Como es habitual en cada Festival de Cine de Mar del Plata, el equipo de Funcinema recorre la programación con breves reflexiones sobre cada películas. (65 películas reseñadas).
–& Sons, de Pablo Trapero / 6 puntos
El nuevo camino que toma Trapero respecto de su filmografía anterior supone un cambio de registro importante, aunque el tema de los lazos familiares continúa estando presente. Hablamos en este caso de un escritor llamado Andrew, encerrado en el estudio de una gran mansión, haciendo la vida imposible a su hijo menor Andy. El pasado de fama y consagración se ha convertido en una vida imposible, de constante autodestrucción y la proximidad de la muerte es la excusa para convocar a sus otros hijos a fin de revelar un insólito secreto. Desde el comienzo, los movimientos de cámara de Trapero intentan sacarse de encima el lastre teatral de la cuestión y habilitan una dinámica coreográfica tendiente a transmitir el peso emocional como el desgaste físico del personaje, hay que decir, al borde de la exasperación. No obstante, ciertos diálogos contienen las dosis de humor negro suficiente para escapar a la solemnidad del asunto. Si bien la película transita por pasajes de intensidad en los que se destacan las actuaciones, es inevitable no sentir una sensación de recarga dramática ya más cercana a la saturación. Los toques surrealistas destraban un acercamiento netamente realista, sin embargo, resulta inevitable la típica referencia al trauma de padre desastroso e hijos que sufren las consecuencias. Ese trasfondo trillado de tinte psicológico no aporta demasiado. Guillermo Colantonio
–18 hoyos al paraíso, de Joao Nuno Pintos / 7 puntos
Ya parece una tendencia en el cine contemporáneo asociar la amenaza ambiental con la desintegración familiar. Claro está, las propuestas difieren según quien se ponga detrás de cámara. Y hay que decir que Nuno Pintos trabaja estéticamente este malestar de modo pausado y con decisiones expresivas cuyos aciertos mucho se deben al uso de la luz en relación con la pintura. Estamos ante un verano abrasador y tres mujeres dependen de la venta de unas tierras. Cada cual da su punto de vista al respecto porque pertenecen a esferas e intereses diversos. Mientras esto ocurre, una serie de signos progresivamente instalan el peligro. Un accidente al principio y luego, una cadena de incendios que se acercan a la granja. La escasez de agua se torna desesperante y la naturaleza humana brinda su espectáculo en un juego de tensiones que abordan lo individual y lo colectivo, la salvación económica y el espíritu solidario, entre otros dilemas que asoman. Por momentos, el encierro recuerda a El ángel exterminador (1962) de Luis Buñuel, pero la intencionalidad política del realizador portugués queda manifiesta a partir de la idea de una conquista a la inversa: quienes antes ocuparon y colonizaron ahora intentan hacerlo con otros modos, sin embargo, la tierra se venga. Lo bueno de Nuno Pintos es que, como buen cineasta, no filma discursos. Guillermo Colantonio
–3000 kilómetros en bicicleta, de Iván Vescovo / 6 puntos
Se podría decir que la mayoría de las películas o documentales deportivos siguen la estructura narrativa de lo que se denomina el camino del héroe. Esta no es la excepción, aunque en su primera parte la presentación del personaje y su conflicto parezcan conducir hacia otro rumbo. En ese comienzo conocemos a Iñaki Mazza, un medallista de oro que ganó la competencia de BMX en los Juegos Olímpicos de la Juventud realizados en Buenos Aires en 2018. Luego de dos años sin estar tan vinculado a su bicicleta por desacuerdos con el ambiente deportivo olímpico, algunos de sus amigos intentan que vuelva a conectar con su pasión. Emprende un viaje a Rosario, donde de a poco vuelve a reincorporarse a su hábitat natural: los parques de BMX. Una amiga lo invita a una jam con temática de disfraces que se realizará en la ciudad de Córdoba. Ya entre las sierras, luego de un trip (viaje con hongos), dice que algo lo movilizó a reencontrarse con su pareja, que está en un centro de rehabilitación en Ushuaia. Aquí es donde realmente comienza el documental, o mejor dicho, donde la premisa del título se cumple. Los 3.000 kilómetros que separan ambas ciudades (Córdoba–Ushuaia) son el recorrido que hará Iñaki en su BMX para llegar a su objetivo: encontrarse con Abyss. Todo lo que narrativamente se necesita para que la historia sea interesante sucede como en una carrera de postas. El documental me generó una sensación de cercanía con el universo adolescente que muestra en esas tribus de BMX que el protagonista va cruzando a lo largo de su viaje y en algunos momentos hay un dejo del cine de Larry Clark. En una parte, aparece junto a su hijo Astro, Simón Saieg (Perras on the Beach, Simón Poxyran), actualmente Doppel Gangs, quien junto a Rodrigo Martínez es creador de la música que escuchamos, uno de los puntos más altos de la película. Gabriel Piquet
–A magnificent life, de Sylvain Chomet / 7 puntos
En 1956, después de presentar una obra de teatro con poco éxito, el cineasta, teatrista y escritor Marcel Pagnol es convencido por una mujer para que escriba algunos textos en su revista ELLE. La inspiración no llega, y cuando vienen a buscar el primer texto para la revista, Marcel, junto con una aparición de su yo niño, iniciará un viaje a los recuerdos de su vida. La virtud de la animación es contar de forma directa gran parte de la vida de Pagnol, desde 1905, cuando era un niño y su abuelo le dice que, haga lo que haga, elija una profesión que realice con amor. Conoceremos a su padre estricto, a su madre -a quien le escribía poemas- que murió joven y sería una constante referencia durante toda su vida. También a uno de sus hermanos, que terminó cuidando cabras y nunca se fue de su ciudad natal, cerca de Marsella. Veremos sus días como profesor de latín, su viaje junto a su primera esposa a París, donde la pasaría mal y escribiría obras de teatro chabacanas para lo que su padre, también profesor, esperaba de él. Luego vendrían el éxito teatral a fines de los años veinte y el posterior salto al cine a comienzos de los treinta. Su primera película, trabajando para la sede de Paramount en Francia; la creación de su propio estudio de cine en Marsella; el logro de popularizar en París el acento de su región en las películas que filmaba. También sus actores fetiche, que lo acompañaron en varias producciones, como Fernandel o Raimu, a quien el film dedica un momento melancólico cuando muere. La película utiliza la técnica de mostrar, mientras se exhiben en las pantallas de los cines animados, escenas reales de las películas de Pagnol. Todo es un sentido homenaje a este realizador, que no es de los más nombrados a la hora de valorizar a los autores del cine francés de las décadas del 30 al 50. Es, además, una forma de recordar a esas personas que fueron pioneras del cine sonoro y de un cine popular de una región de Francia que hoy está algo olvidado. Gabriel Piquet
–Amour Apocalypse, de Anne Emond / 7 puntos
La ansiedad y la depresión son las patologías que padecen los protagonistas de esta extraña comedia con ribetes absurdos, algunos importados de películas como Embriagado de amor, de Paul Thomas Anderson, sobre todo en el uso de la música en ciertos pasajes y en la configuración de Adam, el personaje masculino, dueño de una perrera, en conflicto con su padre y decidido a comprar una pirámide para meditar y cambiar la energía. Una confusión telefónica lo conecta con el mundo de Tina, quien también carga con su propio universo familiar enredado. Pero no son solo las personas las que colapsan: los miedos se activan además por la constante amenaza climática. En medio de este torbellino de confusiones y disparates habita una trama abierta a lo impredecible y alejada de los lugares comunes en los que se suelen explotar emociones baratas. A cambio, se ofrecen situaciones realmente divertidas que permiten atravesar la angustia. En su extravagante romanticismo se halla lo mejor de la película, por fortuna en dosis bastante mayores que el trillado camino del trauma psicológico. Si algo se celebra en esta historia de amor es la libertad y la caradurez de sus mejores momentos. Guillermo Colantonio
–Benjamín: el hombre que amaba los caracoles, Martín Virgili / 6 puntos
Mar del Plata: lobos marinos y alfajores Havanna. Uno de los fundadores de esa empresa fue Benjamín Sisterna (1914-1995), hombre de “vida rizomática” (palabras del director, sin pretensión, con acierto). Benjamín, noveno de once hermanos, comienza repartiendo pan, se convierte en uno de los fundadores de Havanna. Recibe el primer caracol por encomienda en 1931, se fascina hasta dar veintiséis vueltas al mundo, creando la segunda colección de caracoles más importante de América. El documental se dividide en capítulos, con una voz en off en primera persona que recupera las palabras del libro escrito por Sisterna, cuyo único registro audiovisual es la narración de una anécdota que, sagazmente, se suspende y retoma a lo largo del film. Hay imágenes sublimes de los caracoles; entrevistas; la grabación directa del viaje al pueblo natal, Vera, espacio vinculado a episodios funestos del pasado. Si te gustan los alfajores Havanna, los caracoles, el coleccionismo, las historias de superación personal o los momentos emotivos; si querés ver un documental producido por la Universidad Tecnológica Nacional, con equipo marplatense: mirá esta película. En la charla final un espectador contó que un día llegaron a su comercio de caracoles tres franceses de la organización Jacques Cousteau y les recomendó el Museo del Mar (creado por el hijo de Benjamín, para exhibir la colección con fines educativos); días después volvieron para decir que nunca habían visto una colección así; al narrador se le quebró la voz. Ese es el efecto del documental. Candelaria Barbeira
–Brides, de Nadia Fall / 7 puntos
Dos adolescentes, Doe (Ebada Hassan) y Muna (Safiyya Ingar), planean un viaje rumbo a Turquía para luego cruzar a Siria. Ambas son musulmanas: Doe es una refugiada somalí y Muna es paquistaní. La película es tramposa, pero eso no provoca disgusto; más bien, el giro que descubrimos a medida que avanza nos deja una sensación de vacío respecto a todo lo que veníamos viendo. Por un lado, se desarrolla la historia de las dos chicas escapando de Gales y sus aventuras en Turquía, antes de su último paso hacia Siria. Eso se mezcla con fragmentos, al principio confusos pero luego perfectamente ensamblados, que provienen de la mente de Doe. El entorno de las adolescentes es hostil: la misoginia está presente en todo momento. También hay una mirada algo inocente por parte de Doe hacia el universo musulmán; Muna, en cambio, es más cautelosa y asimila las ideas radicales pasándolas por el tamiz de la música y la ironía. Son refugiadas en el Reino Unido que, a diferencia de sus padres, creen que el “mundo mejor” no está en Europa, sino en Medio Oriente. Lo que sus progenitores hicieron (escapar de su país de origen en busca de libertad) aquí se invierte. Las chicas quieren huir porque todo lo que les sucede en sus hogares es negativo, e idealizan un credo a partir de lo que ven en las redes sociales. Son las “bichos raros” de su clase, convencidas de que en ese otro lugar serán tratadas como iguales. Todo el epílogo es conmovedor; tiene una fuerza que revaloriza lo que hemos visto previamente. Gabriel Piquet
–Calle Málaga, de Maryam Touzani / 7 puntos
