Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
El anuncio de la cancelación de Duster, apenas unos días después del lanzamiento del último episodio de su primera temporada, era esperable, pero igualmente decepcionante. Esperable porque la serie creada por J.J. Abrams y LaToya Morgan, a pesar de tener consenso crítico, nunca llegó muy alto en las tablas de ranking ni generó ruido en las redes, quedando casi siempre fuera del radar. Decepcionante porque estábamos ante un policial muy sólido, que sabía construir un conflicto central progresivamente, haciéndolo cada vez más grande y complejo, pero también desplegar otras subtramas que tenían potencia y que interactúan de forma muy fluida entre sí. Y que, además, nos presentaba un mundo repleto de matices, fácil de reconocer y a la vez fascinante, habitado por personajes ciertamente cancheros, pero también muy humanos y con los que era fácil empatizar. Situado en la década del setenta en el suroeste norteamericano, el relato se centra en Jim Ellis (Josh Holloway), un conductor que trabaja para una organización criminal liderada por Ezra Saxton (Keith David), un tipo que puede pasar de amable a despiadado en cuestión de segundos. Ellis es de esos individuos que parece estar bien con todos y que está cómodo con una labor que es indudablemente ilegal, pero tampoco tan peligrosa por el rol secundario que cumple, pero eso cambia por completo con el arribo de Nina Hayes (Rachel Hilson), una joven pero decidida agente del FBI que tiene a Saxton entre ceja y ceja. Hayes en parte forzará y a la vez convencerá a Ellis de convertirse en informante, poniendo el dedo en la llaga: la muerte del hermano mayor de Jim, que también trabajaba para Saxton y del cual todos hablan como si fuera una leyenda, pudo no ser un accidente, sino un asesinato en el cual quizás participó su jefe. Esa asociación entre ambos será el disparador para una multitud de giros argumentales, donde las acciones y propósitos de ambos están siempre al borde de ser descubiertas, pero también para la exploración de un submundo donde el imperio criminal comandado por Saxton convive con otras organizaciones mafiosas y fuerzas clandestinas integradas por gente muy poderosa. En su búsqueda de la verdad, Ellis y Hayes se toparán con una trama ilegal que involucra a rusos, gente cercana a la Casa Blanca, a un tal Richard Nixon y hasta a Howard Hughes. Sin embargo, contrario a lo que podría esperarse en estos tiempos solemnes, la historia conspirativa es una excusa para que Duster plantee desde el comienzo un tono juguetón que nunca abandona, incluso en sus momentos más dramáticos, violentos o angustiantes. Hay dos indicadores básicos de eso: el título de la serie, que hace referencia al auto que maneja Jim, y la secuencia de créditos, que nos muestra una alocada persecución hecha con autitos de juguete. Ahí es donde pareciera que Abrams y Morgan nos dejaran en claro que todo es artificio, que no hay que tomarse las cosas tan en serio, lo cual no significa necesariamente que tengamos que tomar distancia de lo que vemos. Con su retrato de época que alterna entre lo ácido, lo retorcido y lo melancólico, sin dejar de lado un humor decididamente negro y una estructura narrativa que coquetea, a partir de su mixtura de géneros -policial, thriller, comedia, drama familiar- con el disparate y el inverosímil, Duster nos propone, en cada episodio, dejarnos llevar por el puro disfrute. Y encuentra en varios de los integrantes de su elenco -no solo Holloway, Hilson y David, sino también Corbin Bernsen como el padre de Jim- a los intérpretes perfectos para encarnar esa atmósfera particular. El final de temporada, a pesar de clausurar ciertos conflictos, también dejaba todo abierto para nuevas y más peligrosas aventuras. Una razón más para sentirse decepcionado.
-Los ocho episodios de Duster están disponibles en HBO Max.
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