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BAFICI 2010: crónicas de películas

Los integrantes de la redacción de Fancinema, y algunos colegas que se suman, iremos subiendo día a día críticas de las películas que vayamos viendo de las que se presenten en el marco del 12º Buenos Aires Festival de Cine Independiente. Todos los días se irán agregando nuevas películas. Una guía orientativa como para saber qué ver y qué no ver. Si es que creen en nosotros, claro.


Alamar, de Pedro González-Rubio / 6 puntos


¿Cuánto de ficción y cuánto de documental hay en esta película que parece la celebración de un ritual de trasmisión paterno-filial? Es difícil saberlo, lo cierto es que a propósito de una historia de amor y separación y de distancia geográfica y de modo de vida, el realizador construye una historia cálida, bella y sorprendentemente universal. Jorge y Roberta, se conocieron, se amaron y tuvieron un hijo. Previamente a irse a vivir a Italia con su madre, pasa unos días con su padre a una pequeña casa en medio del mar, donde él convive, a su vez, con su propio padre. Con ambos, compartirá la casa, la pesca, el bote, el aprendizaje de los rituales que hacen hombre a los hombres en esa familia. Todo está allí. González-Rubio aprovecha a su favor una naturaleza no sólo bella, sino también insondable, infinita, inabarcable. Lo increíble es que Jorge y Roberta y Natan, hasta la propia Blanquita, son reales y esto ejerce finalmente un efecto de relectura de la película, cuya trama se sostiene por la calidez y la cercanía de los personajes. Daniel Cholakian


Bummer summer, de Zach Weintraub / 6 puntos


No es un mail film, pero convengamos que si se hubiera filmado hace más de dos décadas estaríamos ante una novedad agradable. Pero aquí, todos los tics del cine Indie sobre adolescentes con ocio, se reiteran hasta el hartazgo. Apodada sabiamente por Cholakian como “aquí sí que no se coge a la norteamericana”, este triángulo amoroso entre dos hermanos y la novia de uno de ellos, amontona tensión sexual -hasta en personajes secundarios y en situaciones llamativas- sin nunca lograr que esa pulsión se transmita al relato. Tampoco es un adefesio, e incluso esa contención puede servir para un análisis sobre si no se trata, en todo caso, de una parodia del género. Mex Faliero


Cuchillo de Palo, de Renate Costa / 9 puntos


La directora, en búsqueda de respuestas sobre la muerte de su tío, interroga su pasado (y a su padre), al trauma de la otredad forzada, a la represión política durante el régimen de Stroessner y a las huellas que permanecen de aquella dictadura. Tras la supuesta indagación casi familiar, Costa construye un espacio de sentidos. Si la primera escena de la película, una mirada desde el río a la espalda de Asunción, parece desconectada del resto, lo que se advierte hacia el final es que el espacio simbólico y material que fue recreándose a lo largo del documental, es la ciudad oscura, oculta, latente. Porque el espacio significante que se constituye en esta reconstrucción de la historia de Héctor Flores, es mucho más que lo directamente implicado en la historia de la represión a los homosexuales en el Paraguay de Strossner. La película tiene momentos brillantes y elecciones centrales. Costa sabe no sólo dosificar los silencios, sino también las luces, las sombras y los espacios obliterados. La consciente elección de no visitar el interior de la casa de su tío, el texto negado en la instrucción policial, el silencio sobre su modo de vida, sobre la causa de su muerte, sobre la carta que dejó antes de morir, sobre su armario vacío, todo ello es el modo coadyuva a que lo personal, lo melodramático, lo íntimo abra su lugar a lo político, lo histórico.Daniel Cholakian


El olvido, de Heddy Honigmann / 6 puntos


Documental ambientado en Perú, son entrevistados mozos, dueños de comercios, trabajadores callejeros, personas que han construido su vida alrededor de la idea de vender un servicio y ser amable con el otro. Ahí sobrevuela de fondo la vida política de Perú, con sus habituales gobiernos democráticos y dictaduras que han demolido la ética de un pueblo. Hongmann es bastante clara al respecto y muestra las miserias en primer plano, a veces excediéndose en ese primer plano. Así y todo El olvido es bastante honesta. Mex Faliero