Carmen Maura interpreta magistralmente a María Ángeles, una mujer viuda de 79 años que ha vivido la mayor parte de su vida en Tánger. Sus días son luminosos. Es feliz con su rutina: cocina, escucha vinilos, hace sus compras, disfruta de la comunidad y visita ocasionalmente a Josefa, la hermana monja, quien hace sus votos de silencio. Todo se altera con la llegada de su hija Clara, quien se ha divorciado y viene dispuesta a vender la casa. Su vida es complicada y la única solución es obtener dinero porque no puede sostener un alquiler. El registro de Touzani nunca abusa del sentimentalismo, por el contrario, apela a una sólida narración e incorpora dosis de humor que atenúan acertadamente la oscura atmósfera que se cierne sobre la problemática familiar. Además, lejos de la misantropía, comprende a sus personajes y nos los mira desde un lugar de superioridad moral. El resultado es un drama convencional pero no afectado, y con una estética que parece captar muy bien la integración en el histórico barrio, apostando a la visibilidad de los rituales colectivos en tiempos de individualismo recalcitrante. En este sentido, la historia de la hija -no demonizada- contrasta con la de la madre. Una película amable, en la mejor de las acepciones. Guillermo Colantonio
–Case 137, de Dominik Moll / 7 puntos
2018. Plena crisis de los Chalecos Amarillos en Francia. Stéphanie es, como ella misma se define, una “policía de policías”. Trabaja investigando los excesos y los malos comportamientos en la fuerza, lo que la pone en una posición incómoda para muchos de sus colegas, incluyendo a su ex marido. Luego de una protesta en París, llega a su despacho una mujer, denunciando que a su hijo casi lo matan con un balazo de goma en la cabeza. Este incidente, en apariencia rudimentario para su trabajo, empieza a complejizarse cuando Stéphanie descubre que la víctima y su familia son del mismo pueblo donde ella creció. Desde ahí, la película despliega una investigación con cierto aire televisivo, pero que funciona muy bien a partir del oficio con que se narra. Si bien la verdad es clara (o, al menos, esperable), parece estar rodeada por una fortaleza burocrática donde todos se cubren y, en definitiva, a nadie le importa demasiado. Los breves apuntes sobre la vida privada de la protagonista, como la relación con su hijo o con sus padres, contribuyen a que el espectador pueda entender su postura, y también acompañarla en esa gesta contra una maquinaria imposible de vencer. Si acaso hay un triunfo, será discreto, con consecuencias laborales y un alto costo emocional. Eso queda claro para Stéphanie y, al final, para todos nosotros también. Marcos Ojea
–Competencia argentina de cortos, Bloque 1, directores varios
(3) de Mathieu Ciulla y Simón Zorraquín, surge de un taller dictado por Werner Herzog, aborda el sonido de las piedras. Tu cuerpo en mi habitación (6) de Axel Cheb Terrab, toma su título de la canción Fuiste lo mejor de Intoxicados: la letra de la canción resume la premisa. El corto pone en escena el reencuentro amoroso entre dos personas con un vínculo intenso pero que no tiene futuro: él es un galán bohemio y despreocupado, ella vive en París y va a casarse. Se respira sexo y juventud. Rodada en interiores, construye intimidad y sensualidad con planos cerrados y edición. Financiada por el propio equipo. Los elegidos (6) de Fercks Castellani es un thriller psicológico sobrenatural de diez minutos. De gran potencia visual, genera imágenes impactantes. Abierta a lo alegórico de modo un poco forzado, sin diálogos (conveniente para el circuito internacional), con solo dos personajes en la orilla del mar, muestra una producción potente (hay fx, hay presupuesto). Una narración audiovisual que genera tensión con pocos elementos. Malandra (7) de Gonzalo Alzaibar. El título en lunfardo es coherente con en el tema y el tono, en la línea de Nueve reinas, regresa a una Argentina al filo del 2001. El protagonista gana un juicio e invierte esos diez mil dólares en un negocio clandestino. Actúan Sergio Boris, una actuación destacable de Paola Barrientos y el infalible Luis Ziembrowski. Trabajo final para la ENERC, muestra la calidad del cine argentino. Candelaria Barbeira
–Cordillera de fuego, de Jayro Bustamante / 5 puntos
Entre las montañas vemos aparecer nubes bajas. A medida que las imágenes van pasando, nos damos cuenta de que es humo: se forman fumarolas que van despidiendo gases. Es la antesala para descubrir algo que algunas de las comunidades indígenas (mayas) ya sabían que podría pasar: va a nacer un nuevo volcán. Toda esa región será arrasada por la lava. Dos vulcanólogas que trabajan para un organismo llamado Secretaría de Riesgos tratarán de ayudar a trasladar a las personas que habitan la zona. Emprenderán una lucha contra la corrupción gubernamental, representada por esa secretaría y por algunos intereses externos, como los inmobiliarios e incluso los turísticos. A esto se suma un pastor fanático que anuncia que todo es un mandato divino y que no deben retirarse. Paula, una de las vulcanólogas, tiene un pasado en una de las comunidades. Toda la primera parte de la película muestra el intento de Paula por salvar a la comunidad, encontrándoles un nuevo lugar donde vivir momentáneamente. La segunda parte está más vinculada con el intento de lograr que esa comunidad deje de ser nómada, que pueda asentarse, ya que ha sido expulsada no solo por este desastre natural, sino también anteriormente por una guerra interna en su país. Hay una caricaturización de los personajes que representan instituciones, lo que no ayuda a la forma en que se cuenta la historia. La historia tiene una dicotomía entre ser un artificio pensado para una película mainstream o un intento de relato social que busca involucrarse con los problemas de su país, quedando finalmente a mitad de camino. Gabriel Piquet
–Criollos, de Matías Tamborenea / 5 puntos
Un equipo de béisbol amateur en la Argentina que pronto forma parte de la liga local. La característica: todos venezolanos, muchos de ellos llegados hace varios años debido a los conflictos sociopolíticos que surgieron con el actual líder de ese país, Nicolás Maduro. El documental se centra en la figura de Julio Briceño, quien fue uno de los fundadores del equipo llamado Los Criollos. Se hace un breve repaso de la historia del deporte en nuestro país, pero esto funciona como un marco para hablar del desarraigo que sufrieron esos venezolanos que llegaron a Buenos Aires. Es interesante escuchar, de boca de los protagonistas, cuál fue el detonante que los llevó a tomar la decisión de irse. Algunos mencionan los conflictos de 2017, mientras que otros se remontan más atrás y ya hablan de su desacuerdo con el gobierno de Chávez. Tuve un problema al ver el documental: toda la primera parte, en la que se muestra el recorrido del equipo y su ascenso a otra división, no me generó empatía. Lo más rescatable es un diálogo entre Julio y su hijo, que nació en Argentina. Ese momento en el que, luego de mostrarle unas fotos de su juventud, le enseña otras cosas que se trajo de Venezuela, Julio le habla de los valores que recibió de su familia para luego decirle lo siguiente: “No importa qué tan lejos estés de tu casa, de tu familia y de tu patria, siempre vas a tener la oportunidad de estar cerca, y esa oportunidad la vas a tener guardando estos recuerdos. Al final de cuentas, estos son solo recuerdos, pero lo más importante es dónde los tienes: en el corazón”. Creo que en esta frase está la esencia de lo que muchos de esos venezolanos expatriados piensan. El documental, si bien intenta construir un conflicto relacionado con el desenlace que tendrá la continuidad del equipo de Los Criollos, resulta demasiado endeble como para mantener el interés durante mucho tiempo. Incluso algunos otros pequeños subtemas terminan siendo poco explotados. Gabriel Piquet
–Dreams, de Dag Johan Haugerud / 7 puntos
Ganadora del Oso de Oro en el Festival de Berlín, esta película es la culminación de una trilogía sobre las relaciones humanas que puso al director noruego en el mapa del cine europeo actual. La historia se centra en Johanne, una adolescente que se enamora de su profesora de francés. No solo se narra la experiencia del primer amor, sino también todos los conflictos que surgen ante esta relación inapropiada. Para intentar preservar sus emociones y pensamientos, Johanne decide escribir sobre sus vivencias. De ahí que la película adquiera desde el principio un tono fuertemente introspectivo, sostenido en la voz en off de la protagonista. Cuando la madre y la abuela leen lo que ha escrito, reaccionan de diversas maneras, aunque ambas piensan que aquello tiene potencial literario. Mientras discuten si vale la pena publicarlo, Johanne trata de resolver sus contradicciones, y las tres mujeres exponen sus diferentes puntos de vista acerca del amor, el sexo y la brecha generacional. Dreams reivindica el papel de la fantasía en nuestras vidas. Haugerud conduce este drama con gran sutileza, profundizando en la psicología de los personajes, al mismo tiempo que analiza cómo cambia el significado de una experiencia cuando es percibida por otros. Diego Menegazzi
–El beso de la mujer araña, de Bill Condon / 6 puntos
Con una carrera mayormente irrelevante, Bill Condon parece alumbrarse cuando dos asuntos se imponen en las historias: el cine y la música. Dioses y monstruos sigue siendo su mejor película y algunos musicales que dirigió demuestran cierta pericia para la puesta en escena. En ese sentido, El beso de la mujer araña contiene todos los elementos: es una historia donde la cinefilia funciona como conductor y a la vez la música y las canciones se imponen. Con un pie en la novela de Manuel Puig y otro en el musical de Broadway, a Condon las cosas le salen mejor cuando apela a su cariño hacia el musical clásico, mostrando una diferencia notable con la mayoría de los sobre-orquestados musicales modernos. Con su trama dividida entre la cárcel y las películas multicolores que Molina imagina (reveladora actuación de Tonatiuh), de más está decir que todo el asunto carcelario goza de un esquematismo buscado como para potenciar las secuencias musicales, que en algunos casos sobresalen. Hay sí en la presencia de Jennifer López algo que falta para dar forma a esa mujer elegante y misteriosa, mientras que algunas decisiones de puesta en escena del último acto terminan por desbalancear el asunto hacia el lado de la discreción. Igual la historia tiene su poder como para generar un mínimo interés. Mex Faliero
–El corazón del lobo de Francisco J. Lombardi / 7 puntos
Esta historia narra aproximadamente una década en la vida de un joven llamado Aquiles, quien fue cooptado por el grupo guerrillero Sendero Luminoso. Desde que es llevado junto a sus padres, siendo apenas un niño de diez años, es separado de ellos y sometido a un entrenamiento destinado a convertirlo en un camarada de la organización armada marxista-leninista-maoísta. La película muestra sus diferentes misiones y los momentos en los que fue puesto a prueba para demostrar que no era un traidor al partido. Hay varias escenas de gran crudeza que, según contó el propio director, representan apenas una pequeña muestra de lo que con los años se fue descubriendo sobre la organización. El eje de la historia es el deseo de Aquiles de escapar de ese entorno al que fue obligado a pertenecer, con el objetivo de volver con su familia, pero sobre todo de reencontrarse con su padre. En varios momentos se muestra a mujeres manejando fusiles y teniendo una presencia importante dentro del grupo armado, con un nivel de liderazgo similar al de los hombres. Sin embargo, también se deja ver que los rangos no eran tan equitativos como la teoría sostenía. Se nota que Lombardi tiene oficio para filmar: es un realizador de la vieja escuela, de los que ya no abundan. Todo esto queda demostrado en el conmovedor plano final. Gabriel Piquet
–Elegant beast, de Yūzō Kawashima / 8 puntos
