Por Daniel Cholakian
En una versión hegemónica, el lugar es conocido como Triple Frontera, pero para los organizadores del Festival Internacional de Cine de las Tres Fronteras el cambio de “Triple” por “Tres” y de “Frontera” por “Fronteras” no fue una cuestión de marketing, sino la posibilidad de empezar a construir un imaginario positivo y más apegado a la realidad de lo que se vive en esa región: las tres fronteras hablan de espacios diferentes que se unen, que conviven y que generan una identidad precisa. Juan Palomino, director del festival -que el sábado 18 tendrá la inauguración de su primera edición- contó a Fancinema cómo es que nació este encuentro y cuál es el compromiso político que surge desde su impronta.
-¿Cómo surge y cuál es la idea matriz del Festival de las Tres Fronteras?
Nace a partir de un hecho fortuito. Katryn Bigelow tenía intención de filmar una película donde ella, según su hipótesis, iba a contar la historia de las células escondidas de Al Qaeda en la zona de Ciudad del Este. Estaba buscando escenarios en la región aunque después la historia real la obligaría a mirar hacia Afganistán para hacer su película. En ese momento, con Daniel Valenzuela estábamos en Misiones filmando la película A la deriva, de Fernando Pacheco, y una entrevista en un noticiero de uno de los canales importantes de la región nos preguntaron qué pensábamos a propósito de la cuestión y nos pareció que era importante plantear una respuesta, una mirada que contradijera esta versión hegemónica de la Triple frontera -para nosotros de acá en más Tres fronteras- como una amenaza para el mundo. Claramente nos pareció que hacer el festival era una manera de contrarrestar esa visión centralista y propia del imperio. De modo que las bases de sustentación de este festival es la de construir una mirada que desde el arte permita establecer un contacto con las tres fronteras desde otro lugar, acercarnos a la cultura guaraní presente en la zona que es de una riqueza fabulosa. Nosotros creemos profundamente que el arte, en su capacidad de establecer vínculos y abrir las puertas a otras miradas, nos facilita esa tarea. Ahora bien, a partir de esta idea trabajamos durante cuatro años para entender cuál era el mejor modo de establecer esos vínculos, de trabajar con la gente de la región, de encontrar la forma que debería tener un festival cinematográfico en esta zona, que es la zona del futuro, ya que está emplazada sobre la mayor reserva de agua del planeta, el acuífero guaraní. Hay que pensar en lo que significa esto, especialmente teniendo en cuenta los datos históricos que nos muestran qué pasó con el petróleo en Irak y las falsas denuncias a propósito que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masivas en su poder, lo que era una falacia. El festival tiene esa impronta, la de proponerse mirar desde otro lugar y encontrarnos a través del arte y la cultura, con lo pobladores reales de la región.
–Justamente ustedes están planteando una relación importante con el público, en tanto la gente que vive allí, y están planteándose una estrategia particular para trabajar y vincularse con el público local.
Desde que comenzamos con la organización lo que priorizamos fue el contacto y la relación con los habitantes reales de la región. Esta es una zona sin salas cinematográficas, de modo que tuvimos que definir cómo y dónde proyectaríamos. La decisión fue entonces organizarlo en la ciudad, en relación con los pobladores. Para eso vamos a montar carpas donde se realizarán las proyecciones y las actividades paralelas. Durante el tiempo que venimos trabajando nos relacionamos con las escuelas -hicimos funciones para traer a los alumnos hacia el festival-, con los centros de jubilados, con los comerciantes de Puerto Iguazú que nos apoyan con mucho entusiasmo e incluso con la Gendarmería, que nos facilita el espacio donde vamos a hacer la ceremonia inaugural, donde pondremos una pantalla inflable en un espacio con capacidad para 2500 personas. Nosotros venimos trabajando para sostener el festival con la participación activa de la gente. Los verdaderos protagonistas del festival son los habitantes de la zona. Más allá de lo glamoroso que tiene todo festival de cine, acá la alfombra roja es el piso rojo de la propia tierra misionera, que es mucho más potente en su fuerza expresiva que lo que nosotros podamos poner como marco para el festival.
–En materia de programación ¿cómo fue que la construyeron?
Contamos con dos programadores como Nacho Garasino y Nicanor Loreti y con ellos lo que buscamos es conformar una programación que nos permita remitir a la identidad de la zona, pero también a lo que en América Latina plantean las distintas cinematografías. De ese modo podemos pasar de un documental ecuatoriano como ¿Qué pasó? a propósito de la muerte de Jaime Roldós, a una película brasileña que se llama La despedida, donde el protagonista es un anciano de 90 años que se despide de su amante de 40. Podemos atravesarnos con una película fuera de competencia como Walker, de Alex Cox, filmada en pleno gobierno de la revolución sandinista, de allí saltar a Dennis Hopper con The last movie, filmada a comienzos de los años ’70 en Perú. Pero va a inaugurar Relatos salvajes, de Damián Szifrón, que también tiene una visión que puede abrir a polémicas. Además tendremos un homenaje a Ramón Ayala, un hombre clave en la cultura de la región. Hay una serie de películas latinoamericanas que presentan distintas visiones de lo que sucede en cada uno de los países, con films de México, Puerto Rico, Venezuela, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y por supuesto Paraguay y Brasil, que son parte de estas Tres Fronteras.
-¿Cómo es hacer un festival de cine que contenga ese elemento glamoroso que vos mencionabas -han invitado muchas figuras del cine que aportan esta característica- y a la vez se manifiesta claramente como un festival de fuerte contenido político?
Yo creo que toda forma de arte es política. Esto está puesto de manifiesto en la programación y en el modo concreto en que organizamos el festival, en carpas, mirando a los habitantes del pueblo y a las tres fronteras, y sin dudas es un desafío muy grande. Por lo tanto ese es el punto de partida, todos los compañeros actores y actrices a quienes hemos invitado no dudaron en participar de la propuesta porque les ha parecido un desafío muy grande. Hace poco tiempo fuimos invitados al Festival de Cine de Gramado en Brasil y cuando contamos allí la idea les pareció fascinante, ningún periodista, ningún jurado, ninguna autoridad de otros festivales de cine habían estado en uno realizado en carpas. De hecho hay un solo festival de cine en el mundo, que es el Festival de Cine Saharaui en el Africa Meridional, que lo organiza un actor español bastante radicalizado que ahora vive en Cuba, y del cual han participado varias personalidades del mundo del cine, entre ellos Javier Bardem, que es un defensor de la causa Saharaui. Es cierto que allí se hacen en las carpas de beduinos que es donde ellos viven y obviamente el clima ayuda. Aquí esperamos que el tiempo nos acompañe para que no tengamos que recurrir a nuestro plan B, en el cual las actividades se harán en un lugar cerrado. Quien venga al festival se va a encontrar con un marco realmente impresionante, frente a las tres costas que se encuentran allí en el cruce de los ríos. En el encuentro del verde Paraná y el Iguazú marrón se encuentran también las tres fronteras, porque los ríos no son una separación, sino un modo de encuentro. Es esa foto la que queremos rescatar, porque más allá de la belleza de las cataratas, esa es la foto del festival.
Más información: http://cinetresfronteras.com.ar/

Juan Palomino: “Acá la alfombra roja es el piso rojo de la propia tierra misionera” http://t.co/eUux8vbmhD