El pasante, de Clara Picasso / 5 puntos


Película menor, que no justifica su inclusión en la sección competitiva argentina. Un joven ingresa como botones en un hotel de alta gama porteño. Trabaja en horario nocturno. Su instrucción es encomendada a la encargada del turno. Desde el primer momento entre ambos se establece una relación de seducción, atracción, negación y rechazo. El pasante parte de una idea interesante (escasa para un largometraje, a menos que la realizadora asumiera mucho más riesgo), tiene algunos hallazgos, pero es pobre como totalidad. La relación, que se explica en el diálogo final, carece de la tensión propia que surge de la dialéctica entre el deseo y de la represión, o al menos, del juego del gato y el ratón. La realizadora elige un tono frío (seguramente apropiado para el hotel, pero no cuando la acción se desplaza hacia las entrañas del hotel). En todo momento asume una mirada ajena y neutra, un ritmo cansino, lo que quita a los personajes toda pretensión de movimiento dramático. Parece que la preeminencia de los actores, especialmente el abúlico Ignacio Rogers, y de las constantes estéticas epocales, se le impusieran a la directora, impidiéndole la posibilidad de operar sobre el material con el que se propuso trabajar. Daniel Cholakian


El Rati Horror Show, de Enrique Piñeyro / 7 puntos


Nuevo documental en el que el director sale por primera vez del tema aeronáutico para introducirse en una crítica a dos instituciones: la Policía y la Justicia. Es un buen trabajo que más allá de quedarse un poco corto en cuanto a resonancias, no se puede dejar de observar que lo confirma como un investigador sagaz y con gran manejo de la puesta en escena. Piñeyro investiga aquí un caso conocido como “la masacre de Pompeya”, donde un supuesto delincuente que escapaba de la policía terminó atropellando y matando a tres personas. Por este hecho, fue condenado un hombre a 30 años de prisión. Sin embargo, se desnuda lentamente una red de corrupción policial y judicial, en la que se descubre que una situación mal manejada por la policía derivó en esta tragedia. Como un Michael Moore, pero sin tanta manipulación y con argumentos más precisos, el autor de Whisky Romero Zulú construye a partir de este caso una radiografía de la connivencia entre la Policía y la Justicia en el país. El problema aquí es que no logra darle mayores dimensiones al material como lo había hecho anteriormente, y la denuncia se circunscribe a un hecho en particular. Además de que se le escapan otras cuestiones como la forma en que la prensa maneja estos temas. Mex Faliero


Francesca, de Bobby Paunescu / 6 puntos


Un nuevo acercamiento del cine rumano a un cine social con toques genéricos. Aquí, una mujer que se quiere ir a trabajar a Italia y las complicaciones que le trae su pareja, un hombre que ha pedido dinero a mafiosos. Así, el drama laboral se tiñe de misterio con una subtrama policial. Bobby Paunescu, el director, saca una notable actuación de Mónica Bilardeanu y se luce con largas secuencias construidas sin cortes y a partir de una cámara que se mueve lo justo y necesario. El problema de Francesca, más allá de su acertada mirada y su crítica a la Europa que divide, es que se excede en tiempos muertos y parece un poco estirada, como si por momentos la forma absorbiera el interés en lo que pasa. Mex Faliero


I went to the zoo the other day, de Luo Li / 6 puntos


Una buena premisa inicial que no le es fácil sostener al director chino. La cámara se detiene en una pareja que visita un zoológico. A partir de esa experiencia, ambos personajes comenzarán a reflexionar sobre su propia existencia. El film centra su mirada en los animales, pero no con ánimo didáctico como en películas del estilo de La marcha de los pingüinos, sino todo lo contrario: negando el psicologismo de manual que reconstruye la vida animal como si fuera la civilización humana. Aquí los animales son animales y aparecen tirados y listos para ser observados, como en un zoológico. Nada más que eso. El problema de Li es que pasada la primera media hora se le agotan las ideas y hace todo lo posible para llegar a la hora. Y no todo está bueno. Sobre el final recupera la compostura y cierra con un par de buenas escenas que tienen a la pareja como protagonista. Mex Faliero


