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Dormir al sol

Título original: Idem
Origen: Argentina
Director: Alejandro Chomski
Guión: Alejandro Chomski sobre la novela de Adolfo Bioy Casares
Reparto: Norma Argentina, Carlos Belloso, Héctor Díaz, Vilma Ferrán, Esther Goris, Luis Machín, Florencia Peña, Enrique Piñeyro, Alfonso Pícaro, Romina Ricci
Fotografía: Sol Lopatin
Montaje: Alejandro Brodersohn, Alex Zito
Música: Ruy Folguera
Duración: 83 minutos
Año: 2010


6 puntos


El cartón que corroe el alma

Por Mex Faliero

Con sus idas y vueltas entre la Argentina y los Estados Unidos, Alejandro Chomski terminó filmando Dormir al sol, adaptación de un texto de Adolfo Bioy Casares que, definitivamente, marca el abordaje del autor literario sobre lo fantástico. Chomski se ha manifestado reiteradamente como un fanático del escritor y Dormir al sol es un film con el que tuvo que remar bastante para llegar a su concreción. Por eso extraña que más allá de su acertado trabajo visual, su impecable dirección de arte y su atrevimiento para imbricar la ciencia ficción con el cine costumbrista sin caer en obviedades, la adaptación termine siendo demasiado envarada, desapasionada, como contaminada por ciertos aspectos de los personajes centrales de esta película.

Claro está que no se trata de una película para descartar, porque Dormir al sol es una apuesta arriesgada para el cine nacional: film de época, es una historia de amor trágico que se acerca al thriller y a lo sobrenatural que aparece en los límites de la realidad. Aquí un relojero decide internar a su esposa en una clínica frenopática, debido a un mal que padece pero del que nunca se clarifica demasiado. Todo está cargado de misterio en Dormir al sol, un film que juega con cierta estética de ese costumbrismo que, por ejemplo, Juan José Campanella ha profanado por el lado de la demagogia. Aquí el costumbrismo opera como guiño asordinado sobre una sociedad que amparada en códigos barriales, esconde una doble moral y una bonhomía bastante pérfida.

Uno de los mayores inconvenientes del film de Chomski son las actuaciones. Por ejemplo, resulta fuera de registro lo de Florencia Peña, quien no parece poder abandonar ciertos tics de la televisión, y la presencia de Esther Goris es uno de los lastres que debe cargar el film: sus líneas de diálogo parecen casi recitadas, arrastrando en la impostura a un buen actor como Luis Machín. De hecho, cuando su personaje pierde presencia, sobre la última media hora, Dormir al sol levanta, mostrándose más fluida y menos acartonada. Y ese, por otra parte, es el mayor problema de la película. No parece tanto un problema de respeto excesivo al autor, como sí lo es una cierta dificultad para transmitir el tedio y la impostura de los personajes sin caer también en el aburrimiento y el acartonamiento. Recién cuando se descubren los giros fantásticos de la historia, es que la película se siente un poco más libre y resuelta, y es que logramos interesarnos por el conflicto.

Pasa que el texto de Bioy es tan fuerte y su magnetismo tal, que aunque los detalles afloren sobre la hora, nos seduce y nos involucra emocionalmente como si se tratase de una película redonda y perfecta desde el minuto uno. Esto demuestra, por otra parte, que el cine nacional tiene en su literatura una gran serie de obras sobre las cuales trabajar géneros como la ciencia ficción o el policial, y brillar con inteligencia. Lo bueno para decir de Dormir al sol es que Chomski se arriesgó en partes y, aún sin lograr una película perfecta ni mucho menos, su obra contiene algunos elementos que la convierten en una curiosidad dentro del cine nacional actual. Igual se extraña un alma, un espíritu, una emoción, una vibración que Dormir al sol necesita como el sediento al agua.

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