Por Rodrigo Seijas
ATENCIÓN: SPOILERS
Luego del corte de mitad de la quinta temporada, que había cerrado con la importante, trágica y dolorosa muerte de Beth Greene –la pobre Maggie Greene ya perdió a toda su familia desde que comenzó todo-, The walking dead retornó con What happened and what´s going on, un capítulo donde se privilegió tanto el impacto de una nueva baja en el grupo de supervivientes como lo que podría describirse como “la poesía del horror”.
Todo el episodio giró alrededor básicamente de un viaje a Richmond, Virginia, hogar de Noah, quien piensa que ese lugar puede ser un buen refugio. Todos los acompañan, la esperanza obviamente está pero lo que va quedando claro es que el objetivo de fondo es respetar el deseo de Beth, quien antes de morir quería acompañar a Noah de vuelta a su casa. Cuando el minigrupo compuesto por Rick, Glenn, Michonne, Tyreese y Noah llegan al lugar, descubren que el lugar fue invadido, con lo que no les quedará otra que hacer un rastrillaje para juntar cosas, con la certeza de que arribaron a otro refugio que ya no es tal.
Allí surgirán esos diálogos que son casi debates filosóficos sobre si seguir adelante o no –allí sorprende el agotamiento o hastío casi psicológico de Michonne, empeñada en construir ahí un nuevo hogar, aunque todo apunte a que eso no es posible- que muchas veces son una fortaleza y a veces una gran debilidad de la serie, porque pareciera que sólo estuvieran destinados a rellenar ciertos tiempos muertos o pozos narrativos. The walking dead ha tenido grandes momentos –e incluso capítulos- de contemplación y reflexión, en los que los personajes revelan numerosas capas en sus personalidades, siempre con ese paisaje apocalíptico de fondo, aunque a la vez necesita de la acción como el agua. Cuando estallan las tensiones, cuando surgen los pequeños y grandes conflictos, aparece el drama en toda su dimensión. Vale recordar lo que fue el estatismo de los primeros cinco episodios de la anterior temporada: un aburrimiento absoluto, carente de nervio, con el espectador esperando a ver si pasaba algo. De vez en cuando, la serie amenaza con volver a esas instancias, lo cual sería lapidario para sus posibilidades.
Pero por suerte el centro terminó siendo Tyresse, quien acompaña a Noah a la que era su casa, para terminar siendo mordido… por el hermano gemelo de Noah. Otra vez esas bromas crueles del destino que nos tiene reservadas siempre The walking dead, una serie que rankea muy alto entre las más despiadadas para con sus protagonistas, a los que no teme aniquilar de las maneras más retorcidas. Tyresse fue siempre un personaje buscando contenerse, intentando contener sus instintos primarios, debatiéndose entre los mandatos subjetivos y los diversos mandatos de los grupos humanos que integró. Las alucinaciones que experimenta luego de ser mordido exponen todas estas contradicciones internas al máximo, a través de imágenes que están en serias condiciones de competir por el trono a la desestabilización con las que sufre Carrie Mathison en el capítulo Redux de Homeland. El director Greg Nicotero –habitual especialista en efectos especiales- demuestra acá una llamativa sensibilidad pero también crudeza, al permitirse mostrar a Tyresse dialogando o escuchando tanto a Beth, las niñas Mika y Lizzie y Bob –quienes de alguna manera lo van instando a irse en paz-, como al Gobernador y Martin (uno de los caníbales de Terminus), quienes le trabajan la culpa a rabiar. A la vez, se evidencia una gran sapiencia en el arte del montaje, utilizando fragmentos de estas imágenes que empalman de manera precisa e inteligente con el inicio del capítulo, estableciendo una circularidad de la que la serie ha sabido hacer uso con gran criterio, por ejemplo, en la temporada pasada, en el capítulo titulado The grove.
Los minutos finales de What happened and what´s going on son desesperantes, angustiosos y difíciles de soportar, pero también bellamente sangrientos, con Rick y los demás tratando de salvar a toda costa a Tyresse, quien empieza a transcurrir esa delgada frontera entre la realidad y la ensoñación más absoluta. Y allí tenemos un plano de gran belleza, que es una subjetiva de Tyresse contemplando la apertura de la puerta del pueblo, la entrada de una horda de caminantes y la confrontación con los sobrevivientes, todo en cámara lenta, dándole a esa realidad horrible la oportunidad de convertirse durante unos instantes en pura poesía sanguinolenta. Si a eso le sumamos el plano general distanciado, en el que se ve el auto estacionándose y que nos permite darnos cuenta de Tyresse sin necesidad de remarcar nada, el combo está completo. Nicotero se revela aquí como un cineasta con gran potencial y The walking dead vuelve a demostrar que es una serie que permite lecturas de todo tipo.
Habrá que ver de qué manera se puede compensar el vacío dejado por Tyresse y cómo afectará su fallecimiento al grupo, en especial a su hermana Sasha, quien encima venía de soportar la muerte de su novio Bob. Lo que queda claro es que fue un muy buen arranque para esta segunda mitad de temporada, aunque no tan poderoso y espectacular como el de la primera mitad.