La mujer sin piano, de Javier Rebollo / 7 puntos


El film posee varias puntas para el análisis. Carmen Machi encarna a la protagonista, una depiladora aburrida de su rutinaria vida que una noche decide salir intempestivamente a la calle con una valija, con intención de irse vaya a saber dónde. Su interpretación por momentos hace recordar a Giulietta Massina, y para bien. Lo llamativo es cómo este estilo se fusiona sin problemas con la introspección. De hecho, por momentos los encuadres, el montaje en el plano y las interpretaciones despojadas recuerdan al Kaurismaski de El hombres sin pasado. Pero ella no es la única estrella. El polaco con el que se cruza en la estación de ómnibus es un ser complejo desde su simplicidad, transparente desde el ocultamiento, desde la lenta apertura, desde la necesidad de compartir y redimirse. La mujer sin piano es un filme sobre la necesidad de expresarse y encontrarse con el otro. Sus protagonistas se reconocen entre sí a partir del ahogo personal y la ansiedad por contactarse, como si cruzarse con alguien más, escuchar y ser escuchado fuera la forma de ser, por fin, uno mismo. Rodrigo Seijas


La notte quando e morto Pasolini, de Roberto Torre / 4 puntos


Este sencillo cortometraje documental es un reportaje a Giuseppe Pelosi, quien estaba con Pasolini la noche en que fue asesinado. El confesó haber cometido el crimen, y todavía cumple condena. La película es un sencillo reportaje, interesante en lo preciso, en el que Pelosi cambia su declaración y acusa a unos hermanos, ya fallecidos, y a otras personas que él  no conoce, de aquel asesinato. La directora busca en estos datos coherencia y justificación para tantos años de silencio. De todos modos, ninguna información aparece en el testimonio de Pelosi que permita dilucidar las causas reales del brutal asesinato del talentoso realizador. Los motivos y los ejecutores reales quedan, para muchos, aún ocultos. Daniel Cholakian


La quemadura, de René Ballesteros / 8 puntos


Ballesteros, junto a su hermana, busca a su madre, desaparecida desde 1982. Hablamos de Chile, dictadura de Pinochet. Las fuentas en las que busca no son demasiado confiables: un padre que no quiero hablar de cosas personales justamente en un documental que habla de una parte -ausente- de la vida del propio director; una abuela que parece tener alguna enfermedad de la memoria, aunque por momentos en realidad parece no querer recordar nada de su hija. De hecho, se prohibió hablar de ella en esa casa luego de su partida. Ballesteros rastrea por partida doble: por un lado a su madre -que vive en Venezuela- y por el otro lo que queda de una vieja editorial creada en tiempos de Salvador Allende. La idea de los libros como forma de mantener la memoria se funde con las personas, creadoras de esa memoria, intentando borrar el pasado. Ballesteros crea un documental justo, preciso, que no se extiende ni da rodeos, y que habla de todos los tipos de memoria posibles, sin caer en panfletos: la memoria de los pueblos, la de la cultura popular, la de la propia gente. Y, claro, del olvido como consecuencia ineludible y, también, como búsqueda para acallar un pasado doloroso. El personaje de la abuela es un hallazgo, tan tierno como espeluznante en su dudosa desmemoria. Mex Faliero


