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Quiero robarme a la novia

Muy lindos los novios…

Por Mex Faliero

Con Quiero robarme a la novia asistimos a otra decepción. No es que hayamos depositado demasiadas expectativas en ella, pero por lo menos la ilusión de ver una buena comedia romántica estaba. Ya hay que decir que el subgénero no levanta cabeza y esa verdad no escrita de que ‘todos ya sabemos cómo va a terminar’ ha hecho que las comedias románticas parezcan realizadas con un manual de instrucciones, carentes de vida y sin la menor imaginación.

La sensación de deja vú estaba desde el vamos. Es que la historia de Tom (Patrick Dempsey) era parecida a la de Julia Roberts en tal vez uno de los últimos buenos exponentes: La boda de mi mejor amigo. Y es que el muchacho, un mujeriego empedernido, descubre que al final de tanta gente que pasa por su cama, nada ha quedado. Quiere el amor, ese que dura por siempre. Y cree que lo encontró en Hannah (la muy linda y talentosa Michelle Monaghan), su gran amiga de toda la vida.

Pero con tanta mala suerte que cuando está preparado para decirle a Hannah que la ama, esta le tira un titular de primera plana: se va a casar con un escocés y está enamoradísima. Aunque no sólo eso, sino que además lo ha elegido a él, su mejor amigo, como dama de honor.

Decíamos, la sensación de ya visto estaba, pero aún así con lugares comunes se han realizado buenas cosas. No es este el caso. Que si bien tampoco da para enojarse rotundamente, lo cierto es que el relato de Paul Weiland transita por una medianía de la que nunca despega y ofrece esporádicas sonrisas.

Citábamos a La boda de mi mejor amigo. Aquella película tenía el coraje, al menos, de mostrarnos a un personaje realmente desagradable y confrontarlo con la necesidad real que se le generaba, de decirle a su amigo que lo amaba y a la vez nos conflictuaba cuanto espectadores con lo que realmente estábamos deseando. Aquí se nos quiere mostrar a Tom como un chico descocado, pero lo cierto es que se trata al fin y al cabo de un tierno que busca el amor. Que no tenemos que hacernos los progres y señalar el conservadurismo de esa necesidad matrimonial, porque sería discutir un pilar del género en su formato clásico, que es el que intentan repetir estos productos.

Pero lo cierto es que a Tom le queda grande el reto y Hannah es apenas un títere en las manos del guión y del protagonista, por lo que uno supondrá que hará lo que tenga que hacer, para el bien de todos. Menos del escocés que es más bueno que el pan.

Si la película es leve, se atraviesa con simpatía y sin sobresaltos, y se pueden hallar algunos elementos interesantes, como por ejemplo cierta bien retratada ambigüedad de la amistad entre el hombre y la mujer en su primera hora o indagar en lo femenino que hay dentro de lo masculino (la escena del básquet en la que Tom debe responder puntos básicos de cómo ser una buena dama de honor es ejemplar), lo cierto que un par de innecesarios comic relief tiran por la borda lo (poco) bueno que hay.

Tenemos a un tonto que se quiere hacer amigo del protagonista, burlado durante todo el film sin demasiada explicación, y a una gordita amiga de la protagonista, destino de algunos chistes muy tristes. Sin ahondar en la burla a lo diferente, ubicada en esa boda que se va a realizar en Escocia, con las costumbres de la familia del novio.

A Quiero robarme a la novia le falta decir textualmente que es imposible casarse con alguien diferente, pero no diferente como persona, sino diferente culturalmente. Por suerte la simpatía de Dempsey y Monahan hacen olvidar por momentos que estamos ante una película bastante reaccionaria.

5 puntos

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