Título original: The Runner // Origen: Reino Unido // Dirección: Kevin Macdonald // Guión: Mark Gibson // Intérpretes: Gal Gadot, Damian Lewis, Rory Wilmot, Alfred Enoch, Phoenix Di Sebastiani, Nathan Kirby, Hélder Fernandes // Fotografía: Anthony Dod Mantle // Edición: Sam Rice-Edwards // Música: Tom Hodge // Duración: 85 minutos // Año: 2026 // Plataforma: Prime Video
2 puntos
GAL GADOT EN CALZAS
Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
Un colega me dijo “debo reconocer que vi Carrera contra el tiempo por la posibilidad de ver 90 minutos a Gal Gadot en calza”. Debo reconocer que es una buena razón para ver esta película disponible en Prime Video. Es más, quizás es la única razón, teniendo en cuenta que estamos ante un thriller flojísimo, demasiado solemne para todo el disparate que despliega.
Porque ya desde el vamos todo lo planteado roza lo inverosímil, pero es potencialmente divertido si no hay pretensión de dramatismo y algo de autoconsciencia. El relato se centra en Maia (Gadot, en calza, obvio, ¡uipi!), una fiscal y madre soltera que va a tener un día importante en la corte y que sale a correr por Londres como parte de su rutina habitual antes de encarar la jornada laboral. Pero su mañana se altera por completo, ya que recibe una llamada de un número desconocido y cuando atiende, escucha a un misterioso hombre (Damian Lewis) que acaba de secuestrar a su hijo, al que amenaza con matar si ella no hace lo que le ordena. Y la tarea que le encomienda es compleja: correr hasta el otro lado de la ciudad, a un hotel donde se encuentra un testigo decisivo para su caso y al que debe asesinar. Y encima tiene que hacerlo en menos de una hora, antes de que lleven a la corte a esa persona y se pierda la ventana de oportunidad. Sin muchas alternativas, a Maia no le quedará otra que correr, mientras trata de elucubrar un plan alternativo que le permita salvar a su hijo sin terminar en la cárcel.
Si ya todo es medio tirado de los pelos, Carrera contra el tiempo suma giros cada vez más absurdos, como para que no nos tomemos muy en serio el asunto. Por ejemplo, la protagonista comete en su corrida un sinfín de delitos y, por esas casualidades de la vida, siempre sale impune: hay de hecho una secuencia donde le roba el celular a un hombre negro, este la persigue, pero termina detenido por otra gente que piensa que la está acosando, de la que, si hacemos una lectura racial, estamos fritos. Hay muchos casos de películas que tienen claro que lo que cuentan es cualquier cosa y que, en función de eso, se van inclinando para el lado de lo lúdico y hasta la comedia, como Celular o Terror a bordo. Sin embargo, el film de Kevin Macdonald nunca consigue ir hacia ese territorio, que es el que le daría una particular credibilidad a su premisa y, en cambio, se va poniendo cada vez más seriota, queriendo ser no solo un drama materno-filial, sino también uno moral y de voluntades, con una heroína que la pasa muy mal y un villano perverso y manipulador. Pero esta apuesta sale pésima, porque todo es esquemático a más no poder, lo cual afecta a la vez el desempeño de Gadot, que nunca llega a ser creíble y se la pasa impostando angustia, y el de Lewis, que con el poco material que tiene a disposición jamás está cerca de construir un antagonista mínimamente atractivo.
Igual, lo peor de Carrera contra el tiempo está en sus últimos momentos, con una resolución directamente insostenible, incluso en comparación a todo lo que se había visto en los minutos previos. Allí, la película provoca precisamente lo que no puede un exponente de su tipo: la risa involuntaria del espectador. Antes, hasta incurre en el pecado de desperdiciar el paisaje londinense con un montaje videoclipero y banal. Eso sí, a pesar de no dejar error por cometer, Carrera contra el tiempo no ofende -es realmente imposible tomársela en serio, por más que lo intente denodadamente- y quizás ese sea su único (e involuntario) mérito.
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