Por Mex Faliero
La cuarta temporada de El Oso fue la que ha tenido un recibimiento mucho más tibio hasta el momento, y tal vez haya una respuesta para eso. Es que la creación de Christopher Storer ensayó a lo largo de estos nuevos diez episodios una suerte de acercamiento entre los personajes, luego de tantos gritos y tironeos de temporadas anteriores (sabemos, a los espectadores actuales les gustan más los gritos que otra cosa). No es que no hubo gritos y reproches, algo habitual por cierto en la familia Berzatto, pero sin dudas hubo más pedidos de disculpas e intentos de tregua. Un ejemplo de las intenciones de la temporada fue el capítulo 7, muy estratégicamente titulado Bears, que funciona en espejo con el muy celebrado Fishes de la segunda temporada, ese donde una cena navideña terminaba en desastre y con un auto estrellándose contra una casa. Es, por cierto, un capítulo icónico dentro de la serie, en esa corriente de capítulos exasperantes e intensos. En Bears, otra vez los Berzatto se reúnen en una celebración, en este caso un casamiento, pero en lugar de terminar todo a los gritos y empujones, se genera un espacio de encuentro bajo una mesa (en una de las secuencias más queribles de la historia de la serie), donde las múltiples asperezas son limadas en diálogos perfectos que van derribando las barreras que muchas veces los personajes se auto-imponen. Y esa es una de las lógicas de una temporada mucho más amable y menos cínica que las otras, y con columna vertebral construida a partir de un pequeño detalle: una cuenta regresiva impuesta por el tío Jimmy (Oliver Platt), que al llegar a cero determinará el cierre del restaurante. La cuarta temporada de El Oso no recurre tanto a episodios individuales, aunque los hay y muy buenos, como el 4, Worms, en el que Sydney (Ayo Edebiri) tendrá un encuentro con su sobrina mientras trata de resolver su propio conflicto: seguir o no seguir en “El Oso”. Y esa es otra de las mochilas que pesan sobre la espalda de esta temporada, y que va generando un ruido de fondo hasta el capítulo final, que cuenta con un giro sorpresivo y con una decisión formal más que atendible: mantener toda la atención en un diálogo, y un cigarrillo compartido, entre Sydney, Carmy (Jeremy Allen White) y Richie (Ebon Moss-Bachrach) mientras dirimen el futuro del restaurante. Más pareja y emotiva que la temporada tres, esta cuarta sesión de la serie de Storer pudo no haber generado tanta pasión, pero mantuvo el interés y la calidad, confirmando que se trata de una de las series más sofisticadas del presente. Ya sólo el diálogo entre Donna (Jamie Lee Curtis) y Carmy, mientras este se acerca a su madre cocinándole un pollo al horno, confirma la confianza en un producto hecho en base a personajes, diálogos y decisiones formales fuera de norma. La temporada cinco ya fue confirmada. La esperamos.
NdR: las cuatro temporadas de El Oso se encuentran disponibles en Disney+.
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