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Bolt: un perro fuera de serie

The Bolt show

Por Cristian A. Mangini


8 puntos


Bolt: un perro fuera de serie tenía la presión de ser el primer gran estreno animado de la temporada cinematográfica y cumple con creces las expectativas depositadas más en el trailer que en los creadores: el departamento de animación de Disney. Todos sabemos que es Disney, siempre está el enorme respeto por las películas legendarias que han hecho a lo largo de su historia pero, sobre todo en estos últimos 10 años, han bajado su nivel considerablemente con films que siquiera vale la pena mencionar (salvo una o dos excepciones). Y en el departamento de enfrente estaba Pixar y bueno, ya sabemos que Pixar ha alcanzado una cima narrativa y estética que ponen a sus películas entre el canon animado occidental. Disney y Pixar siempre tuvieron una relación agridulce, algo que los norteamericanos suelen llamar “frenemies” (es decir, la combinación de friends –amigos- y enemies –enemigos-), pero en estos últimos años la cuestión parece haberse resuelto en que John Lasseter quede como director del departamento de animación, con un Pixar bajo el sello de Disney pero con la autonomía suficiente para garantizar la frescura de sus películas. Y bueno, Bolt: un perro fuera de serie sale desde los estudios de Disney con dos animadores de larga trayectoria, que ahora realizan esta opera prima como directores supervisados por Lasseter y el resultado deja un saldo positivo.

Pero abriéndonos un poco del mundo empresarial y cuestiones de menor importancia, Bolt: un perro fuera de serie es una película entretenida que va más allá de un trailer donde ya podíamos imaginarnos personajes lo suficientemente sólidos como para justificar cualquier película. El problema estaba en ver si la historia funcionaba, y si esos personajes ofrecen algo más que lo visto en 5 minutos condensados. Y sí, Bolt, Penny, Rhino y Mittens valen el largometraje entero y justifican hasta las falencias de guión que pueda llegar a tener el relato. Porque la interacción entre ellos y la complejidad, particularmente de Bolt y Mittens frente al comic relief que representa Rhino, además del verosímil que aporta el personaje de Penny –sí, es increíble lo que se ha hecho en algunas películas con los personajes preadolescentes, por eso se destaca el verosímil- mueven el relato y le dan un impulso que se mantiene desde la introducción hasta la secuencia de créditos.

Bolt es un perro que es el protagonista de una serie de acción que mueve suficiente dinero como para que el director y los productores no se arriesguen a que el perro perciba que su entorno es falso. El pobre animal tiene como dueña a Penny (¿homenaje al “Inspector Gadget”?), que es la actriz adolescente que acompaña al perro a lo largo de sus aventuras y se encarga de cuidarlo y quererlo. Pero siempre se repite día tras día el momento en que tiene que abandonarlo en el estudio para volver a su casa, cuestión que deprime profundamente a Bolt. Entonces el perro cree, como si se tratara de Truman (de The Truman Show), que su vida es la serie. Las referencias a The Truman Show no son muy difíciles de interpretar y, de hecho, hay un plano que es un claro homenaje: el momento en que el director de la serie desde su sala de monitores acaricia la pantalla en la que se encuentra Bolt. Pues bien, las cosas se complican porque el siniestro personaje “que viene de la cadena” quiere un mayor rating en la franja de 18 a 35 años, haciendo algo que no tenga el previsible final feliz (ojo con el paralelismo con el final de la película) que tiene cada episodio. ¿La respuesta?: secuestran a la chica en un capitulo clave y el perro queda traumado creyendo que ha perdido a su dueña, que insiste en verlo a pesar de las prohibiciones de la productora. Y luego comienza una Road Movie para reencontrarse con Penny, atravesando de costa a costa Estados Unidos, que tiene al perro completamente desorientado junto a la gata Mittens que confunde con un enemigo, tratando de aprender como ser perro, y confrontándose a los peligros terrenales del mundo real. Y luego está el personaje del hámster Rhino que es un fanático de la serie de Bolt y desea que su héroe sea la ilusión televisiva que el pretende en “la caja mágica”, y se une incondicionalmente al grupo. ¿El resultado?: tres personajes queribles que tienen varios momentos que vale la pena destacar.

En primera instancia, el episodio de Bolt dentro de la película es una introducción espectacular con una inteligencia y adrenalina comparables a la persecución a través de la jungla en Los Increíbles. Durante esa road movie en la que el perro aprende a ser un perro en la realidad, el momento en que Mittens le enseña a pedir comida y la efectividad del montaje en el momento en que lo intenta demuestra el minucioso trabajo en la expresión de los personajes, además de un timing para la comedia a la altura de los mejores trabajos animados. La secuencia del memorable diálogo entre Bolt y Mittens, cargado de dramatismo, demuestra la solidez de algunos diálogos y el final, memorable, condimentado con espectacularidad y tensión, conserva ese rasgo Disney en el cual los desenlaces suelen tener un costado melodramático intenso y a la vez tranquilizador, quedándose en el plano emotivo antes que en el subtexto (a diferencia de algunos trabajos de Pixar, como la reciente Wall-e, donde el desenlace funciona en el plano sentimental y el subtexto político). Y el final, bueno, algunos vieron que era demasiado “tranquilizador” y aquí parece interesante hacer un paralelismo con la serie de Bolt dentro de la película: personalmente creo que la película es honesta con su lógica y forzar otro tipo de lectura es extradiegético -es decir, fuera de la lógica interna de ESTA película-, y la prueba es, precisamente, el pedido de dar “suspenso” (precisamente, el final de la película lo da, entre las llamas del estudio) que requiere el personaje que “viene de la cadena”. Al menos en lo que refiere a esta película de Disney creo que es honesta y se mantiene en un plano sentimental que no trasciende a corporaciones o estudios. Es la travesía de un perro por encontrar a su dueña, mientras sufre su condición alienada ante la realidad. Pero diferentes opiniones enriquecen el debate, y bienvenidas sean todas las interpretaciones.

La película comete el error de sobrecargarse de diálogos, cuando la expresión y la simpatía de los personajes son más que suficientes para transmitir lo que sucede en pantalla. Más de la mitad de los diálogos son innecesarios, pero algunas líneas son increíblemente efectivas, particularmente el caso de Mittens y Rhino. Sobre el personaje del hámster, bueno, esto si tiene un subtexto evidente: es el sentido común del teleespectador ante ese espectáculo que ofrece la “caja mágica”, el hecho de que permanezca observando la realidad a través de su bola de plástico es bastante contundente. En fin, esto es Disney, y volvió con un trabajo interesante, quizá no este en el pico de otras producciones animadas, pero es un regreso bienvenido.

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