Una familia disfuncional dedicada a las estafas -integrada por el padre, la madre y sus dos hijos- trata de sacar ventaja de sus actos para no volver a vivir en la miseria. La hija es amante de un escritor de novelas baratas, a quien le saca dinero a cambio de favores amorosos. El hijo, por su parte, estafa a una compañía musical para la que trabaja. Cuando los damnificados van al departamento a exigir explicaciones y recuperar el dinero, los padres montan toda una escena: esconden los objetos caros que compraron con la plata robada y se hacen pasar por humildes. Hay un giro en la trama cuando se revela que una contadora de la compañía musical -a la que el hijo estafó- es su amante. En ese punto la historia se enrosca, ya que esta mujer logra que el hijo le entregue parte del dinero robado. Se produce entonces un “desfalco del desfalco”. Esta red de estafas y contra-estafas es una genialidad. Los diálogos son una sucesión de inmoralidades donde la codicia de los personajes parece no tener fin. La locación es otra de sus virtudes: un departamento recreado en estudio (podría decirse que recuerda al de La ventana indiscreta). Solo cuenta con dos ambientes, pero todos los personajes entran y salen constantemente, aprovechando el espacio reducido con una capacidad increíble para generar diferentes ángulos de encuadre. A este escenario se suman unas escaleras que, en varias situaciones oníricas, representan el ascenso y la caída de los personajes. En ciertos momentos, la acción se detiene para crear un clima dramático: se destacan los rostros de los actores en primer plano o varios personajes quedan estáticos, generando una ruptura con el ritmo acelerado de las escenas anteriores. La música es otro elemento de contraste: desde la que escuchamos en los títulos iniciales hasta la que bailan los dos hermanos en una escena que podría formar parte de un musical enrarecido. Seguramente, en su época debió de haber sido una película diferente. No sé cómo le habrá ido con el público, pero pienso que, con los años, tuvo influencia en varios trabajos posteriores de directores reconocidos. Gabriel Piquet
–Espina, de Daniel Poler / 6 puntos
Jonathan es un joven parapléjico que tiene esta condición desde que nació, debido a una negligencia médica. Conocerá a una joven animadora en la fiesta de su tía y, junto a su chofer particular, emprenderán un viaje a Panamá. Allí vive el médico que dejó a Jonathan en ese estado; quiere ir a verlo cara a cara para hablar con él. La película gira en torno al enorme personaje que es Jonathan Benaim, quien padece esta condición en la vida real. Con mucho sarcasmo y humor, logra hacer aceptables situaciones que podrían caer fácilmente en el drama más lacrimógeno. El film es bastante preciso al mostrar cómo es el día a día del protagonista y lo incómodo que puede resultar para los demás ayudarlo con tareas básicas, como bañarlo o asistirlo con sus necesidades fisiológicas. Hay una escena que parece incluida más por obligación, quizás para facilitar una coproducción o acceder a fondos de festivales: la aparición de las drag queens. Si bien termina siendo divertida -ya que sirve de excusa para una performance de Jonathan interpretando Dr. Psiquiatra, popularizada por Gloria Trevi-, después no aporta demasiado a la trama. Hay algunos gags muy buenos; uno de los mejores es cuando se olvidan a Jonathan bajo la lluvia. Se puede decir que, en algunos momentos, la estética de la película resulta demasiado publicitaria, lo que provoca que la puesta en escena se vea algo plana. Gabriel Piquet
–Estate, de Elion Bar Tal / 5 puntos
La ópera prima del director radicado en Tel Aviv apuesta, en principio, a jugar con el misterio: hay un hombre, Assaf, que llega a la casa de un recién fallecido y se presenta como su hijo. Nadie lo conoce, pero lo aceptan sin demasiadas vueltas; solo su tío, quien vive en la casa y ve en Asaaf una posible amenaza de desalojo, lo trata con desconfianza. La aparición de una mujer joven, de quien se dice que era amante del padre, duplicará las tensiones entre los hombres de la casa, pero también llevará la película hacia un terreno menos claro. Thriller con ambición de radiografía social, drama indie entre dos outsiders, comentario político, todo empieza a caber en Estate, sin que la mezcla resulte homogénea. No es un mal ajeno a las primeras películas, donde muchos quieren decir demasiado. Al director, además, le juega en contra una puesta en escena de discreta para abajo, con una chatura formal que sólo encuentra sosiego en escenas puntuales. Un ejemplo es la de la empleada doméstica filipina bailando, un momento de gracia que poco tiene que ver con el resto. Quizás sin darse cuenta de que ella es el mejor personaje, o con una conciencia más bien cruel, la película la despacha con un golpe bajo que nos hace revolear los ojos y resoplar. Qué pesado, Elion Bar Tal. Ya veremos (quizás yo no) cómo sigue su carrera. Marcos Ojea
–Familia en renta, de Hikari / 6 puntos
Un actor norteamericano que vive en Japón padece, como parece regla en esa ciudad según el cine, la soledad y la depresión de la alienación. En los primeros minutos, la directora aprovecha perfectamente la robustez de Brendan Fraser para ponerlo a chocar con ese mundo apretado de cosas y gentes minúsculas. Un trabajo en una extraña compañía que simula situaciones sociales será el punto de quiebre para el personaje, que se irá relacionando con otros y descubriendo en ellos aquello que le falta, esos pedazos rotos del espejo interior que mencionaría Miguel Abuelo. Familia en renta es una película placentera, de dramas humanos y existenciales que lucen contenidos, en pos de un melodrama que elude los grandes giros o la épica interior. También, un film pequeño, sin mayores ambiciones, que no puede escapar de ciertas fórmulas esperables. En ese clima de discreción, en el buen sentido, la película se aprovecha de la buena actuación de Fraser y de la mano segura de Hikari detrás de cámaras, comprendiendo las asperezas que surgen de ese choque de culturas. Mex Faliero
–Flood, de Martin Gonda / 6 puntos
Una comunidad eslava ve amenazada la estadía en sus viviendas a raíz de la construcción de un embalse. La obra, que duró de 1981 a 1988, provocó el mayor desplazamiento de población de la historia de Checoslovaquia. Con este marco la película presenta un tapiz de historias personales y colectivas, entre las cuales se destaca la de la joven Mara, quien no solo lucha por concretar sus sueños para estudiar aviación, sino que debe lidiar con el cuidado de su padre viudo, arraigado a la más estricta tradición rusina. De modo tal que asistimos a conflictos generacionales y a la permanente tensión entre las ideas del individuo y el bien común. Gonda se toma su tiempo para diseñar un cuadro de disputas y situaciones adversas, por momentos con demasiada parsimonia y evitando que el relato fluya ágilmente. Esta pesadez temática y estética que confronta emociones, pero al mismo tiempo pasado y modernidad, refiere la amenaza de extinción de una familia, de un colectivo, con un tono lacónico, frío, que resulta dificultoso de seguir, más allá de algunos logros visuales. Guillermo Colantonio
–Franz, de Agnieszka Holland / 8 puntos
Un sorprendente acercamiento a la biografía de Franz Kafka, que abarca desde su infancia hasta su muerte por tuberculosis a los 40 años. El personaje, interpretado por el actor alemán Idan Weiss, aparece como un hombre angustiado, con dificultades para relacionarse con los demás y sometido por un padre autoritario. La película se esfuerza por presentar un retrato fiel de la compleja personalidad del escritor, evitando los lugares comunes y rompiendo las convenciones del biopic tradicional. Holland y su guionista Marek Epstein optan por una narración fragmentada con múltiples puntos de vista. Diversos momentos de la vida de Kafka se suceden de forma no cronológica, alternando con recreaciones de algunos textos, referencias al Holocausto y escenas documentales que dan cuenta de la mercantilización de su figura en la actualidad. Diego Menegazzi
–High stage, de Marcio Reolon y Filipe Matzembacher / 6 puntos
Un bailarín y actor gay llamado Matías, recién llegado a Porto Alegre, comenzará una relación con otro joven llamado Rafael, de quien sabe poco. Este último le dice que solo tendrán sexo una vez, pero a medida que la relación avanza, Matías se dará cuenta de que Rafael es un político con importantes aspiraciones para ganar las próximas elecciones que elegirán alcalde. Otro bailarín y compañero de casa de Matías, llamado Favio, tiene muchas posibilidades de conseguir un papel importante en una serie de TV de alcance nacional. Matías le quitará el rol protagónico, lo que generará otro conflicto. La relación entre Matías y Rafael tendrá un inconveniente para la campaña política de este último: ambos desarrollan un fetichismo por tener sexo en público, lo que puede traerle problemas en las elecciones. Por eso, el jefe de seguridad de la campaña, Camilo, se involucra y hará todo lo posible para que esto no salga a la luz. La película es un thriller que coquetea con el universo de Brian De Palma y William Friedkin. Cada salida de la pareja gay se transforma en un clima extraño porque pueden ser vistos, y los dos siempre van un poco más allá. Hay algunas escenas que generan tensión, como cuando aparece un zipper face (esas máscaras de cuero que usan habitualmente los sadomasoquistas) en medio de una fiesta y persigue a Matías hasta el parque donde muchos jóvenes hacen cruising. Todo va teniendo una escalada, que no solo aumenta en las escenas de sexo, sino también en la violencia. Quizás lo que falla es que no se anima a ser solo una película de género. Comparte algo de este universo con la francesa Un couteau dans le cœur (2018), película que no me sorprendería que los realizadores brasileños hayan visto. Gabriel Piquet
–Hola! Chau…, de Jorge Weller / 5 puntos
Un director de cine argentino que vive en Israel desde hace más de treinta años recibirá la visita de su padre y de su hermana menor. Todo esto ocurre en el momento menos oportuno: su familia está colapsada, ya que viven todos en una casa que les queda chica. La película gira en torno a la familia y los reclamos del pasado. El personaje del director se fue y hace más de diez años que no los ve. Su padre se está quedando ciego y su hermana menor tiene un retraso mental. Entre algunos “trapos sucios” que se sacan con su hermana mayor, el director intenta reparar ese tiempo perdido en el que no estuvo junto a ellos, tratando incluso de convencerlos de que se queden a vivir en Israel. A la película, a veces, le cuesta encontrar el tono preciso para que todos los gags funcionen, aunque lo interesante es esa fusión idiomática que genera situaciones risueñas. Hay algunas actuaciones que no terminan de convencer, o personajes que no resultan del todo interesantes: el padre del director, con sus constantes referencias a citas de personajes conocidos, es uno de esos casos. La película se sostiene gracias a la actuación de Pablo Rozenberg, quien en su papel de director de cine nunca se sale del tono. Su interpretación, más bien tranquila, evita la gesticulación exagerada y mantiene la calma incluso en situaciones que podrían desbarrancarse fácilmente. Hay un exceso de argentinismos nostálgicos que no ayudan, como las canciones o el uso reiterado de insultos. En la balanza, el lado israelí saca ventaja, porque los personajes parecen menos estrambóticos. Más allá de sus imperfecciones, es un intento por hacer reír que se valora en un festival plagado de dramas. Gabriel Piquet
–If I had legs I’d kick you, de Mary Bron Stein / 6 puntos
Una madre, interpretada por Rose Byrne, cuida de una hija que está entubada y requiere cuidados especiales. La directora utiliza como característica mantener a la hija casi fuera de pantalla durante casi toda la película: solo escuchamos su voz. El marido no está en casa y las conversaciones telefónicas entre ellos siempre terminan en discusiones. La profesión del personaje de Byrne se revela avanzada la película: es psicóloga y trabaja junto a un colega, interpretado por Conan O’Brien, con quien mantiene una relación algo conflictiva. La película es una muestra del talento actoral de Byrne. Es de esas películas por las cuales una actriz de Hollywood pagaría por conseguir el papel, ya que seguramente le traerá muchos premios. Interpreta a una madre con trastornos mentales que maltrata a su hija y se castiga, diciéndose incapaz de criarla. Su estado comienza a agravarse, y entramos en situaciones donde se revela su negligencia parental y sus constantes vías de escape -entre ellas, las drogas-, que utiliza para aliviar la presión que implica cuidar de alguien. Todo esto se presenta en un clima de thriller con elementos de enrarecimiento que lo acercan a ese término tan usado hoy en día: “terror elevado”. Salvo una escena muy deudora del cine de Cronenberg, no hay situaciones propiamente vinculadas al cine de terror. Es, más bien, un drama con algunos elementos fantásticos. El problema de la película es que todo lo que quiere contar podría resolverse en mucho menos tiempo. No es necesario reiterar los monólogos de Rose Byrne demostrando que puede interpretar a alguien psicológicamente alterado, algo que seguramente encantará a quienes no disfrutan del cine de género más tradicional y solo esperan que en la película se aborden temas importantes. Gabriel Piquet
