Por Mex Faliero
Hace unos meses la gente de Revista Ajo me pidió un informe sobre el cine marplatense (léanlo acá), el cual terminó siendo un extenso resumen con una serie de opiniones de peso: realizadores, críticos y gestores de espacios cinematográficos dejaron su parecer sobre aquello que está ocurriendo en la ciudad. Pero ese informe, por la sumatoria de voces y por las dimensiones lógicas que debía tener el texto, acercó sólo algunas de las ideas de cada entrevistado. Nuestra intención en Fancinema es, entonces, recoger todas esas opiniones sin recortes y ofrecer un dossier con las diferentes miradas. Lo que verán, día tras día, será un cuestionario similar para cada entrevistado. Lo que importa, claro, son las opiniones que cada referente tiene para ofrecer.
-Hoy: Mariano Laguyas, director de Chau y actualmente se encuentra en etapa de producción de su próximo largo, El tiempo compartido.
-¿Existe el cine marplatense?
Sí, existe como categoría. El hecho que cada año haya la cantidad de cortos, medios y largometrajes que se realizan en Mar del Plata o por marplatenses me obliga a reconocer su existencia, aunque para mí todavía es muy difícil identificar sus rasgos.
-¿Qué es lo que define la figura de un cine regional -en este caso marplatense-?: ¿la aparición de más gente filmando en un mismo lugar o la presencia de símbolos culturales identitarios y comunes entre películas?
Creo que ambas. La posibilidad de que ciertos símbolos culturales identitarios aparezcan recurrentemente o puedan llegar a ser identificados, se da cuando hay un mínimo nivel de producción (cantidad). Y si me es difícil definirlo ahora, que la tecnología ha cambiado y aumentado tanto la producción, supongo que hace unos años hubiera sido poco menos que imposible. Que se estén planteando estos interrogantes seguramente impulsará, retroalimentará el debate, y fomentará la producción.
-¿Qué diferencias encuentra entre las producciones locales actuales y las que se hacían -por poner una fecha- hace una década?
Mis referencias de la producción de audiovisuales en Mar del Plata en 2005 son muy personales. Creo que en aquellos años los interesados en los audiovisuales éramos bastante menos y a la vez estábamos mucho menos unidos o ligados, lo que dificultaba el feedback. Ya funcionaban el Instituto Bristol, la Escuela Fellini y Videofactorías, pero no recuerdo que hubiera tanto contacto entre los grupos como lo hay hoy. Lo que sí recuerdo muy bien es que el video digital recién comenzaba a usarse y estábamos maravillados por la enorme diferencia respecto a trabajar con tape. Además, la posibilidad de editar y re editar la imagen y el sonido sin perder calidad y a muy bajo costo, revolucionó la configuración de los equipos para encarar una producción.
-¿Cuánto ayuda a la proliferación de realizadores la posibilidad de una tecnología al alcance de la mano? La pericia técnica, ¿lleva invariablemente a la presencia de mejores artistas?
Ayuda muchísimo. Que la tecnología baje los costos de producción es crucial, pero creo que es el dominio de la técnica (¡no sólo de la tecnología!) lo que conduce a la excelencia artística. También creo que esta pericia técnica a lo que conduce es a artistas del sonido, artistas de la fotografía, del maquillaje, de la escenografía, del guión, de la dirección. Entiendo que parte del asunto es aprender a no aislarse y lograr buenos equipos de trabajo.
-¿Es posible hablar de un cine marplatense sin un público que acompañe estas propuestas? ¿Hay público? ¿Cómo se debería construir?
Perfectamente estas características identitarias se pueden manifestar sin que haya un público masivo o que sea el sostén económico de estas producciones. El público del “cine marplatense” no tiene que ser necesariamente marplatense (le pasó al llamado NCA). Igualmente el salto de calidad, el aumento en la producción ha permitido que se creen lazos emocionales entre los actores, los equipos de trabajo y el público que ayudan mucho a crear audiencia. Podemos decir que en Mar del Plata ya hay un público consolidado de producciones locales, que más allá de la expectativa artística, le gusta de encontrar en la pantalla a sus artistas. Y eso fomenta la calidad artística, creando un buen circuito.
