Barbara Eve Harris
Fotografía: Salvatore Totino
Montaje: Robert Leighton
Música: A.R. Rahman
Duración: 114 minutos
Año: 2012
Compañía editora: Blueshine
6 puntos
Ni más, ni menos
Por Rodrigo Seijas
La cosa debió haber sido más o menos así: a finales del 2010, Alex Kurtzman, quien venía acumulando una productiva y redituable carrera como guionista y productor en sagas cinematográficas como Misión: Imposible y Transformers, y series como Alias, Fringe y Hawai 5.0, pensó “loco, quiero debutar en la dirección de una vez por todas, pero no con un proyecto gigantesco, sino con un drama familiar íntimo, total, si me va mal, tampoco es que voy a perder tanta plata”. Y ahí fue Kurtzman, buscando el dinero que necesitaba, que no era demasiado para los estándares de Hollywood: 16 millones de dólares, aportados por Paramount y Disney a través de subsidiarias como DreamWorks y Touchstone, lo cual indica la trascendencia que le dieron al film -evidentemente lo consideraban un capricho del realizador y no se molestaron demasiado en darle un fuerte impulso-. Con esa guita, más el aporte de varios actores de cierto renombre pero tampoco especialmente taquilleros, que aprovecharon el tiempo libre que tenían en sus agendas, Kurtzman termina entregando Así somos, una película que a pesar de que su trama está lejos de entrar en la categoría de drama oscarizable, básicamente porque nunca lo busca realmente.
El film se centra en Sam (Chris Pine) un talentoso vendedor que a la vez peca de vivo, por lo que se manda un moco monumental en su laburo, con lo que queda endeudado hasta los tuétanos y al borde de ser citado por la justicia. En el medio, se entera que su padre, del cual se encontraba severamente distanciado, acaba de fallecer, por lo que deberá retornar a su pueblo de origen, acompañado por su novia -Olivia Wilde- que lo banca en todas, para arreglar los asuntos familiares. Allí no sólo deberá lidiar con su madre (Michelle Pfeiffer): también recibirá del abogado y amigo de su padre una pequeña cartera, en la que se encuentran 150 mil dólares, que serían una maravillosa solución a todos sus problemas. Pero claro, no son para él, sino para su media hermana, de la cual no tenía conocimiento de su existencia. Encima, la hermana en cuestión, Frankie (Elizabeth Banks) es una madre soltera y alcohólica en recuperación. A Sam, en consecuencia, no le quedará otra que ir tratando de entablar contacto con esa media hermana y su sobrino, siempre haciendo malabarismos con sus dificultades legales y económicas, su tortuoso vínculo con su madre, los ásperos recuerdos de su padre y su vida en pareja, que a pesar de la paciencia de su novia está por irse al demonio.
Todo este argumento era una receta ideal para el desastre, excepto que haya detrás de cámaras un maestro absoluto para manejar todos los resortes dramáticos sin caer en la manipulación ni los lugares comunes. Kurtzman, como si fuera consciente de que un genio no es, busca reducir los riesgos al mínimo y -llamativamente para un director debutante- tratar de pasar desapercibido lo máximo posible, descansando en las capacidades interpretativas de Pine, Banks, Wilde y Pfeiffer, todos actores que rara vez caen en la tentación que suponen las performances desbordadas que eligen el camino fácil para llevarse galardones. A la vez, va llevando la narración con un tono pausado -aunque en ocasiones recurre a ciertos chiches visuales y de edición innecesarios-, siguiendo la lógica del relato, sin forzar las decisiones de los personajes y haciendo foco en un aspecto específico de la historia, que es el perdón, la capacidad de dejar de lado los rencores, cerrar las heridas y renovar -además de construir- vínculos familiares. Lo que importa es la familia, parece decirnos Así somos, aunque sin la arenga típica del conservadurismo bobo, ese que sostiene la institución porque sí, porque lo marcan las tradiciones. De hecho, es lo suficientemente inteligente y sensible para hacerse cargo de que muchas familias son como rompecabezas que deben armarse -y rearmarse- constantemente.
Sin más ambición que la de contar su drama, con plena consciencia de lo terrenal de sus conflictos -por algo el título original es People like us, es decir Gente como nosotros, con lo que la traducción que lleva por nuestras tierras no deja de ser pertinente-, Así somos no es una maravilla, pero cuenta con una interesante dosis de sinceridad y honestidad, lo cual no es poco.

