–Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
Uno de los temas de fondo -hasta quizás el principal- de La diplomática es el vínculo como pareja, no solo en lo íntimo y personal, sino también en lo profesional, entre Kate (Keri Russell) y Hal (Rufus Sewell). Siempre al borde de la ruptura y el estallido, con vaivenes constantes y al mismo tiempo, paradójicamente, sólido, casi indestructible, ese matrimonio es en esta cuarta temporada el motor principal para todos los conflictos. O más bien, lo matrimonial en sí mismo, porque buena parte de las tensiones se construyen desde la interacción de Kate y Hal con pareja presidencial conformada por la primera mandataria Grace Penn (Allison Janney) y su marido Todd (Bradley Whitford), que se va haciendo cada vez más complicada. A eso hay que sumarle la relación entre Stuart (Ato Essandoh) y Eidra (Ali Ahn), que evoluciona hasta una formalización no exenta de enredos, malentendidos e, igualmente, mucho amor. La cuestión es que, si ya estaba todo muy tirante luego de que Kate se enterara de que Penn y Hal habían decidido apropiarse de un arma secreta que estaba en un submarino ruso hundido cerca de las costas británicas, un atentado contra la presidenta empeorará todo aún más. Es que Penn, a pesar de recuperarse rápidamente, comenzará a mostrar un comportamiento cada vez más inestable y errático, que incluirá decisiones inconsultas, arbitrarias y, finalmente, entre peligrosas y casi tiránicas. Las referencias a las conductas que van de lo excéntrico a lo explosivo por parte de Donald Trump están a la vista, aunque si se afina un poco la mirada también se pueden intuir en Penn rasgos del aislamiento y la falta de registro de la realidad de Joe Biden. Pero, en verdad, La diplomática, por más que se la pueda ver con el prisma de la geopolítica actual, vuelve a construir un mundo propio, uno donde todo está al borde del disparate y el estallido. Si bien esta temporada tiene un puñado de capítulos en el medio donde no parece haber un rumbo claro porque la distancia entre Kate (en el Reino Unido) y Hal (en Estados Unidos) impone cierta burocratización a la narración, incluso a pesar de que el relato introduce unos cuantos acontecimientos disruptivos. Pero desde el sexto episodio en adelante, todo se va poniendo cada vez más inestable e impredecible, con decisiones que escalan en sus repercusiones en múltiples frentes. Y eso lleva a un cierre de temporada que puede calificarse fácilmente como idealista, aunque al mismo tiempo se rompe todo. Ahí es donde vuelve a quedar claro que La diplomática está protagonizada por personajes que tienen algunas convicciones claras y otras no tanto, que en ciertos momentos se muestran como grandes profesionales y en otros como seres a la deriva. Por eso también los diálogos y situaciones que pueden pasar de lo solemne a lo lindante con la comicidad más absurda e irónica. A esta altura del partido, ya queda claro que la experiencia con esta serie no es tanto de análisis y reflexión, sino de disfrute, de dejarse llevar por el vértigo y la ansiedad por saber no cuándo, sino cómo todo va a volar por los aires.
-La cuarta temporada de La diplomática está disponible en Netflix. Ya está confirmada una quinta entrega.
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