Le roi de l’evasion, de Alain Guiraudie / 4 puntos


El cine de Guiraudie presenta algunas constantes que proponen, a priori, transgresiones a cánones varios. Propone sexualidades varias, cuerpos deseantes de todas las edades y formas, pocas mujeres, y una permanente sensación de la imposibilidad de amor. Armand es gay, es gordo, es cuarentón, es temeroso, es vago. Varios personajes delirantes se cruzan con él en esta historia, que se estructura alrededor de la relación y fuga de Armand y Curly, una adolescente que podría convertirse en la descubridora de su deseo heterosexual. La película está pensada como una comedia satírica, que no se toma en serio a ninguno de los personajes, aun cuando sí es serio el planteo ético y estético del director. El erotismo propuesto parece un conjunto de situaciones de ocasión sin la menor pasión, calor o deseo. Totalmente inverosímil internamente, la película se va deshilachando a medida que pasan los minutos, y finaliza en un cuadro que sólo puede ser parodia de sí mismo. Todo ocurre como si Guiraudie hubiera querido señalar que nadie debería tomar esta película en serio. Daniel Cholakian


Les beaux gosses, de Riad Sattouf / 8 puntos


Es básicamente el drama de un grupo de adolescentes en edad escolar preocupados porque no la pueden poner. Primeros amores, temores sexuales, frustraciones, sentimientos cruzados alimentan este relato que no hace la típica de un film BAFICI: aquí los planos duran nada, y los jóvenes hablan sin parar, dicen groserías, putean, se masturban a más no poder y no hay en eso una mirada acusatoria, moralista, ni siquiera esteticista. ¿Abulia? Para nada. Y eso no atenta contra la seriedad del film: Sattouf se toma en serio el género de comedias adolescentes, en serio tanto como lo hizo un tal Greg Mottola un tiempo atrás con Supercool. Pero Les beaux gosses es mejor que Supercool: no tiene, sobre el final, ninguna mirada moral sobre el conflicto de sus personajes. A lo sumo cada uno reconocerá esta instancia como el fin de un momento. Mex Faliero


Like you know it all, de Hong Sang-soo / 6 puntos


El director reitera aquí lo que ya había hecho con Woman on the beach, vista en Mar del Plata: luego de una primera parte donde prima la ligereza y las situaciones cómicas, se enreda demasiado con conflictos amorosos, existenciales, donde el doble y la repetición como forma de descubrir reincidencias relegan a la comicidad a un lugar menor. Cuando Sang-soo se dé cuenta que lo que mejor le sale es la comedia, y que ciertas pretensiones filosóficas pueden quedar a un lado, estaremos ante una gran película suya. De más está decir que sigue siendo uno de los mejores directores para filmar diálogos y también aquí almuerzos y borracheras. Mex Faliero


Lo que más quiero, de Delfina Castagnino / 7 puntos


Como si los jóvenes del denominado nuevo cine argentino hubieran descubierto de pronto el humor y los sentimientos, Castagnino filma aquí con el mismo interés en lo formal que sus contemporáneos pero con una libertad particular para no escaparle a situaciones graciosas o sin sentido. No hay gravedad en el film, y eso es lo que más se agradece. Aquí, una joven porteña visita a su amiga en el sur del país (notables Pilar Gamboa y María Villar) y lo que se verá será la deformación del vínculo en esos pocos días: se adivinan cosas que no se dicen, pero que están, cosas que ambas callan para conservar las formas. No hay crispación asboluta a pesar de las tensiones que sí se pueden observar, ni tampoco impostada tristeza. Hay algo del oído de Juan Villegas en los diálogos -hay una dedicatoria a él en los créditos-, pero esto que es un acierto, en ocasiones se torna contrariedad: algunas situaciones se estiran innecesariamente y algunos personajes son utiilzados un poco para la burla. Y, claro, será muy difícil para Castagnino sostener el nivel del diálogo con el que arranca Lo que más quiero. Mex Faliero


Los condenados, de Isaki Lacuesta / 7 puntos


Una película que, desde ya, anticipamos que generará debates por la manera en que cuestiona algunas formas de los grupos guerrilleros. El film, reposado en su tono y sin una recarga épica, encuentra su mayor virtud y también su mayor falla en la universalización de estas agrupaciones, sin dar nombres y conteniendo en su discurso un poco a todas. A veces banaliza, a veces piensa y dice cosas un poco complicadas de decir. Mex Faliero


