–Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
Ya habíamos dicho previamente que Mayor of Kingstown es la serie más oscura cocreada por Taylor Sheridan y la cuarta temporada, aún con sus desniveles, lo confirmó plenamente. Si el cierre de la tercera entrega había sido denso y oscuro, las repercusiones escalaron el tono entre tenso, violento y marginal del mundo en el que Mike (Jeremy Renner), mal que le pese, se mueve como pez en el agua. Por un lado, con su hermano Kyle (Taylor Handley) preso por el uso excesivo de fuerza contra un colega, Robert (Hamish Allan-Headley), que se ha convertido en un peligro para todos. Por otro, por la llegada de una nueva alcaide, Nina Hobbs (Edie Falco), que le pone obstáculos de forma constante y que no es precisamente neutral. Pero también por el arribo a la ciudad de Frank Moses (Lennie James), un mafioso de Detroit que busca una alianza con Bunny (Tobi Bamtefa), aunque eventualmente se descubrirá que solo juega para su propio beneficio. A eso se le sumará una guerra cada vez más cruenta contra una facción de narcotraficantes colombianos, que está integrada, entre otros, por un tal Cortez (Derek Rivera), un asesino imperturbable y profesional. Para colmo, poco a poco, un antiguo enemigo (aunque antes aliado) de Mike, Callahan (Richard Brake), irá cobrando cada vez más protagonismo, hasta convertirse en la mayor amenaza para el “Alcalde de Kingstown)” y los suyos. La serie logra balancear todas estas líneas narrativas -y varias subtramas más- con eficacia, aunque se nota que Sheridan ya no está en el día a día creativo, ocupado con otras series de su autoría, como Landman. El sostén principal que encuentra Mayor of Kingstown es un dinamismo constante, que va de la mano con el ir y venir, de un lado a otro, de Mike, un tipo que no tiene descanso, que busca estar en todo y manejar los hilos de la ciudad, incluso anticiparse a los problemas, pero que finalmente no es infalible. Su papel, de hecho, parece ser el de contener los daños, más que evitarlos, y hasta suele incurrir en las típicas maniobras donde los problemas y conflictos se arreglan con situaciones explosivas y caóticas. Aún así, con el correr de los episodios, se impone como el más astuto, como un jugador consumado en ese territorio que es Kingstown, que compite por quedarse con el premio a la peor ciudad en la que vivir. Renner vuelve a demostrar no solo que es un intérprete multifacético, sino también que nació para encarnar a un sujeto que tiene mil rostros y que hace lo que hace a su pesar, porque nadie más puede estar de los dos lados del mostrador como él. Ese antiheroísmo del protagonista sigue siendo lo más interesante de la serie, que esta vez entrega algunas resoluciones para los múltiples conflictos que plantea que lucen algo arbitrarias y apresuradas. En especial las vinculadas con las acciones de Moses y Callahan, que no les hacen justicia a dos criminales que en ocasiones se muestran ingeniosos, manipuladores y malignos, para en otras ser exactamente lo contrario. Igual, un par de frentes quedan abiertos de cara a la quinta y última temporada, que tendrá ocho episodios en vez de diez. Especialmente por el lado de los colombianos, que se muestran decididos y elusivos bajo el mando de Cortez. Seguramente se pondrá a prueba la capacidad de Mike de ser el mejor entre los peores, pero también se verá si finalmente puede escapar de ese mundo urbano terrible, que siempre lo arrastra cuando amaga con irse y lo hace convertirse en gestor y/o responsable de toda clase de tragedias, propias y ajenas. En eso, Mayor of Kingstown se parece bastante a una gran serie como Boardwalk Empire, que también tenía a un protagonista que en un momento quería salirse de la profesión criminal. Veremos si Mike tiene un mejor destino que Nucky Thompson.
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