Momento culminante
Por Guillermo Colantonio
Luego de Familia rodante, un film que en términos generales se vio como fallido (alguna vez habrá que revisar el alcance de este eufemismo para revestir películas malas de directores importantes), Nacido y criado llegó para poner en jaque una de las carreras más promisorias del cine nacional.
Pocas veces una secuencia de créditos brindó tal grado de esquematismo, rasgo que el desarrollo de la historia y la consecuente puesta en escena se encargarían de sostener: la desgarrada voz de Palo Pandolfo y la sangre que brota de sus cuerdas vocales como anticipo de la tragedia que se abatirá sobre la blanca palidez de una pareja burguesa. Aquel joven director, al que el establishment crítico catalogaba como “el neorralista bonaerense”, se transformaba ahora en una especie de Chabrol sin bisturí.
Es que la descripción familiar que hace Trapero en la primera parte es de una cuestionable simplificación, obtusa, sin matices. Luego, un gancho narrativo más que objetable y un accidente que roza lo inverosímil por lo forzado, conducen la película a un segundo tramo donde el pulso parece reencontrar lo mejor de su condición de observador imperceptible tras la cámara. Un nuevo paisaje se instala para introducir algunas de las constantes de su obra: el viaje como forma de redención, los rituales masculinos y el distanciamiento temporal del personaje de su hábitat. Es allí donde la garra de ese realismo tan caro al director se mantiene por momentos y le devuelve al film cierta espontaneidad sustentada en breves diálogos y pasajes donde se ve que “el método” funciona.
Son, en esta ocasión, los personajes laterales (Robert y el cacique) quienes recuperan el cálido aire de Mundo grúa en medio de la nieve patagónica. Las situaciones en un aeropuerto de salidas truncas, los anuncios bizarros a dos o tres potenciales pasajeros y los intercambios verbales en bares de mala muerte representan el verdadero contraste con el dibujo artificial y maniqueo que se ve al comienzo. Es un universo que recupera la sensibilidad de una mirada y un discurso que se conoce. En el Sur, el tiempo se detiene y los mejores momentos son aquellos donde asoman los conflictos laborales y los rituales masculinos (siempre al borde de lo patético) no exentos de contención ante el dolor. Pero son solo destellos en medio de una tormenta de histeria y de dolor del protagonista que derivan en tesis implícitas y básicas desde el punto de vista psicológico y sociológico.
Las leyes irreversibles de causa y efecto parecen marcar el terreno de las decisiones estéticas y narrativas de Trapero en Nacido y criado, así como un incierto futuro cinematográfico.


Sobre Nacido y criado de Trapero, http://t.co/Z03NqTcBwn