Los santos sucios, de Luis Ortega / 5 puntos


Tiene a su favor un trabajo visual asombroso, hasta podríamos decir que nunca visto por estas tierras, a lo sumo en El aura. Film apocalíptico centrado en un reducido grupo de personas que quedan sobre la superficie de una destrozada ciudad, Ortega parece dar el paso final de lo que ha sido su filmografía: la realidad enrarecida con lo hermético de Caja negra; el artificio deliberado de Monobloc; y ahora finalmente una fantasía plagada de alegorías, pero con un componente de realidad como es la historia reciente del país. El tema es que tanta pretensión parece haberle jugado en contra a Ortega, quien así como acierta desde lo visual, pifia profundamente desde lo narrativo. Excesivamente confuso y poco interesante, con un virtuosismo que no deja lugar a la emoción real. Mex Faliero


Mary and Max, de Adam Elliot / 7 puntos


Lo más extraño en esta película de animación para adultos es que aun recorriendo degradaciones varias, familias disfuncionales, violencia en el entorno doméstico, es dueña de una ternura tan elemental como profunda. Mary y Max se hacen amigos por correspondencia. Y comparten unos diálogos notables, hermosos, carentes eso sí de todo vuelo literario, pero luminosos. Si ambos personajes pueden despertar compasión, en esas cartas, lejos de permitir(nos) hacerlo, el director impone una lógica totalmente apartada de nuestra formalidad. El trabajo de Elliot es bello. Mary and Max despierta sensaciones encontradas, pues remite a los márgenes aun para hablar de centralidades. Refiere a perdedores, que se saben ganadores con lo que alcanzan, y pone en grises y oscuros sentimientos luminosos. Es una bella película, de las que dejan la alegría de haberla visto, y un recuerdo grato por un buen tiempo. Daniel Cholakian


Mudanza, de Pere Portabella / 8 puntos


De eso se trata básicamente. Pero no es una casa cualquiera, y eso Portabella lo sabe: es el hogar donde vivió García Lorca, nada menos. Además, es conciente del desconocimiento de ese procedimiento y sus dinámicas. Su puesta en escena, elemental y despojada, con confianza por lo que se está contando, obliga a pensar el carácter narrativo que puede adquirir el género documental, cómo se va constituyendo a partir del recorte del tiempo y el espacio. No hay palabras, planos o segundos de más. Sí ese corte dentro de la cotidianeidad, que la resignifica, como sólo el cine puede hacerlo. Rodrigo Seijas


Norteado, de Rigoberto Perezcano / 7 puntos


Es común en películas como esta, que cuentan parte de la vida de personas que viven en una pequeña comunidad árida de la América Latina profunda, se produzca una tensión entre sus valores, la capacidad de contar la historia desde cerca, sin construir previamente la mirada desde el centro, áspera no por ello carente de felicidad, y sus problemas, en este caso causados por el apego al naturalismo convencional elegido por el realizador, que como tal no termina de funcionar, tanto en las actuaciones como en el ritmo narrativo o en los encuadres. En estos casos este cronista se vuelca enfáticamente por las virtudes. El realizador cuenta los tiempos muertos de cinco adolescentes en el interior de Perú, con sus deseos y los de los otros, lejos de todo esteticismo inútil, con la profundidad que aporta la cercanía a la determinación social, histórica y natural que impone el lugar en el que uno vive. Daniel Cholakian


Os famosos e os duendes da morte, de Esmir Filho / 7 puntos


Film con todos los tics del género: el adolescente depresivo, enamorado, existencialista, encerrado en una ciudad sin futuro, en un contexto familiar que le produce repulsión. Sin embargo, partiendo de esa premisa, el debutante Filho logra esquivar con elegancia todos los lugares comunes y construir una película potente, que va mostrando lentamente su drama interior. El director se le anima a la muerte, a sus resonancias, a cómo un asunto como el suicidio sigue siendo un tabú en algunos lugares. Y, para más, liga este asunto con la identidad sexual. Sutil y elegante, además el film sortea con inteligencia ciertos clichés del cine considerado “de arte” en esos planos de cámaras caseras que utiliza para simbolizar sueños y fantasías. Os famosos e os duendes da morte es una película de fantasmas: de hecho, reproduce algunas formas del cine de terror moderno, pero las conduce para el lado de lo sensorial y sentimental. Una película que no se agota en una primera mirada siempre es interesante y recomendable. Mex Faliero