–Impatience of the heart, de Lauro Cress / 6 puntos
Un joven militar llamado Isaac, que se encuentra con un grupo de colegas en un boliche, quiere sociabilizar con dos hermanas que están en otra mesa. Una de ellas permanece sentada y no parece divertirse. El joven intenta levantarla de su asiento para llevarla con sus amigos, pero la mujer cae al piso porque está lisiada. La vergüenza de lo ocurrido lleva al soldado a presentarse en la casa de la joven e intentar remediar la situación. Poco a poco, comienza a involucrarse en la vida de la familia, integrada por la otra hermana y el padre de ambas. El soldado es un personaje algo extraño; nunca queda del todo claro cuál es el motivo por el que ronda constantemente a la familia. Siente fascinación por el padre de las chicas, por todo lo que representa su poder. A su vez, hay una idealización, ya que su propio padre ausente es un tema no resuelto para él. En la película se presentan dos mundos claramente definidos: el de los soldados y el de la clase alta, representada por la familia. Estos mundos no logran compatibilizar; siempre hay algo que impide que uno encaje en el otro. Hacia el final, la película se va ralentizando. Eso no la beneficia, ya que la resolución da la sensación de que podría haber llegado antes. Gabriel Piquet
–In your dreams, de Alex Woo / 6 puntos
La secuencia inicial nos presenta a una familia tipo -padre, madre e hija- que disfruta preparando el desayuno al ritmo de Hey Ya! de Outkast. Con una canción así, uno no podría imaginar un comienzo más alegre. Sin embargo, algo interrumpe esa felicidad idílica: el llanto de un bebé que pide a gritos su chupete. Los padres dejan todo para atenderlo y, de pronto, la niña deja de ser el centro de atención. Una ola gigante de chupetes que se abalanza sobre ella como un tsunami imparable la hace despertar de su sueño. Así conocemos a Stevie y a su pequeño hermano Elliot, además de sus padres: una pareja de músicos que ha perdido la inspiración y en quienes se percibe cierto desgaste. En lo personal, la historia me remitió a las películas de aventuras y fantasía de los años 80, no solo por algunas referencias explícitas, sino también por la manera delirante de representar los sueños. Es allí donde el film desata la imaginación y despliega momentos visualmente potentes, especialmente si se la ve en pantalla grande. Quizás resulte algo liviana para el público infantil actual. La falta de un personaje que cumpla el rol cómico -como suele ocurrir en producciones de Pixar o DreamWorks- se nota, ya que el peluche con olor a jamón y un ojo menos no logra cumplir ese propósito. Esto puede hacer que los chicos se conecten sobre todo con las escenas de los sueños, donde, sin duda, aparecen los personajes más logrados. Gabriel Piquet
–Karmele, de Asier Altuna / 7 puntos
Año 1937. En plena Guerra Civil, los soldados de Franco arrasan los pueblos, entre ellos varios del País Vasco. Karmele es una enfermera que ayuda a los suyos y, ante el avance de los soldados enemigos, huye a Francia. Allí conocerá a su futuro esposo, el trompetista Txomin. Luego de hacer varios shows, estalla la Segunda Guerra Mundial y deben irse de Francia. Como no pueden volver al País Vasco, el partido político del cual forman parte los envía a Caracas hasta que la situación en España mejore. Allí están bien, tendrán dos hijos, pero los convencen de volver a Bilbao para obtener información sobre los nazis que están colaborando con Franco. Terminarán trabajando en el País Vasco, pero para el régimen fascista, que les prohíbe hablar en su lengua. Txomin se compromete cada vez más con el partido vasco; todos creen que, con la llegada de los norteamericanos y el fin de la guerra, Franco dejará de gobernar. El personaje de Karmele es el de una paria: siempre deambulando junto a su familia, pasando de guerra en guerra, no solo las militares, sino también aquellas que involucran a los suyos. Esto queda expuesto en la escena en la que Txomin quiere dejarlos para tomar las armas y representar al partido en contra del régimen, y la madre de Karmele le dice: “En nuestra casa, la familia está por sobre el partido”. Es un relato bien construido sobre los que tuvieron que irse y los que se quedaron para seguir siendo vascos, algo que queda resonando en una gran frase: “¿Somos o no somos?”. Una de esas biografías que dejan abiertas todas las preguntas sobre qué habrá sido de varios de los personajes y cuánto más habrán aguantado. Gabriel Piquet
–Köln 75, de Ido Fluk / 7 puntos
La película recrea la historia real detrás del mítico álbum The Köln Concert (1975), de Keith Jarrett, considerado uno de los discos de jazz más extraordinarios de la historia. El recital, que estuvo a punto de ser suspendido, lo había organizado Vera Brandes, una testaruda adolescente que aún estaba en la escuela secundaria cuando comenzó a trabajar en la promoción de conciertos en Colonia. Ido Fluk describe las difíciles circunstancias de aquella noche, destacando la figura de Brandes y todos los que colaboraron para hacer posible el histórico evento. “Jarrett tocó como nunca esa noche porque tocó contra el piano. Tuvo que reinventarse en directo”, dijo el director. “Pero esta película no va sobre el artista, sino sobre la mujer que hizo posible la obra de arte. Esto es un homenaje al promotor musical”. Diego Menegazzi
–La casa, de Gustavo Triviño / 7 puntos
El arranque nos muestra a Hugo Vaca (Diego Peretti) ingresando a la oficina de una multinacional que está por ser vendida a un grupo chino. El actual jefe del lugar es el hijo de la persona que contrató a Hugo hace cinco años. Entre los rumores de oficina, el que más suena es que todos los empleados serán despedidos. Luego de que el hijo del dueño le oficialice a Hugo que será echado junto con el equipo de trabajo que él comanda, este no reacciona de la mejor manera. En los siguientes minutos, el personaje de Peretti intentará buscar trabajo, pero, a sus 57 años, está fuera de toda posibilidad de ingresar en un mercado laboral esquivo. Lo único de valor con lo que cuenta es la casa en la que vive: un inmueble que tiene una importancia sentimental para él, aunque el lugar tenga una alta cotización en el mercado. Uno de sus amigos le recomendará contactarse con alguien, ya que Hugo no quiere vender la casa, pero su realidad económica lo apremia. A partir de este momento, la trama de la película se convierte en un thriller manejado de forma muy dinámica, que sostiene en las actuaciones todo lo bueno que logra. Todos parecen personajes sacados de un film noir: sus codicias están expuestas, algunos no las esconden, la suciedad sale a la luz. Hacia el final hay una vuelta de tuerca y una escena que involucra unos perros dogos, en la que se destaca un muy buen manejo de cámara para lograr que se vuelva intensa. Gabriel Piquet
–La gioia, de Nicolangelo Gelormini / 6 puntos
El comienzo de la película es engañoso. Un montaje alternado de las vidas de los protagonistas al ritmo de Modern love, de David Bowie, promete placer y alegría. Pero la felicidad dura poco, porque, se sabe, en gran parte del cine contemporáneo parece ser un imperativo castigar sin contemplaciones a los personajes. Y si bien no es ninguna novedad que el interés y el dinero movilizan los vínculos y definen la dinámica de las relaciones, la cosa se vuelve más grave cuando los pocos respiros de humanismo estallan en pedazos. La gioia es un drama narrado de modo convencional, pero con un in crescendo implacable. La primera historia es la de Alessio, un joven atrapado en el dilema de prostituirse para sobrevivir. Su madre y su tío se aprovechan de sus dotes físicas para obtener dinero. En la escuela a la que asiste con desgano trabaja Gioia, una profesora de francés, soltera, que cuida de sus padres y lleva una vida tan monótona como asfixiante. Su cable a tierra son los partidos de la Juventus, escuadra de la que es fanática. El destino los cruza, y la fatalidad hace el resto. Sobre esa trama de sueños imposibles e idealizaciones se construye un derrotero que oscila entre el oportunismo de uno y la inocencia de la otra. En otras palabras, una fábula oscura sobre cómo los lobos que habitan este mundo cruel devoran a sus víctimas sin piedad. Guillermo Colantonio
–La guerra del cerdo, de Leopoldo Torre Nilsson / 7 puntos
En los años 70, Torre Nilsson retornó al cine de base literaria que lo convirtió en un realizador prestigioso a nivel internacional. Luego de adaptar a Roberto Arlt en Los siete locos y a Manuel Puig en Boquitas pintadas, eligió trasladar a la pantalla Diario de la guerra del cerdo de Adolfo Bioy Casares. El tema de la novela era inquietante. Narra el enfrentamiento entre jóvenes y viejos en el barrio porteño de Palermo. Es una lucha intergeneracional. Los jóvenes han comenzado a atacar y a matar a los viejos, a quienes consideran seres inservibles. Isidoro Vidal, el protagonista de la historia, es un jubilado que se reúne todas las noches con un grupo de amigos en un café cerca del conventillo donde vive con su hijo. Este personaje es considerado viejo por los jóvenes, pero él no concuerda con esta visión. Siente que todavía le queda tiempo y puede volver a enamorarse. A pesar de las dificultades, Vidal está dispuesto a resistir hasta el final. La película sugiere varias interpretaciones, pero resulta evidente que hay una crítica a la radicalización política de la juventud militante en aquellos años. Si bien no alcanza el nivel de otras películas del cineasta, La guerra del cerdo se destaca por su sólida dirección, un gran trabajo de iluminación de Aníbal Di Salvo y las buenas actuaciones de José Slavin, Marta González, Luis Politti y Miguel Ligero. Diego Menegazzi
–La muerte de un comediante, de Diego Peretti / 4 puntos
El comienzo de la película no podía ser peor: una voz en off con tono solemne, una frase hecha y la imagen recurrente de un cuerpo que se zambulle en la pileta. A esta secuencia le siguen otros movimientos que pertenecen al universo trillado de quien se entera de una enfermedad terminal. Un culto a la obviedad en base a continuos subrayados. Peretti encarna a un comediante llamado Juan y consagra los últimos días de su vida para viajar a Bruselas, cuna de su personaje favorito, Bombín, el primer héroe europeo de la novela gráfica. Allí, en un giro de guion que roza lo ridículo, se topa con un grupo de activistas políticos liderados por una joven con la cual comienza un vínculo y lleva a cabo un compromiso, frenar una ley anti inmigratoria. Progresivamente, el héroe de la ficción y Juan se confundirán en un mismo ser. El principal problema de la película tiene que ver con decisiones estéticas de aspecto rancio; también la elección de puntos de vista de la cámara que no parecen tener justificación dramática. Si a eso se le suma un registro verbal sentencioso, la combinación es letal. Una pena la forma en que Peretti se desperdicia a sí mismo como comediante. Guillermo Colantonio
–La voz de Hind Rajab, de Kaouther Ben Hania / 8 puntos
