Por Mex Faliero
Ahora no ocurre tan seguido, pero hubo un tiempo en que la presidente Cristina Fernández lideraba actos oficiales en los que se ponían sobre el tapete temáticas vinculadas con la política cultural: el de la Isla Demarchi fue tal vez el más singular y pomposo. Uno puede estar de acuerdo en mayor o menos medida con lo que allí se dice, pero es indudable que el discurso fortalecedor y anti-hegemónico de la industria audiovisual nacional es por demás saludable y necesario. Sin embargo lo que siempre me llama la atención es la presencia de diversos referentes del universo del cine, que con su aplauso ensordecedor avalan todo un imaginario que -obviamente- es positivo, y que en ocasiones se extiende a las políticas que termina aplicando el INCAA. Digo, me llama la atención, en función de contradicciones que se dan entre el discurso y los actos. Me parece sensacional que un actor sostenga con su presencia (y con sus aplausos) un discurso contrario al monopólico manejo de las salas de exhibición y la distribución del cine: que la gente vaya a ver determinada película está relacionado -en ocasiones- a una estratégica ocupación de espacios antes que a un interés real del público; está claro que muchas de esas películas malas o intrascendentes que se estrenan son funcionales a la política de los tanques que manejan las majors, cuidándose el espacio, impidiendo la llegada de otras expresiones. La contradicción, digo, se da cuando algunos de esos referentes luego aparecen en producciones nacionales como Metegol o Relatos salvajes, películas que tienen el mismo prepotente diseño de lanzamiento que los tanques norteamericanos, producciones que celebran el récord de cantidad de salas de exhibición, espacios que obviamente le están restando a otras producciones, también nacionales. Esta semana, por ejemplo, no se pudo estrenar Necrofobia, ya que los exhibidores le negaron las salas 3D que les habían prometido a sus productores. Y no vi a ningún aplaudidor profesional salir a decir algo al respecto; algo mínimo. Claro, mientras seguimos celebrando los 150 millones de espectadores de Relatos salvajes.