Policía, adjetivo, de Corneliu Porumboiu / 7 puntos


Cuenta los días en que Cristi, un joven oficial, es asignado a seguir a un adolescente que convida a dos amigos de su edad a fumar unos porros. Más allá de contar lo que hace el protagonista y circunstancialmente aquellos a quienes observa, el relato se encarga de observar a Cristi, de mirar al que mira. Y en esta idea de lo policial despojado de toda condición calificativa, es que Porumboiu realiza la operación más interesante del film. Más allá de poner la discusión sobre la penalización del consumo de drogas, como algo muy alejado de la lógica del relato policial clásico, a la vez que lo acerca a lo burocrático, la película refiere a la condición del género del relato e impone sus propias lógicas. La cámara que observa al observador propone no un misterio sobre lo que ocurre fuera de campo, sino que habla de cómo lo que ocurre en el ámbito de lo policial, puede ser mirado con una narrativa completamente alejada del misterio, de la condición esencial de lo policial en el cine. Y es en esa ruptura con el hecho investigado pierde el sentido de lo delictivo. Y lo punible se transforma en un fenómeno de otro orden.Daniel Cholakian


Putty Hilll, de Matt Porterfield / 5 puntos


Un joven de 23 ha muerto por sobredosis. Familiares y amigos van a recordarlo con una jornada en su homenaje. Los que regresan encuentran que allí ya no está su lugar. El resto, habitantes de una ciudad decadente, recuperan, a través del recuerdo, algo de su propia identidad. La película se estructura como un documental alrededor de estas personas. El realizador apela a formas típicas del documental, como el reportaje o el seguimiento. Y así se rescata aquello que la situación de duelo permite aflorar: puras cuestiones de los vivos, de los dolientes. La película es confusa e injustificadamente desaforada. El realizador incluye personajes muy marginales, quienes despiertan poco interés, en tanto apenas sirven para contar relaciones personales (pretendidamente sociales) en ese Baltimore, industrial y marginal dentro de la modernidad estadounidense. En Putty  Hill el realismo del estilo cede ante la insustancialidad de lo contado. Daniel Cholakian


Secuestro y muerte, de Rafael Filippelli / 4 puntos


El filme de Filipelli, con guión de Sarlo, Oubiña y Llinás convierte un hecho apasionante y de enorme relevancia política como el fusilamiento del general Aramburu en un hecho vacuo. La abundancia de diálogos termina restando en vez de sumando. En verdad, es por lo menos llamativo que el personaje -junto con sus argumentos- más atractivo y definido sea el del general secuestrado, quien posee una justificación ética y moral para sus acciones. Esto no captaría tanto la atención si los personajes de los secuestradores tuvieran un desarrollo apropiado. En lo que se refiere a no explicitar los nombres propios, como el de Perón, Aramburu, Montoneros o Evita, termina siendo por lo menos una decisión desafortunada. No universaliza, sino que generaliza, para mal. Resta entidad, aunque no aporta ambigüedad. El giro ideológico que termina evidenciando es claramente hacia el gorilismo más rancio. Hay secuencias interesantes, es necesario aclararlo. Más que nada las referidas a los interrogatorios, donde se establecen los duelos de ideas más rescatables. Pero en verdad, lo que termina prevaleciendo es un reduccionismo de los eventos, una banalidad de la política, como si el posmodernismo intelectual en su peor versión se pusiera a ver displicentemente, sin contextualizar históricamente. El poder de la imagen queda aplastado y la palabra nunca alcanza validez. Rodrigo Seijas