-¿Parte del problema es la imposibilidad de profesionalizar las diversas actividades que involucran lo cinematográfico? ¿Hay campo de acción en la ciudad para eso?
Siento que estamos viviendo el tránsito entre el “realizador” y la comunidad (coincidiendo con que hoy en Argentina se habla de la “crisis del cine de autor”). De a poco se está dando esta profesionalización o al menos la especialización. Quizá todavía hoy en Mar del Plata no hay demasiadas chances para tomar ciertos roles como una profesión, porque priman las producciones “a pulmón” sobre las que remuneran con dinero el trabajo de los técnicos, pero definitivamente eso es independiente de la mejora en la calidad.
-¿Es posible desarrollar la idea de un cine marplatense, sin el acompañamiento de técnicos y actores que ayuden a modelar una estética?
Yo además formularía estas preguntas ¿cuántos estamos interesados en desarrollar la idea de un cine marplatense? ¿Es necesario que los hacedores del cine marplatense sean conscientes de su creación? Aunque no nos lo propongamos, los marplatenses que grabamos en Mar del Plata ¿podemos dejar de estar haciendo “cine marplatense”? En este punto creo que el tema puede ser un poco más de resultados que de intenciones. El “cine marplatense” surgiría como fruto, como consecuencia del aumento del número de producciones. Como genuina categoría que atraviesa los géneros, las estéticas, los estilos personales y emerge más allá de las pretensiones. Creo que algunos directores, técnicos y actores lo que quieren es simplemente contar una buena historia sin poner el acento dónde transcurre o si es conscientemente reflejo de su sociedad. Hacer y que lo hecho quede “perfecto”, lo mejor posible, o lo más cercano a lo ideado, porque encuentran mucho placer en la experimentación, en el camino y no sólo a la meta. Respecto a las cuestiones técnicas, las mejoras son enormes y no dejo de sorprenderme. Todavía se encuentran producciones desparejas, con segmentos en excelente calidad y otros no tanto, pero cada día estamos mejor en cuanto a lo técnico audiovisual. Yo veo que los actores marplatenses están cada día más interesados en participar en proyectos de cine o audiovisuales en general, y que muchos buscan capacitarse para hacerlo mejor. El punto es que si su registro no fluye con el encuadre cinematográfico jamás se los podrá responsabilizar por eso. En el caso del cine, el último (único) responsable de la estética es el director, que elige el elenco, que decide cuánto se ensaya (¡o no!), que da por buena la toma, que “dirige”.
-¿Cuál cree que es la presencia del Estado comunal y si le parece que debería involucrarse más? ¿En qué aspecto sería más necesario?
Que la Secretaría de Cultura sostenga a uno de los principales polos de capacitación en audiovisuales de la ciudad es un gran aporte, estratégico. Videofactorías lleva años de trabajo serio y ha formado a muchos de los hoy profesionales. Con la creación del Festival de Cine Marplatense veo que se aportó un muy buen espacio sobre todo simbólico, que permitió que muchos coincidiéramos y tuviéramos la ocasión de compartir. En cuanto a involucrarse con la producción, lamentablemente todavía se asocia el rol de coproductor con un señor que pone dinero. El Municipio, no sólo la Secretaría de Cultura, podría mejorar de muchas maneras que no son monetarias, el apoyo a la profesionalización de las producciones, y así llegar a transformarse en un actor de fomento más activo. También creo que nos corresponde a los productores aprender a explicar de mejor forma lo que pretendemos del Estado comunal.
-En lo personal, cuando ve un film local, ¿busca algo con cierto nivel de profesionalismo o prefiere profundizar en el terreno de las ideas cinematográficas, aún a costa de cierto amateurismo?
Siempre que voy al cine busco emoción y disfrute, sin importar quién, cómo, dónde se hizo la película. En el caso de las producciones locales, últimamente veo un alto nivel de calidad, por lo que la buena fotografía, el buen sonido, dejó de ser lo extraordinario, y eso ayuda mucho a conectarse con la historia. En cuanto a las producciones menos logradas, creo que no hay que perder de vista que el amateurismo es un paso imprescindible, que todos necesitamos dar, y que si luego no se conserva una considerable cuota de ese espíritu amateur, corremos el riesgo de convertir al cine en un “laburo”. Y para mí con eso solo no alcanza.