La principal virtud de esta película es convertir el horror de un testimonio de supervivencia, un documento real, en una poderosa ficción que mantiene en vilo al espectador, sin manipulación, concentrando la acción en un mismo espacio dramático y confiando en el poder del cine, ese cine que no necesita dar cuenta de lo real filmando discursos. Hind Rajab es una niña que sobrevive al ataque de un tanque israelí en Gaza. Se encuentra encerrada en un auto y toda su familia ha muerto. Desesperada, como puede, llama a un grupo de socorristas en Cisjordania. Los audios son auténticos; el resto es la recreación de todos los pormenores del caso desde el punto de vista del servicio de emergencias palestino. La tensión de la inmediatez y la desesperación son los signos que predominan ante la imposibilidad de ofrecer ayuda. El destino es inevitable. El gran acierto de la realizadora es no acudir a dramatizaciones berretas ni a trampas abyectas emocionales, sino pensar en el espectador como parte del proceso emocional. Esto no tapa lo abominable que es todo ese conflicto. Potente, de una contundencia increíble, es una grata sorpresa. Guillermo Colantonio
–La vida es, de Lorena Villareal / 5 puntos
Nora está por cumplir 40 años y, a partir de ahí, la película hace algunos saltos temporales y conocemos su vida: su infancia y adolescencia junto a sus tías Greta y Gloria, con quienes mantiene todavía un vínculo; su relación con su prima Ely, que seguirá hasta el presente; la particular relación amorosa que tiene con un español llamado Juan; el viñedo que pertenece a sus tías pero que pronto pasará a manos de un hacendado cercano llamado Fermín; la historia con su piano y la muerte de una amiga llamada Camila, que marcó a las primas. La película tiene un gran problema: abarca tanto que muchas de las historias se pierden. Hay temas que se tratan de manera superficial, como es el caso de la desaparición de mujeres. Hay un personaje llamado Camila que tiene un peso dramático en las dos primas, pero al no profundizar en esa historia nunca se llega a sentir la empatía necesaria como para percibir el dolor de ellas. Hay algunos momentos divertidos, como la historia del trío que forman Nora, Juan y Lucía. Los chistes funcionan, pero todo se agota rápidamente. La forma de editar las imágenes y los movimientos de cámara son muy fluidos, pero eso no termina de ayudar, porque se salta entre tantas historias que a veces cuesta seguir el ritmo. Para querer hablar sobre la mujer en sus 40 años, se podría haber seguido solo la historia de Nora; hubiera sido suficiente para que el film no se dispersara tanto. Gabriel Piquet
–Las locuras, de Rodrigo García / 5 puntos
Hace 25 años, en su ópera prima Con tan solo mirarla, García ya se pretendía como un director atento a la mirada femenina, o al menos a los relatos con personajes femeninos fuertes. En Las locuras vuelve a la fuente, ahora lejos de los modos del cine industrial norteamericano y acercándose a la estética de cierto tipo de cine latinoamericano que ha sabido imponerse en las últimas décadas, con un aire al cine de Alejandro González Iñarritu o al Cuarón menos interesante de Roma. Las locuras es, además, una muestra de un síntoma: las películas episódicas como forma de incorporar los modos de las series al cine. Ya no importa si el relato fluye, el cine se divide en capítulos que pueden retomarse cuando el espectador quiere porque la película está ahí, en la plataforma, para verla cuando quiera. A partir de una mujer que cumple una prisión domiciliaria mientras atraviesa una crisis psiquiátrica, Las locuras cruza a varios personajes en el marco de un día, quienes protagonizarán los diversos cuentos o mini-relatos que integran el film. García intenta poner a mujeres en situaciones límites, muchas veces contrariando los discursos actuales en torno al feminismo. A veces incomoda y acierta, a veces subraya y declama, y la mayoría de las veces se pierde en ese miserabilismo tan propio del cine de autor contemporáneo. Mex Faliero
–Las modelos, de Vlasta Lah / 6 puntos
La historia sigue a dos modelos, Greta Ibsen y Mercedes Alberti, que trabajan para una casa de costura de alta sociedad. Ambas tienen aspiraciones: una de ellas parece más calculadora, ya que busca a alguien con dinero para asegurarse un buen pasar; es una joven que vino desde Mendoza y pertenece a una familia de clase baja. La otra, se podría decir, también busca casarse para obtener cierto estatus, aunque su condición social es un poco mejor. Esta última es más crédula y termina seducida por el personaje de Jorge Hilton, un dandy que, en la primera parte de la película, juega a ser la pareja ideal, pero hacia el final muestra los dientes y revela su verdadera naturaleza: la de un hombre que está con la modelo solo por un rato, como segunda opción, ya que planea casarse con una amiga de su hermana. El personaje de Greta Ibsen parece más seguro de lo que quiere. Hay dos hombres que la pretenden: un ganadero (Alberto Berco) y un arquitecto (Fabio Zerpa). El primero la quiere como un objeto de colección, una especie de amante a la que le hará regalos mientras le dure el interés. El segundo tiene intenciones un poco más honestas, aunque en el primer encuentro íntimo que va a tener con Ibsen, ella se retira porque el arquitecto montó toda una puesta en escena para conquistarla esa noche. Lo mejor de la película radica en algunos diálogos -o, mejor dicho, en lo que se dice en ellos-, que tienen una fuerte impronta feminista. Está muy bien cómo se describen las acciones de los hombres y lo que opinan de esas mujeres, incluyendo una situación de amor por conveniencia con un personaje gay. La película no es del todo redonda; incluso lo que se va generando entre las dos modelos termina con un final anticlimático o demasiado apresurado para lo que quiere contar. Gabriel Piquet
–Lucky Lu, de Lloyd Lee Choi / 6 puntos
A Lu, inmigrante chino en Nueva York, le roban la bicicleta eléctrica que usa para trabajar de delivery. Película de paleta gris, muestra una Nueva York poco glamorosa muy diferente a la de Friends. A partir de ese momento Lu intenta por todos los medios solucionar el problema, mientras su esposa y su hija están viajando para instalarse con él. La pérdida del dinero para el alquiler por el engaño de un amigo contribuye a la tensión, imprimiendo una tensión a contrarreloj. La cámara en movimiento, con travellings y cámara en mano, marca un ritmo vertiginoso (angustiante por momentos) que contrasta con la monotonía del paisaje urbano y de los episodios algo repetitivos. El foco está puesto en el problema de la inmigración y el trabajo precarizado pero se amplía cuando aparece el personaje de Yaya (gran actuación para tan corta edad), que se roba la escena por el resto de la película y la convierte en un film sobre el vínculo entre padre e hija. Línea de diálogo memorable: Yaya saca fotos polaroid y explica que son recuerdos que pueden agarrarse, ponerlos sobre la mesa y mirarlos, también cambiarlos el orden y crear diferentes historias. No apta para personas altamente sensibles que empatizan con el protagonista, porque Lu es uno de esos personajes sufridos hasta el golpe bajo. Un final abierto que se vuelve cada vez más común en el cine: a veces se ahorran el trabajo de darle un final capaz de no cerrar el sentido de la película. Candelaria Barbeira
–Malecón, de Carlos Larrazábal / 5 puntos
Cuenta la historia de tres amigos que se conocen desde niños: Elvis, Yuli y El Rubio. Cuando Elvis es adolescente, mata a su padrastro para salvar a su madre, aunque ella muere de todos modos. Pasa varios años en la cárcel y, al salir, vuelve a su antigua casa, intentando retomar sus amistades. Pero todo ha cambiado. Sin tener a dónde ir, termina alojándose en casa de otro conocido que trabaja en un café y sueña con irse con su novia a Miami. Elvis acaba trabajando como chofer de algunas de las chicas que ejercen como escorts de lujo para turistas extranjeros. La película está muy medida; parece hecha para no entrar en conflicto con nadie. Se mantiene en una zona gris y no se arriesga demasiado. Es una historia de amor, pero la relación entre Elvis con Yuli no genera la suficiente empatía como para desear verlos juntos a cualquier costo. Malecón aborda muchos temas, pero no profundiza en ninguno. Quedan como situaciones “importantes” pensadas para un público globalizado que simplemente asiente con un “sí, eso pasa en Cuba”. Entre esos temas están la homosexualidad de El Rubio, la prostitución (que incluye menores), las fugas en lancha de quienes quieren emigrar y el turismo sexual protagonizado por turistas adinerados. En definitiva, la película trata sobre la amistad y la escena que mejor lo representa es la cena de despedida de Elvis. Gabriel Piquet
–Muña Muña, de Paula Morel Kristof / 6 puntos
En las primeras imágenes se ven varias plantas tradicionales de la región donde se desarrolla la película: El Mollar, Tucumán. La muña muña del título es una planta medicinal, pero para algunos es la planta que da suerte en el amor. Olga (Liliana Juárez) es una enfermera de aproximadamente 60 años que vive sola con su hijo, quien está por irse a vivir a Barcelona. Esta noticia la tiene un poco afligida; nota, de alguna manera, que la novia de su hijo ha tomado su lugar. Mientras cura a una mujer extranjera, conoce al que parece ser su pareja, Stefano. Se enamorará de él y comenzará, de a poco, a vincularse; eso producirá un cambio en su vida y la llevará a pensar un poco más en ella misma. Si bien podría encasillarse la película dentro del género dramático, en realidad es una comedia romántica. Una de esas comedias con personajes que podríamos denominar adultos mayores, en su mayoría con una vida ya hecha, algunos con hijos de matrimonios anteriores, que descubren que aún pueden volver a enamorarse. Es un subgénero con tradición en el cine norteamericano y europeo; en este caso particular, el elemento distintivo es lo regional -podríamos decir la “tucumanización” – de los protagonistas. Modismos en la cotidianidad de su vida y el sonido característico en la fonética de sus palabras (la tonada). Todo eso está bien delineado. Lo que no me resulta del todo fluido son algunos diálogos o las actuaciones. La puesta en escena es interesante, se utilizan recursos variados, aunque a veces falla el timing para generar situaciones humorísticas, siendo acartonada tanto en lo que se dice como en cómo se lo dice. Es una historia pequeña y como no es pretenciosa, todo lo que se cuenta se entiende, aunque hay personajes que podrían tener un poco más de background. Más allá de las imperfecciones, que se pueden tolerar, es un buen intento por mostrar el amor en personajes que no sean adolescentes o jóvenes. Gabriel Piquet
–Napoli-New York, de Gabriele Salvatores / 6 puntos
Lo curioso de la película es que el guion lo escribió Fellini; lo impensado -teniendo en cuenta las ideas del maestro- es el modo en que Salvatores lo transforma en una historia que comienza bien y termina forzando la inclusión de una serie de temas que ya cansan. A fines de la Segunda Guerra Mundial, una niña llamada Celestina pierde a su familia y a su hogar. En medio de la desesperación, conoce a Carmine, apenas unos años mayor. Juntos emprenden la azarosa odisea de colarse en un barco que va de Nápoles a Nueva York, ciudad donde esperan encontrar a la hermana de la niña. Si bien la película incorpora elementos picarescos y dramáticos propios de una tradición gloriosa, su naturaleza parece orientarse hacia una estética pensada para un público infantil/adolescente. Esto no representa en sí mismo un problema, como tampoco lo hacen ciertos recursos emotivos reparadores y algunos momentos de humor bien logrado. El principal inconveniente aparece en el último acto, cuando se cuelan de manera arbitraria y forzosa una serie de mecanismos destinados a subrayar la idea de inclusión. En cuestión de minutos, una acumulación de imágenes y asociaciones icónicas ligadas a los Estados Unidos termina por invadir, de modo perjudicial, las intenciones del relato. Una vera americanata. Guillermo Colantonio
–No preguntes, de Agustín Palleres Yoffe / 5 puntos