Somos nosotros, de Mariano Blanco / 6 puntos


El joven director marplatense retrata un pedazo de vida de unos skaters en La Feliz. Se concentra especialmente en tres de ellos, que viven historias separadas: el primero, trabajando en un delivery, conoce un posible amor; el segundo, se relaciona conflictivamente con su novia; el tercero, busca infructuosamente durante toda una noche a la chica que le gusta. Somos nosotros no deja de ser interesante: aparecen distintos sitios de la ciudad que no han sido abordados como se merecen en el cine argentino. También se percibe una identificación por parte de la puesta en escena con lo que se cuenta y hasta una voluntad de riesgo con el espacio-tiempo. Por ejemplo, es llamativo -tal como señalaba Mex Faliero cuando comentábamos el filme- cómo los encuentros de los protagonistas con sus mujeres están marcados por el alejamiento del espacio urbano marplatense. De hecho, es muy notoria la visión de la calle Lavalle en el segundo segmento, mientras uno de los skaters pasea con su novia. Como si la irrupción de lo femenino significara un corte dentro del ámbito original. Sin embargo, el conjunto no deja de ser un mero ejercicio bastante logrado, aunque plagado de defectos y baches. Los personajes no están bien delineados, no poseen una completa coherencia y sus tres historias parecen pegadas con cola, arbitrariamente. En lo que se refiere a lo formal, no deja de dar la impresión, a pesar de algunos hallazgos con las luces de los edificios y calles o la profundidad de campo, de ser una película informal, terminada a los apurones. La impresión final es la de un trabajo de un realizador con futuro y posibilidades, pero sin el plafond suficiente para una competencia oficial de un festival internacional de la envergadura del BAFICI. Pero bueno, este tipo de cuestiones, cuando se dan en el Festival de Mar del Plata, los críticos saltan como leche hervida, cuestionando semejante absurdo, preguntándose qué tejes y manejes favorecieron al filme en cuestión. Cuando sucede en el BAFICI, es un gesto de valentía y riesgo. Distintas varas para un mismo hecho. Rodrigo Seijas


Sweetgrass,de Ilisa Barbash y Lucien Castaing-Taylor / 9 puntos


El primer hallazgo de este trabajo es no recurrir a explicaciones, sino a contar un proceso -desde que una oveja es esquilada hasta que vuelve de pastorear durante varias semanas- sólo con imágenes. Pero el logro mayor es que esas imágenes se adscriban a un género fundamental, como es el western. Decididamente Sweetgrass es un western que logra capturar como pocos el trabajo de un grupo de hombres rudos y hoscos, en medio de un imponente marco natural. El film se sigue con pasión y fascinación, porque nos logra introducir en un universo que desconocemos y nos enseña su funcionamiento sin didactismos. Barbash y Castaing-Taylor, además, recurren al paisajismo sólo cuando esa imagen logra transmitirnos un sentimiento del personaje. Mex Faliero


The emperor’s naked army marches on, de Kazuo Hara / 6 puntos


Kenzo Okuzaki inicia la búsqueda de los responsables de asesinatos se soldados rasos, llevados a cabo por el propio ejército japonés durante la guerra del Pacífico. Seguido por Hara, visita a los implicados, y logra que confiesen y acepten los crímenes cometidos. Extraño personaje, no duda en acometer a las patadas contra los entrevistados que no aceptan decir lo que saben. En él conviven el deseo de verdad y una violencia entre mística e irracional, que le hacen confundir justicia con venganza. Lo más interesante es la tensión propia de los momentos en que en la conversación asoma el relato de los hechos reales. La brutalidad de la realidad revelada, no puede dejar de impresionar al espectador. Aún con cierta anarquía narrativa, el personaje crece desde la sencilla empatía inicial, hacia costados más oscuros, como oscura es la historia que está intentando reconstruir. Esos problemas en la narración, como cierto exceso en el metraje, quiebran el ritmo y el interés en el recorrido de este hombre honesto, algo desajustado de su contexto social, que anda en busca de la verdad histórica y la redención de la memoria. Daniel Cholakian


