Título original: Repentance
Origen: EE.UU.
Dirección: Philippe Caland
Guión: Shintaro Shimosawa, basado en el film de Philippe Caland
Intérpretes: Forest Whitaker, Anthony Mackie, Mike Epps, Sanaa Lathan, Nicole Ari Parker, Ariana Neal, Denise Milfort, Selma Pinkard, Avery Edward Landry, Margo Swisher, Adella Gautier
Fotografía: Denis Maloney
Montaje: Lee Haugen, Rick Shaine
Música: Mark Kilian
Duración: 90 minutos
Año: 2013
Compañía editora: Blushine
2 puntos
La tortura como forma de crecimiento espiritual
Por Rodrigo Seijas
De vez en cuando uno se topa con películas increíbles, en el sentido de que son imposibles de creer, de explicar cómo es que se llevaron a cabo. Arrepentimiento es una de ellas: arranca con una premisa difícil de sostener en su verosímil, pero a medida que va profundizando su desarrollo va armando un caldo indigesto, injustificable y finalmente indignante.
El film de Philippe Caland -quien ya había abordado la cuestión de la condena y redención espiritual en su película anterior, Efecto dominó, donde también dirigía a Forest Whitaker- propone un encuentro de dos individuos totalmente diferentes en su formación, transformado rápidamente en duelo de voluntades. El relato se centra en Tommy Carter (Anthony Mackie, tratando de destruir su carrera antes de consolidarla), un autor de libros de autoayuda y asesor espiritual que esconde en su pasado un par de acciones no precisamente agradables: no sólo mató a alguien en un accidente y nunca se hizo cargo, sino que encima se quedó con la mina de la que estaba enamorado su hermano. Es decir, se hace el bueno pero es malo, y el film se encarga de remarcarlo de manera torpe y arbitraria desde el comienzo, como para que no cueste odiarlo. Un día, durante un evento de firma de su libro, Carter se cruza con Angel Sanchez (Whitaker repitiendo su típico papel de hombre torturado), quien no consigue superar la repentina muerte de su madre, de la que incluso tiene visiones a plena luz del día. Carter, quien necesita dinero para ayudar a su hermano recién salido de la cárcel, acepta ayudarlo, pero pronto la relación decanta hacia la peor de las instancias, cuando Angel decida secuestrar a Tommy, con la intención de usar sus propias enseñanzas para sacar a la luz sus pecados escondidos, a través de la tortura física y psicológica.
Toda la trama está atravesada por los conceptos de pecado y culpa en un marco espiritual donde la noción de karma es en extremo importante. Eso en sí no está mal -es simplemente una aproximación a las experiencias de vida que tenemos-, pero Arrepentimiento aplica esas concepciones de la peor manera posible, no sólo con personajes y situaciones esquemáticos -la película utiliza todos los clichés posibles del manual del thriller con psicópata acosador, pero sin ningún giro cercano a la originalidad-, sino también con una narración donde se termina justificando el tormento en pos de la verdad, la revelación de las faltas y el supuesto crecimiento del espíritu. De la nada, se llega a un aval de las peores acciones posibles, porque para el realizador indudablemente no importan las formas, sino el resultado.
De esta manera, Arrepentimiento se va consolidando como un film siniestro que concibe al castigo como la única forma de espiritualidad y que encima pretende disfrazarse de sensible, dando lecciones de vida, cuando la verdad es que el único vínculo que establece con el espectador es de víctima y victimario. Adivinen qué rol tiene cada uno en esa relación.