Lisa es una persona desorganizada que no le pone mucha voluntad a la búsqueda de trabajo. Vive en un departamento junto a su hermana menor, Luz, y su padre. Este último le exige que consiga un empleo para poder ayudarlo a afrontar el tratamiento de cáncer de su hermana, ya que lo despidieron de su trabajo. Aprovechando una situación, Lisa se hace pasar por su hermana y asiste a una cita reprogramada, ya que debía presentarse el día anterior. En un edificio de oficinas -en uno de esos pisos- tiene lugar su entrevista de trabajo para una multinacional. Recorre el lugar y empieza a descubrir quiénes serán sus futuros compañeros. Inmediatamente la ponen a trabajar, aunque no tiene idea de lo que debe hacer. A medida que va descubriendo el engranaje burocrático de la empresa, Lisa toma la iniciativa e intenta romper un poco el molde, ya que ninguno de sus compañeros parece estar interesado en nada más que trabajar y cumplir horas. La película tiene problemas para encontrar su tono: hay situaciones que la acercan a la comedia, en otros momentos parece querer derivar hacia el thriller psicológico, pero nunca llega a consolidarse como ninguna de las dos cosas. Hay una idea kafkiana, aunque sin el vuelo visual de muchas obras anteriores que abordan el tema de las jerarquías o el intento de escapar de un sistema que se repite en un bucle constante. Los actores no logran encontrar su registro, especialmente los compañeros de oficina. La aparición de Luis Margani —quien podría interpretarse como el gran jefe o la conciencia de Lisa— pretende tener un efecto cómico o de contraste, pero no lo consigue. Cabe rescatar la actuación de la protagonista, Micaela Riera, quien en varios pasajes se pone la película al hombro y parece entender que esto tendría que ser una comedia y no otra cosa. Lo que vemos termina siendo insulso, como si faltara algo que realmente genere interés. Gabriel Piquet
–Nouvelle Vague, de Richard Linklater / 7 puntos
Linklater hace lo que tiene que hacer: en vez de ponerse pedante y rodearse de citas intelectuales para hablar de la Nouvelle Vague, Godard y la ruptura que significó una película como Sin aliento, construye un film ligero, muy cómico, sobre un grupo de intelectuales y artistas en constante retroalimentación y ebullición, en un tiempo que parece único e irrepetible: la base de nombres propios que aparecen, de Godard a Seberg, de Truffaut a Chabrol, Beausoleil, Rohmer, Melville, Bresson y tantos más, es tan extensa que el director se divierte presentándolos en planos medios con intertítulos que connotan su identidad. La base es el demorado debut de Godard en la dirección, mientras todos sus colegas ya van por la primera o segunda película. Se filtran citas y máximas sobre la independencia y la libertad artística, mientras el rodaje avanza a tropezones entre las necesidades de Godard y las de sus productores. Linklater homenajea con cariño y se divierte, y se apropia de la Nouvelle Vague hasta volverla en espíritu parte de su propia filmografía, cuales personajes de Rebeldes y confundidos. En la fluidez con que va de una cita intelectual a un gag brillante, se observa la claridad de Linklater. Que logra resumir la idea de su película en una escena magistral: Roberto Rossellini brinda ante los cahiers un monólogo sobre cómo el cine es un asunto moral y muchas cosas más. Y acto seguido se abalanza sobre un plato con sanguchitos de miga para paliar el apetito. Lo bajo y lo elevado conviven en Nouvelle Vague en una danza que, además, está tan bien ilustrada (dirección de arte, fotografía, vestuarios), que dan ganas de quedarse a vivir ahí. Mex Faliero
–Nueve auras, de Mariano Frigerio / 6 puntos
Frigerio se ha convertido en una suerte de biógrafo del cine argentino. Con dos documentales como Carroceros (sobre Esperando la carroza) y Leyenda feroz (sobre Tango feroz), llega ahora Nueve auras, que si bien iba a estar centrado en el clásico moderno Nueve reinas, terminó siendo un homenajee a su director, Fabián Bielinsky. Frigerio cuenta con el testimonio de los protagonistas de ambas películas (además se habla de El aura), para construir una suerte de investigación documentada acerca de ese director que estrenó dos obras maestras, modificó muchas ideas sobre el cine argentino mixturando lo autoral con el cine industrial y murió a los 47 años, dejando un vacío enorme. Sobre esa pérdida reflexiona la película, pero además sobre la figura de un tipo tan talentoso como obsesivo. Algunos testimonios son realmente emocionantes y muchas anécdotas, profundamente divertidas. En sus pliegues, Nueve auras es la celebración de un genio, pero también la exposición de cómo ese rasgo va acompañado de ciertas neurosis. Sin estridencias, Frigerio le rinde tributo a, seguramente, el último gran director del cine argentino. Mex Faliero
–Nuremberg, de James Vanderbilt / 6 puntos
Otra película más sobre el nazismo y la Segunda Guerra Mundial. Y lo decimos no sólo porque es una película que suma a una larga nómina, sino porque es en lo concreto una películas más, que no agrega mucho, sólo algunos detalles significativos y, sobre todo, una actuación de Russell Crowe que lo devuelve a los primeros planos. Nuremberg cuenta el histórico juicio a los jerarcas nazis, pero sobre todo la relación entre Hermann Göring (Russell Crowe) y Douglas Kelley (Rami Malek), el psiquiatra que se encargó de analizar a los detenidos mientras esperaban el proceso. Es ahí donde la película de Vanderbilt encuentra sus mejores pasajes, en ese vínculo tenso y complejo que se daba entre el profesional de la salud y el genocida. Una relación retorcida, donde los límites entre el bien y el mal se borronean a favor de la fascinación que genera el carisma de Göring. Vanderbilt también acierta en el uso de imágenes de archivo en un momento clave, donde acepta que el horror es imposible de recrear sin caer en la falsedad. Lo demás es un drama lavado, didáctico, con subrayado en algunas frases que adquieren un forzado tono épico. Pero donde la película no convence, ahí aparece Crowe con su criatura magnética. Mex Faliero
–Oca, de Karla Badillo / 6 puntos
Toda la complejidad social, cultural y religiosa de México es condensada en esta especie de fábula surrealista organizada al estilo del tradicional juego evocado en el título. El tablero es un camino que une dos lugares, Santa María y San Vicente. Del primero sale una monja en moto perteneciente a una congregación a punto de extinguirse. Va a encontrarse con el arzobispo para solicitarle ayuda. La mujer tiene sueños premonitorios y su misión nace de una de estas experiencias. Durante el viaje se cruzará con una peregrinación, un paracaidista y una mujer de clase alta. Las diferencias de clase se manifiestan en el modo en que cada cual viaja, sin embargo, todos son presas de un misterio que atraviesa el sendero. En el cruce de signos (religión, dinero, poder) se funda el corazón de una odisea espiritual como tortuosa. Película que coquetea con zonas oníricas, de ciertos hallazgos visuales, pero propensa a la pose (ay, esos encuadres y esas angulaciones inusuales) y a los aires de importancia. Este porte académico atenta contra los toques de comedia porque lleva todo al terreno de la seriedad. Alguna subtrama forzada, sumada a baches narrativos, la convierte en un digno exponente de cine con ceño fruncido. Guillermo Colantonio
–Oxygene, de Netalie Broun / 7 puntos
Chani es una profesora de Haifa, amante de la poesía y madre soltera. Su hijo está enlistado en el ejército israelí. Ambos tienen planeado un viaje a la India que se interrumpe debido al conflicto con el Líbano. La guerra no es un telón de fondo, es un peso incrustado en la vida cotidiana cuyas consecuencias son impredecibles, además de provocar heridas insalvables. Días tras día las sirenas cortan los pequeños lapsos de paz de los habitantes. El padre de Chani está cada vez peor y el hijo vuelve temporalmente por pedido de ella a las autoridades. A partir de esta premisa toda la película da cuenta de los esfuerzos de una madre por retener a su muchacho, cueste lo que cueste. Si bien hay algunos recursos cuestionables, la concentración dramática sobre el vínculo madre/hijo pone a la historia en un lugar universal que permite que empaticemos con la protagonista. Sin pisar el palito de una defensa patriótica, la directora apuesta por sus personajes, y eso representa una decisión clave a favor del cine. Guillermo Colantonio
–Perros, de Gerardo Minutti / 7 puntos
Un barrio de clase media trabajadora, dos familias amigas: los Saldaña, la más humilde de las dos, y los Pernas, un poco más acomodados. Estos últimos se van de vacaciones a Punta del Este y les piden a los primeros que les cuiden la casa y a su perro, el Ficha. Una vez solos y con la casa a su disposición, los Saldaña comienzan, de a poco, a invadir la propiedad de los Pernas. La desaparición del perro terminará siendo el detonante para que las familias se enfrenten. Hay mucho de costumbrismo rioplatense en la película. Todo está ambientado en ese período entre las fiestas de fin de año y los comienzos de enero, donde el calor y los pibes tirando cañitas voladoras forman parte del paisaje constante de ese barrio. Hay un gran trabajo con los animales: tienen planos y momentos importantes en la película. Terminan siendo el eje del conflicto y su presencia se hace notar. Las diferencias de clase están marcadas por la aspiración de unos (los Saldaña) y el presente de los otros (los Pernas). Hay objetos puntuales -como el aire acondicionado o la parrilla- que parecen imposibles para unos y naturales para los otros. Es interesante que quienes se mantienen alejados de los conflictos, y continúan en contacto cuando las familias están en plena escalada de actos violentos, son los hijos. Opera prima que maneja muy bien las ideas de espacio: el barrio, las casas pegadas… todo es un personaje más, logrando matizar situaciones de humor con algo de tensión. Gabriel Piquet
–Premonición, de Karin Santos / 5 puntos
Opera prima argentina que apuesta por el suspenso y la intriga. En esta película, Santos construye a partir del guion de Nicolás León Tannchen y Natalia Gualtieri un mundo donde se cruzan los sueños, la realidad y el tiempo. Diego Cremonesi interpreta a un hombre que atormentado por las trágicas premoniciones que sufre desde pequeño (se presentan reiterados flashbacks donde se ve morir a su amigo y a su esposa) se refugia para vivir en la soledad de una cabaña. Pero una pareja encarnada por Iván Espeche y la propia directora se alojan en su casa y otra vez regresan las premoniciones y la tragedia. El protagonista buscará evitar que se cumpla lo soñado pero, nadie es quien parece ser ni tampoco sus intenciones. A este juego de identidades y deseos se suma también un extraño vecino interpretado por Ludovico Di Santo. Casi toda la acción se concentra en el bosque, el cual es bellamente retratado por Connie Martin. Por momentos la película se vuelve algo teatral y repetitiva, ya sea por lo subrayado del guion y de las interpretaciones. No es un pecado la falta de ideas, pero sí tener solo una y estirarla para llegar a los 85 minutos que dura el largometraje. Alejandro Frenkel
–Put your soul on your hand and walk, de Sepideh Farsi / 7 puntos
