Patricio Guzmán murió este martes a los 85 años en París, ciudad en la que residía desde los años ochenta luego de verse obligado a exiliarse tras el golpe de Estado de 1973. Considerado una de las figuras más influyentes del cine documental chileno y latinoamericano, construyó durante cinco décadas una filmografía dedicada a explorar la memoria histórica de su país. Según fuentes cercanas al realizador, la causa de muerte fue un paro cardiorrespiratorio.
Su obra más reconocida fue La batalla de Chile, la lucha de un pueblo sin armas, la trilogía integrada por La insurrección de la burguesía (1975), El golpe de Estado (1976) y El poder popular (1979). Guzmán había comenzado a filmarla en las calles de Santiago cuando el golpe interrumpió el gobierno de Salvador Allende. Tras ser detenido en el Estadio Nacional, logró salir de Chile hacia Cuba con el material registrado y completó allí el montaje con la colaboración del ICAIC. La película se estrenó en más de 35 países y recibió premios en festivales de Grenoble, Bruselas, Benalmádena, La Habana y Leipzig.
La realización de la trilogía fue posible gracias a una red de solidaridades internacionales. El material filmado fue sacado clandestinamente de Chile con la colaboración del embajador sueco Harald Edelstam y trasladado primero a Estocolmo y luego a Cuba. El camarógrafo Jorge Müller, integrante del equipo junto a Bernardo Menz, José Bartolomé y Federico Elton, fue secuestrado por la DINA y permanece entre los detenidos desaparecidos de la dictadura.
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Guzmán había comenzado su carrera cinematográfica después de estudiar Teatro, Historia y Geografía, y Filosofía. En 1967 viajó a Madrid para formarse en la Escuela Oficial de Cinematografía. Su primer largometraje, El primer año (1972), registró los comienzos del gobierno de Allende y llamó la atención de Chris Marker, quien adquirió sus derechos de exhibición en Francia y posteriormente le entregó material fílmico utilizado para La batalla de Chile.
Durante el exilio, Guzmán continuó desarrollando una filmografía centrada en la historia y la memoria chilenas, con títulos como En nombre de Dios (1987), Chile, la memoria obstinada (1997), El caso Pinochet (2001) y Salvador Allende (2004). También fundó en 1997 el Festival Internacional de Documentales de Santiago (Fidocs).
En la última etapa de su carrera, su cine adquirió una dimensión cada vez más poética. Nostalgia de la luz (2010) vinculó el trabajo de los astrónomos en el desierto de Atacama con la búsqueda de los restos de detenidos desaparecidos; El botón de nácar (2015) obtuvo el Oso de Plata al Mejor Guion en la Berlinale, mientras que La cordillera de los sueños (2019) ganó el Premio Ojo Dorado al mejor documental en Cannes y posteriormente el Goya a la Mejor Película Iberoamericana. Su último largometraje fue Mi país imaginario (2022), sobre el estallido social chileno y el proceso constituyente.
Reconocido con premios en Cannes, Berlín y el Cine Europeo, Guzmán recibió en 2023 el Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisuales de Chile, distinción que compartió con Raúl Ruiz entre los cineastas que la obtuvieron.
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