To shoot an elephant, de Alberto Arce y Mohammad Rujailah / 9 puntos


Entre diciembre de 2008 y enero de 2009, Israel llevó a cabo un masivo ataque armado a la Franja de Gaza, que llamó Operación plomo fundido. El caso es que esta supuesta operación bélica no es sino un parte de un plan sostenido en el tiempo, que constituye un genocidio encubierto. Este es un documental sorprendente y necesario. Sorprendente porque da cuenta con pruebas materiales de una cantidad de noticias que sólo pueden verse a través de este medio. Necesario porque evita los lugares comunes y amplia la idea sobre el modo en que viven cotidianamente los palestinos confinados en ese pequeño lugar en el mundo. Pero además, porque reflexiona sobre la naturaleza de lo socialmente visible y sobre lo invisibilizado. Los realizadores, además de dar cuenta con inteligencia y sistematización de la acción israelí, interpelan con inteligencia y vehemencia al espectador. Preciso, To shoot an elephant es además parte de un proyecto colectivo y militante, que puede descargarse del sitio oficial de la película en Internet. Daniel Cholakian


Todo, en fin, el silencio lo ocupaba, de Nicolás Pereda / 1 punto


Tiene todos los lugares comunes que un trabajo pedante puede tener. Con la excusa de un rodaje con Juana Inés de la Cruz como personaje central, se suceden una seria de secuencias -por llamarlas de alguna manera- en las que lo que importa es el detrás de cámaras, con el director marcando a la actriz, debatiendo el trabajo fotográfico, la postura corporal. Puro esteticismo vacuo, aburrido, solemne, innecesario, que si algo bueno tiene es que no llega a durar una hora. Ahora, si la idea de Pereda era mostrar el hastío del actor transformado en objeto durante un rodaje y transmitírselo al espectador, lo logró. El único sentimiento capaz de provocar su película es el rechazo. Este tipo de gente, la que hace y disfruta de cosas semejantes, es la que luego acusa a Avatar de ser cine comercial. Mex Faliero


Twigson,de Asleik Engmark / 7 puntos


El Baficito merece ser atendido y este filme danés lo sostiene fuertemente. La historia de un niño que se muda con su familia y descubre en un pedazo de rama con forma de cuerpo una especie de amigo imaginario trasciende por lejos la pavada de subestimar a su público, aunque este tenga menos de diez años. Buena utilización de los efectos especiales, respeto por lo que se está contando, humor y disparate con buen timing, son todos elementos con los que se construyen buenos filmes infantiles, y Twigson los tiene todos. También tiene algunas subtramas y secuencias resueltas apresuradamente, como si hubiera un mandato inexorable de no superar los 75 minutos. Pero la sensación que prevalece al final es la de alegría, frescura y libertad. De ahí que uno salga con una sonrisa de la sala, sintiendo -en mi caso, específicamente- haber rejuvenecido unos veinte años. Sí, por suerte hay cineastas que no consideran a los menores de edad unos imbéciles, sino seres sensibles y con potencial para absorber ideas. Lo que se dice un cine infantil maduro. Rodrigo Seijas


Videocracy, de Erik Gandini / 7 puntos


En los últimos 30 años, Italia ha ido modificando su estructura social y política, tanto como su fisonomía, su imagen en como Nación. En todo este proceso de cambio, Silvio Berlusconi fue el protagonista esencial. En ese documental, su realizador propone mirar este proceso a partir del modelo de televisión desarrollado por Berlusconi. Videocracy por momentos queda atrapado en la anécdota o el testimonio algo reiterado, y con eso pierde potencia política y capacidad explicativa. Pero tiene dos momentos que iluminan: uno es cuando en un centro comercial se realiza el casting para elegir a las bailarinas que rodearán al conductor de un programa; el otro corresponde con la inclusión de una propaganda de su campaña a presidente. Logrado relato que permite comprender la relación entre medios, negocios y poder político, se mete en el otro lado de la televisión con mucha inteligencia y capacidad ilustrativa. Es entretenido y tiene la virtud de la simpleza. Daniel Cholakian


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