Este documental consiste en una serie de videollamadas realizadas por la directora a Fátima Hassouna, una palestina que vive en Gaza y cuenta en primera persona cómo son los atentados que Israel lleva a cabo en su ciudad durante el período que va de abril de 2024 a abril de 2025. Al principio, Farsi comenta que con su anterior película todavía recorre festivales. Durante una visita a El Cairo, decide contactarse con Fátima, a quien no conoce personalmente, pero con quien comparte una vida marcada por guerras y muros. Desde la primera conversación sorprende cómo la joven palestina conserva un gran sentido del humor y una sonrisa que se convierte en la principal atracción de ese rostro en primer plano que la directora filma a través de la pantalla de su celular. Sepideh le hace muchas preguntas a lo largo de las charlas, y de ellas podemos rescatar la mirada profundamente positiva de Fátima. Es musulmana; cree que Alá manda todo ese sufrimiento por una razón y que pronto el conflicto con Israel terminará. Cuando hablan de ese tema, Sepideh le dice que no comparte del todo su visión tan optimista respecto a la solución divina que la joven propone. Fátima tiene una fuerza de voluntad increíble. Solo se quiebra un par de veces durante todas las llamadas: la primera, cuando recuerda a su abuela, que murió en una explosión y a quien ella y su familia no pudieron despedir. Hay momentos en que la realizadora es invasiva, quizás haciendo preguntas en situaciones extremas que podría haber evitado (como cuando hablan y una bomba explota cerca de la casa de Fátima). Solo puedo decir que el final es tremendo: te deja con una sensación de angustia y bronca profundas. Gabriel Piquet
–Recen por mí: la historia de Francisco, de Facundo Bartucci / 6 puntos
El montaje utilizado en este documental, sobre la base de una enorme cantidad de material de archivo, deja en evidencia su claro propósito: dar cuenta de la coherencia de Jorge Mario Bergoglio gracias a su compromiso y su labor humanitaria mientras suceden los gobiernos y sus maniobras, generalmente desastrosas, a lo largo del tiempo. Como una especie de biografía autorizada y muy respetuosa, concebida por alguien cercano -Bartucci es hijo del oftalmólogo de confianza de Francisco- traza un arco que va desde sus intervenciones en la Argentina golpeada desde mediados de los noventa hasta su consagración como Papa. Lo interesante es notar de qué modo su discurso se mantiene en una misma línea, tanto en las misas ofrecidas en distintos espacios como en el mismísimo Vaticano. La edición da forma a un discurso donde los diversos rostros de Bergoglio mantienen una voz similar en términos de una ideología que, incluso, resultaba provocativa para la Iglesia Católica. Ahora, si bien es cierto que el elemento diferencial lo constituye el material de archivo, la propuesta se resiente desde el punto de vista enunciativo con cierto tono institucional forzado y una música omnipresente a base de piano, operatoria que dificulta la toma de distancia respecto de lo que vemos. Guillermo Colantonio
–Rey del ring, de Rodrigo Sepúlveda / 4 puntos
Esta es la historia de Arturo Godoy (Marko Zaror), campeón sudamericano de boxeo y uno de los pocos que peleó por el título mundial representando a Chile. La película comienza en un tono jocoso, ya que la voz en off del personaje de Gabriel Meredith (Benjamín Vicuña) nos cuenta que lo que estamos viendo es, en realidad, el final de la historia que nos van a relatar: la pelea de Godoy contra el campeón Joe Louis. Inmediatamente pasamos a 1938, dos años antes del gran evento, y vemos cómo, en un Luna Park vacío, Godoy acaba de derrotar a uno de sus ídolos pugilísticos, Luis Ángel Firpo. La única persona que queda junto a él en el domo es otro de los personajes principales de la película, Leda Urbinati (Fiorella Bottaioli), una argentina que sueña con ser bailarina y llegar a Broadway. En ese ring desierto bailarán un tango y sellarán una relación amorosa. La historia tiene un guion bastante convencional. Es una adaptación de un libro, y, sin querer caer en el lugar común, quiero creer que la novela es muy superior a esta versión. Los personajes son estereotipos simpáticos que intentan constantemente vender la idea de superación. Se nota que la película no cuenta con un gran presupuesto: hay limitaciones en el arte y en algunos decorados. Sin embargo, lo que más molesta son las transiciones que muestran los frentes de los estadios, donde se nota claramente el uso de inteligencia artificial. El film juega todo el tiempo con la idea de la comedia, pero eso no termina de sostenerse, ya que los momentos de humor no siempre funcionan. La pelea final es el momento más logrado desde lo visual. Si bien hoy queda poco por innovar en las escenas de boxeo, hay un detalle interesante en esta película: una característica particular de Godoy que se refleja en una escena cuando, durante la pelea contra Louis, se agacha y descubre un punto débil. Gabriel Piquet
–Risa y la cabina del viento, de Juan Cabral / 7 puntos
Las primeras imágenes que vemos de la película son llamas de fuego devorando una casa y un vehículo. Se intercalan con una niña que está soñando. Inmediatamente aparece una cabina telefónica acosada por el fuego, que queda ilesa. Ahí se presenta nuestra historia. Hace diez años, un incendio se llevó la vida de varias personas. Todos los personajes que conoceremos están atravesados por esa desgracia. La niña es Risa (Elena Romero); su madre es Sara (Cazzu). Viven en una de esas casas hechas de chapa acanalada, tan características de algunas ciudades del sur de Argentina. Puntualmente, todo ocurre en Ushuaia. Risa está obsesionada con saber sobre su padre. Lo único que le contó su madre es que murió en el incendio intentando ayudar a otras personas. En el trayecto desde su casa hasta la escuela pasan por una cabina de teléfono. Hay gente haciendo cola para hablar; como un ritual, varios de los familiares de las víctimas del incendio se comunican con sus seres queridos a través de ese aparato en desuso, con los cables cortados. Básicamente, es una forma de comunicación imaginaria o simplemente una manera de descargar toda la angustia acumulada por no poder cerrar sus historias con los muertos. Hay puntos altos en todo lo que vemos. Las imágenes que habitualmente se conocen en el cine como de transición -esos planos que se usan entre las escenas con diálogo- generan constantemente la sensación de tener vida propia: los cables movidos por el viento, el árbol cerca de la cabina… Es como si todo le diera identidad a ese otro personaje que es Ushuaia. La historia es fluida y atraviesa varios géneros; a los antes mencionados se suma el suspenso que generan los pedidos de las voces de los muertos a la niña. En cuanto a las actuaciones, se destaca el diálogo divertido entre Peretti y el personaje interpretado por el escritor Fabián Casas. Cazzu está muy acertada en su papel de madre y la gran revelación es Elena Romero: la niña sostiene toda la película y se pone mano a mano con actores reconocidos sin desentonar jamás. La música de Babasónicos hace que varios de sus clásicos adquieran otra connotación al escucharlos en la película. No puedo cerrar esta crítica sin mencionar a los animales del film, que tienen mucha presencia y se ganan una parte importante de la historia: el hámster (o los hámsters) Kuro y el carismático perro Chuleta. Gabriel Piquet
–Romería, de Carla Simón / 8 puntos
Un viaje, un diario y una búsqueda en el núcleo familiar. Una joven que busca saber acerca de sus padres ya fallecidos, partícipes de una generación que, posterior a la dictadura de Franco, salió a comerse el mundo y pagó con sus excesos. Simón encuentra en este itinerario momentos luminosos y confirma la importancia de la actuación no profesional como método para descubrir diamantes en lo cotidiano. Intento por reconstruir un relato, juego de espejos para trazar identidades y épocas diferentes. Toda la secuencia final es un hermoso ejercicio de redención narrativa: las palabras escritas de una madre son reelaboradas en la experiencia de la hija. Si el objetivo inicial de la protagonista es ser reconocida por sus abuelos, el resto es parte de una aventura afectiva y emocional sostenida por una cámara que revela el misterio de la vida. Cierre de una trilogía y una puerta abierta para una directora que filma cada vez mejor. Guillermo Colantonio
–Rosemead, de Eric Lin / 7 puntos
Lo primero que vemos es un plano nocturno que muestra las luces de la ciudad a lo lejos, en una noche de Los Angeles. La cámara desciende hasta una habitación de motel donde tres personas bailan y se divierten. Se podría decir que ese lugar es uno de los protagonistas de la historia y que representa uno de los pocos momentos en los que veremos a los integrantes de esa familia felices. Irene (Lucy Liu) es una inmigrante proveniente de Taipéi. Tiene una gráfica y vive con su único hijo, Joe (Lawrence Shou), un adolescente de 17 años. Hace poco han perdido al padre de la familia, y este hecho ha potenciado la esquizofrenia que sufre el joven. Para sumar más conflictos, Irene tiene cáncer y se encuentra bajo un tratamiento con un porcentaje mínimo de probabilidades de curación. A lo largo de la película vemos el deterioro familiar de estos dos personajes, primero reflejado en los brotes psicóticos que Joe va teniendo. La madre trata de ocultar lo que sucede, en parte por el famoso “qué dirán” y también porque en su comunidad no está bien visto tratar estos problemas con doctores. El detonante del estado de Joe parece ser el recuerdo de su padre; lo único que logra calmarlo un poco, además de las pastillas recetadas por el psiquiatra, es volver a aquella habitación del motel y revivir esa noche en la que fue feliz. En un momento, la película se vuelca hacia el thriller, ya que su madre descubre, a través de las fotos y dibujos que realiza, la fascinación por la violencia que el joven está desarrollando. Ahí se genera una gran tensión. Después, da un nuevo giro y nos conduce hacia otro tipo de violencia, aunque por razones distintas. ¡Alerta spoilers!: la película está basada en hechos reales. La historia no podría ser más dura: las acciones de la madre son terminales en todo el sentido de la palabra. Al ver el contexto, no se la puede justificar, pero tampoco juzgar, porque hay que estar en su lugar, y no existe una salida fácil. El plano final habla de la imposibilidad de olvidar, de cómo, aunque parte de tu familia esté deteriorada, siempre permanecerá allí, de algún modo. Gabriel Piquet
–Sex, de Dag Johan Haugerud / 8 puntos
En un sitio de Internet, esta película se presenta bajo el género pornografía. Era de esperarse algo más parecido a Gaspar Noé que a Bergman: sucede lo contrario. El largometraje toma como protagonistas a dos amigos íntimos que trabajan de deshollinadores. En un momento de charla informal, uno de ellos (Jan Gunnar Røise) confiesa que, por pura curiosidad, tuvo sexo casual con otro hombre. No se considera gay, pero el episodio fue placentero. Su compañero (Thorbjørn Harr), heterosexual, padre de familia y cristiano devoto, también atraviesa una experiencia que lo lleva a cuestionarse a sí mismo: un sueño recurrente en el que David Bowie lo observa con deseo, como si fuese una mujer. El fuerte del film es el gran nivel del guion, que se luce en los diálogos, con reflexiones sobre los vínculos que sorprenden por su profundidad y madurez. Presenta actuaciones sólidas y dosis efectivas de un humor ácido y esnob, contrapunto de la consternación de los protagonistas. El largometraje escapa del riesgo de caer en lo teatral con casi excesivos planos generales de Oslo, acompañando con el ángulo de cámara la perspectiva de los tejados. El tratamiento sobre la sexualidad, los mandatos morales, los vínculos maritales y la infidelidad se redondea en una reflexión existencial sobre la propia identidad y la mirada de los otros; sobre la diferencia entre lo social y lo público, como diría Hanna Arendt en una distinción citada en escena. El final, según quién lo mire, puede ser lo mejor o lo peor de la película. Candelaria Barbeira
–Sirât, de Oliver Laxe / 8 puntos
