Por Rodrigo Seijas // foto: David Pafundi
Una de las películas presentes en la Competencia Argentina del 29º Festival de Mar del Plata es Pistas para volver a casa, debut en la dirección en solitario de Jazmín Stuart. Esta historia sobre dos hermanos (Juan Minujín y Erica Rivas) que deben viajar para ayudar a su padre, quien sufrió un accidente, es una comedia difícil de clasificar por la multiplicidad de registros, tonos y temas que aborda. Sobre ese aspecto y otras características que distinguen al film habló la realizadora en diálogo con FANCINEMA, minutos antes de una de las proyecciones de su obra.
-La película tiene una mixtura de géneros muy grande. ¿Qué directores o películas actuaron como referentes a la hora de pensar las distintas etapas del proyecto?
Creo que se me fueron colando muchas películas de la infancia, lo cual lo descubrí a posteriori, no fue algo planeado. En el film aparece la noción de la aventura y tiene un componente infantil muy fuerte, es como si los protagonistas volvieran a ser chicos: surge esta idea de sortear obstáculos, de qué peligros son reales y qué peligros son fantasmas. Me fui dando cuenta que habían cosas de Los Goonies ó ET -a nivel espíritu, obviamente- y mucho de la literatura infantil, de cuentos de niños en problemas, como Hansel y Gretel. Creo que esa fue una idea inconsciente muy fuerte. Sin embargo, no puedo encontrar una influencia de estilo en particular. Capaz que vos viste algo y a mí me sirve para darme cuenta.
-Yo vi ciertos vínculos con cierto cine independiente norteamericano, pero no el sórdido al estilo Todd Solondz, sino el más lúdico y capaz de interpelar a un público más masivo, como el de Wes Anderson.
Creo que en mi película no hay una carga estética tan fuerte como en el cine de Wes Anderson. Creo que hay algo que tiene el cine independiente norteamericano de los últimos tiempos que es un componente sinuoso, donde se intercalan momentos de comedia y momentos donde también puede aparecer el drama, sin querer caer demasiado de un lado y del otro. No sé si es una película dramática la mía, me cuesta catalogarla, pero sí siento que hay comedia y que hay drama, y que se van sucediendo sin demasiado preámbulo. Hay secuencias de la película donde yo observaba a los espectadores y estaban emocionados, para cinco segundos después reírse. Eso a mí me ha pasado en determinadas películas del cine independiente norteamericano. Para mí era un riesgo porque no sabía si esto iba a funcionar de esta manera o no, si el público iba a tener una experiencia tan flexible como la que yo quería que tuviera. Por suerte, en estas funciones que hemos tenido hasta ahora, veo que esos resortes se activan y generan resonancia.
-¿Por qué Juan Minujín y Erica Rivas? ¿Qué viste en ellos que podía aportar a la película?
En principio, creo que ambos son muy buenos actores y tienen una formación increíble. Para mí fue muy definitoria la reunión que tuve con ellos después de haberles entregado el guión y la devolución que tuvieron para hacerme respecto al guión, a los personajes, todo lo que imaginaban. Hubo algo que me pareció muy determinante, la mirada que tenían sobre la historia y los personajes. También hay algo en la naturaleza de ellos: a Juan lo había visto en Vaquero, la película que él dirigió, y veía que tenía algo de Pascual, que él podía armar un personaje sensible pero al mismo tiempo acorazado, cabeza dura, cerrado. En cuanto a Erica, tiene todo lo necesario para interpretar a Dina, porque tiene mucho arrojo como actriz, asume muchos riesgos, prueba distintas cosas, y yo necesitaba encontrar en Dina muchas características de un entretejido bastante complejo: esta mujer temerosa pero al mismo tiempo muy valiente, frágil pero capaz de convertirse en una Amazona frente a las adversidades, que nacen de este componente dual que es muy femenino. A la vez, está esto de ser una mina de cuarenta años, la relación con los hombres, cómo se ve a sí misma como mujer. Había algo en la sensibilidad de Erica que me hacía sentir que podía arribar a estas zonas.
–Pistas para volver a casa es una película centrada en dos personajes, pero también en cuatro, porque los padres tienen un peso muy fuerte, con lo que la paternidad y la maternidad también hacen acto de presencia. ¿Cómo pensaste esos temas?
El tema de la familia es lo que está debajo de la trama. La película habla del vínculo fraterno pero lo que hay debajo es una idea sobre la familia, no tan vinculada a una visión bastante idealizada que tenemos en nuestra cultura de lo que debe ser una familia, sino a que la familia es lo que se logró, lo que pudieron los padres, lo que salió en el momento. Esto tiene que ver con algo que ocurre alrededor de los cuarenta años, que es que uno empieza a entender quiénes eran esos tipos que te criaron cuando eras chico, qué cosas les pudieron haber pasado, con lo que empieza a perdonar y hasta a ser un poco padre de sus padres. Es lo que sucede con el padre que encarna Hugo Arana: tiene una fragilidad tal, que si los hijos no están para cuidarlo, puede terminar todo en desastre. Por eso me interesaba contar la reconstrucción -sin adelantar demasiado, no definitiva y bastante atípica- de una familia, con la idea de que la familia es lo que se puede o se pudo.
-También el tema de la religión y la fe es algo que aparece en la película, pero de una manera bastante descontracturada. ¿Cómo pensas al cine como herramienta para abordar ese tópico?
Ahora estoy escribiendo un nuevo guión y me doy cuenta que vuelve a aparecer eso. No sé bien por qué ni de dónde me sale: yo no tengo formación religiosa, no fui a un colegio religioso, no hubo religión en mi familia. Hay algo de la relación de los humanos con una entidad mayor, llámese Naturaleza, Universo o Dios, que me interesa mucho. Siempre me inquietó la duda de si estamos solos o no, si hay un destino predeterminado, si todo es accidental o si hay un plan que uno tiene que aprender, lo mismo que las diversas instituciones religiosas, como la Iglesia, con sus reglas, con sus premios, con sus castigos, como algo para cuestionar, para rever, para desmenuzar, para ver qué es la fe, de dónde viene. Por eso pongo a los protagonistas tan opuestos: ella con su pensamiento tan místico y él que es alguien muy plantado sobre la Tierra, que se ve a sí mismo como un sobreviviente, que no quiere entregarle su destino a nadie. Las formas en que ambos se posicionan frente al mundo es algo que atraviesa a todos los humanos.
-La película se titula Pistas para volver a casa. ¿Cuál es la casa o el hogar al cual los protagonistas tienen que volver?
Yo creo que es una mezcla entre la “casa” interna que todos somos, que tiene que ver con nuestra infancia, con nuestro lugar donde nos gestamos como personas, con el entender que ese espacio de seguridad o de autopercepción e identidad va mutando, y que “casa” es donde estás, “casa” es siempre donde estés. Sería volver a uno.

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