La nueva película de Laxe venía precedida de cierta controversia y había dividido al público. No hay términos medios en una propuesta cinematográfica de estas características. Se trata de una experiencia sensorial impactante, construida en base a planos largos que se mantienen desde las primeras escenas hasta el final y una banda sonora de efecto inmersivo. Sirât significa el camino, o el puente sobre el Infierno que las almas deben cruzar para llegar al Paraíso. A partir de esta premisa, Laxe cuenta el viaje de un padre que busca a su hija en las raves de Marruecos. Acompañado de su hijo pequeño y un perro, el protagonista se une a un grupo de raveros que se dirigen a una fiesta en medio del desierto inhóspito, con la esperanza de encontrar a la joven desaparecida. El viaje se convertirá en una pesadilla con trágico desenlace. Según cuenta el director, Sirât fue concebida como “una suerte de relato de caballerías en la que la aventura exterior surge de forma muy natural, pero al mismo tiempo el héroe está forzado a mirar adentro. ¿Y qué es mirar adentro? Intentar que los valores estén por encima del ego. Ese es el honor de caballería y de eso va un poco la película. Gente que intenta morir de manera grandiosa, con dignidad, que vigila sus pasos por la Tierra. Que cuando llegan al desierto se descalzan con respeto”. Diego Menegazzi
–Soy tu mensaje, de Ricardo M. Jacobo / 3 puntos
En Art School Confidential (2006) hay un chiste sobre un estudiante de cine que quiere filmar un corto de acción, pero motivado por unas compañeras que le dicen que encuentre su propia voz, termina entregando una yuxtaposición de escenas extrañas, inconexas, chillantes, con gusanos y cosas podridas y la voz de Hitler de fondo. La película de Jacobo, probablemente sin quererlo, toma la posta de ese chiste (y de una gran tradición de cine festivalero) y nos ofrece un espectáculo donde también suceden cosas sin sentido, se saturan los colores, se instala una atmósfera de psicodelia mal viajada y, sobre todo, se castiga la tolerancia del espectador. La premisa (una mujer, buscando a su hermano, ingresa en una secta que espera el fin del mundo) le sirve al director para desplegar un doble mérito: por un lado, tocar todos los lugares esperables de la historia y, por el otro, hacerlo con la solemnidad digna de un profeta realmente convencido. Falso, pero convencido. Lo que podría haber sido una experiencia disparatada, más aun considerando el mundo que retrata, termina por imponerse como un aburrimiento que pareciera no tener final. Por suerte, gracias al apocalipsis o lo que sea, lo tiene, y no podríamos estar más agradecidos. Marcos Ojea
–The Passenger Andrzej Munk, de Michał Bielawski / 7 puntos
Este documental rescata del olvido la figura de Andrzej Munk, uno de los directores fundamentales de la Escuela de Cine Polaca. Entre sus obras más conocidas figuran Sangre sobre los rieles (1957), Heroica (1958) y La pasajera (1963). Bielawski estuvo varios años investigando y logró reunir una gran cantidad de material de archivo fílmico inédito, fotografías, grabaciones y cartas que Munk le escribió a su esposa. El film también incluye valiosas entrevistas a Roman Polanski, Krzysztof Zanussi, Stefan Szlachtycz, Anna Dyrka-Brzozowska y Marek Henrykowski, teórico del cine y biógrafo de Munk. Diego Menegazzi
–The president’s cake, de Hasan Hadi / 7 puntos
Irak en los años 90 bajo el régimen de Saddam Hussein, más concretamente en los días previos a su cumpleaños. Tiempos difíciles para un pueblo desabastecido. Toda la primera secuencia pone en contexto la situación e introduce a la protagonista, una niña de 9 años llamada Lamia que vive con su anciana abuela y se ve en la obligación de honrar con una torta al líder, una imposición que baja desde el colegio al que asiste. El problema es que no tiene dinero para acceder a los ingredientes. Además, su abuela la dejará a cargo de una familia porque no puede mantenerla. Con esta premisa, Hadi traza una historia de aventuras que mucho le debe a cierta tradición del neorrealismo italiano, sobre todo en esa perfecta combinación de picaresca y desesperación. Por otra parte, la odisea de Lamia es el modo en que el realizador elige señalar la represión, la pobreza y las condiciones nefastas en las que vivieron las mujeres, principalmente. Lo bueno es que, lejos de discursear, tiñe de colores y luz toda la experiencia y le confiere a la protagonista un carácter fotogénico extraordinario. Guillermo Colantonio
–The sea, de Shai Carmeli Pollak / 7 puntos
La película que fue elegida para representar a Israel en los Oscar desató la ira del gobierno de Netanyahu. No es para menos, porque, más allá de una apuesta narrativa convencional, plantea honestamente la historia de un niño palestino que se escapa a Tel Aviv solo para ver el mar y da cuenta del modo en que el ejército lo trata durante su viaje. Control, dinero, transacciones varias y miedo son elementos que aparecen todo el tiempo para marcar los vínculos humanos. Quienes padecen el horror son los niños y la película se centra en el sueño de uno de ellos, llamado Khaled, quien vive en la Cisjordania ocupada. Una cuestión de papeles y de prejuicios lo deja afuera de una excursión con sus compañeros. Indignado, busca llegar a destino por sus propios medios. Mientras tanto, su padre irá en su búsqueda. En ese trayecto veremos diversas actitudes que dan cuenta de las diferencias irreconciliables, pero también de la voluntad de ayudar más allá de las cuestiones políticas. Relato sobre el fin de la inocencia. La última secuencia es la otra cara del espejo del fin de Los 400 golpes (1959) de Truffaut. Otro mundo, otra historia, otra idea de cine. Guillermo Colantonio
–Un poeta, de Simón Mesa Soto / 7 puntos
Tal vez estemos ante un caso en el que la imperfección, el riesgo y la provocación confluyan para dar como resultado una película diferente, distinta frente a tanta corrección consagrada a la respetabilidad. Además, con un tema que podría caer en manos de la explotación académica. Rodada en 16mm, la historia se centra en un personaje llamado Oscar Restrepo, un poeta que busca reconocimiento y que se ve apremiado a trabajar como docente para costear los estudios de su hija. El tema es que, más allá de las palabras y de la fuerte conexión con el arte que practica, no encaja en ningún molde social, familiar o institucional. De modo tal que, por momentos, pareciera que vemos a la persona más desgraciada del mundo, sobre todo cuando se ve involucrado en un patético caso con una alumna, a quien apadrina artísticamente. Se trata de la tragedia de un hombre ridículo en el marco de una comedia negra, incómoda, pero saludable ante tanto conformismo. Puede que a muchos les incomode el retrato del ámbito de la poesía, pero lo interesante es que Mesa Soto se las ingenia para meterse con los personajes en el riñón de cada circunstancia, generando en los espectadores la sensación de formar parte de un universo que no es decadente en sí mismo, sino que no cuadra con las exigencias de este presente desquiciado. Divertida y desgarradora al mismo tiempo, también es un homenaje y una reivindicación de José Asunción Silva, escritor colombiano defendido por Restrepo en una escena memorable, frente a un simpático borracho que evoca a García Márquez como el mejor. Guillermo Colantonio
–Ungratefuls beings, de Olmo Omerzu / 6 puntos
Un padre recién separado se va de vacaciones con sus hijos, un adolescente y una joven con trastornos alimenticios. El marco idílico en el que se encuentran no logra apaciguar la verdadera naturaleza de una familia rota. Como suele ocurrir con los relatos donde prevalece lo inquietante, un personaje será quien enfatice esa condición. En este caso se trata de un muchacho que liga con la hija, pero que es perseguido por la policía, acusado de haber matado al padre. A partir de este dato, el viaje entra en una incómoda dimensión donde prevalecen varias formas de manipulación, engaños y situaciones retorcidas. Entonces, por un lado, se da la irrupción de un desconocido que pone en jaque lo que ya estaba demolido; por el otro, un misterio que se abre, de modo ambicioso, hacia aristas que escapan al control de la narración. Lo mejor es el modo en que se mantiene la expectativa por lo que pueda ocurrir en torno al personaje de la hija y cómo manejan su situación los padres. Lo más flojo es el estiramiento innecesario de ciertas situaciones que parecen conducir a un callejón sin salida. El final, no necesariamente conclusivo, es poco premio para tanta espera. Guillermo Colantonio
–Vache Folle, de Hugo Diego García y Lorenzo Bentivoglio / 5 puntos
Es difícil no sucumbir en la estética de la crueldad cuando el cuadro que se pinta está repleto de estereotipos, de gente despreciable y uno se sumerge en un submundo sostenido a base de golpes de efecto continuos, sean desde estímulos visuales como sonoros. Toda esa masa de signos se acumula y anula cualquier posibilidad de empatía, además de habilitar la pose de cine importante. Traumas de la guerra, problemas familiares, asuntos muy pesados de drogas son parte del amontonamiento de temas en esta historia que se desarrolla en la campiña francesa y tiene como protagonista a Cédric, un ex combatiente de la Legión Extranjera, que sueña con recuperar a su esposa y a su hija. Mientras tanto, es sometido por el crimen organizado y vive más o menos como una cucaracha, humillado por la actual pareja de su mujer. Sin contemplación y abusando de la música, la vaca loca del título se transforma en una obviedad trasladada a la mente afectada del personaje, en una combinación poco disimulada de Rambo con Taxi Driver. Un ejemplo de cómo el cotillón estético da forma a una cáscara brillante sin carozo. Guillermo Colantonio
–Vlasta: el recuerdo no es eterno, de Candela Vey / 7 puntos
Sobre la base de un bolero se escucha la voz de un cantante que repite: “Me enamoré de ti”. Eso mismo parece haberle sucedido a la realizadora del documental, Candela Vey, al conocer la historia de Vlasta Lah. ¿Quién era esta mujer? La primera directora en realizar un largometraje sonoro en la Argentina. La película fue Las furias (1960) que, si la miramos hoy -en una época en la que el feminismo ha ganado un espacio importante-, podríamos decir que fue una obra adelantada a su tiempo. Al ver el documental, comprendemos que Vlasta fue mucho más que eso. Vey, junto a Tino Pereira, buscaron información durante un periodo; pero, al ver que no avanzaban, decidieron hacer un árbol genealógico e intentar contactar a los parientes vivos de la realizadora. Y viajaron a Europa para recorrer los lugares por donde estuvo Vlasta. Hay varios puntos interesantes en toda esta búsqueda de información: su vínculo con el peronismo; su rol como directora de la primera escuela de cine estatal en 1953; y cómo, tras la caída del gobierno de Perón, dichas instituciones fueron disueltas, dejándola sin trabajo. Todo el trabajo es una obsesión de la realizadora, no solo por rescatar la figura de esta mujer, sino también por preservar su legado. Como bien dice en un momento Víctor, su hijo: “No es eterno el recuerdo”. Y es allí cuando Candela Vey redobla la apuesta: busca encontrar copias en buen estado de sus películas, busca algo que necesita para cerrar su vínculo cinematográfico con Vlasta, busca que no se olviden de ella. Gabriel Piquet
–Weser, de Fernando Spiner / 5 puntos
Segunda película que forma parte de una trilogía iniciada con La boya (2018). Dividida en tres actos, se presenta como una especie de mosaico de voces y personajes que comparten experiencias en medio de la pandemia. El marco es Villa Gesell. En una de las historias escuchamos a un inmigrante ucraniano; en otras, el común denominador es apelar a la poesía como consuelo y reflexión ante la muerte. Al respecto, Daniel Fanego -en un estado de enfermedad avanzado- pone valientemente su cuerpo para interpretar al propio Spiner, aunque, en un juego que disfraza la ficción de documental y viceversa, el propio realizador se pondrá en ocasiones en la piel de su personaje. El cruce entre la realidad y lo onírico habilita otro protagonista decisivo, el mar. En todo este cuadro, que se pretende como un ensayo visual, algunos pasajes logran captar la tristeza del encierro y encuentran caminos de enunciación donde la emoción parece fluir con mayor espontaneidad; en otros, el registro apela a imágenes recreadas cuyo derrotero tiene más que ver con lo solemne. El resultado es notoriamente desparejo. Guillermo Colantonio
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