En la primera jornada de la lucha por el Astor, en la Competencia Internacional del 39° Festival Internacional de CIne de Mar del Plata, se vieron Saturday night de Jason Reitman y Cabaret total de Roy Assaf.
–Saturday night de Jason Reitman // 8 puntos
Reitman convierte la noche de debut del icónico Saturday night live! en la televisión norteamericana en unas horas de locura interminable. La primera secuencia nos mete en un solo plano en esos pasillos y camarines, con una cámara en mano nerviosa, mientras el productor Lorne Michaels (gran creación de Gabriel LaBelle, que ya hizo de Spielberg en Los Fabelman) intenta reunir la tropa de comediantes y egos que tiene a su cargo, a la vez que batalla contra los empresarios que miran de reojo ese concepto entre hedonista y descontracturado que intenta imponer. Uno cree que el vértigo de esa secuencia será sólo el prólogo, pero Reitman y su coguionista Gil Kenan logran el milagro de que la tensión se sostenga sin nunca agobiar al espectador. Saturday night funciona como comedia cáustica y como homenaje, no sólo a esos personajes que de alguna manera reinventaron la comedia norteamericana sino también a la comedia en sí, al acto de hacer reír, al poder contracultural del chiste, a no tenerle miedo a nada si uno está armado de un par de buenas gracias. Hay un leitmotiv que tiene que ver con el armado de un piso de ladrillos, que funciona como metáfora poco sutil, pero que hacia el clímax encuentra el sentido y emociona. Y, claro, el milagro del hecho artístico que, cuando hay talento, se revela contra viento y marea. Mex Faliero
–Cabaret total de Roy Assaf // 6 puntos
Hay varios temas acumulados en la película de Assaf y no necesariamente desarrollados a fondo: la guerra, la presencia del ejército israelí incrustado en la vida cotidiana, el fantasma de la milicia, la política, el teatro, el arte y el calvario de la cancelación. Forman parte de una puesta en escena amable, incapaz de cruzar el umbral hacia la incomodidad o lo políticamente incorrecto. Esa intención es visible en la búsqueda de empatía a través del protagonista, hilo conductor en esta red de vínculos y problemas. Primero lo vemos regresando de la guerra y a continuación ya asistimos al teatro donde intenta consagrarse como actor con una especie de cabaret al que asisten sólo algunos espectadores. Pero también es profesor y un incidente con una alumna lo mete en un laberinto kafkiano. Paradójicamente, la repercusión del caso incentiva el interés por su obra aunque las presiones familiares y políticas serán más fuertes. Es aquí donde se activa el dilema moral de la película, una encrucijada entre obedecer lo que otros sugieren (“que meta la cabeza como un avestruz”) o apostar por sus anhelos y no quedarse callado. Mientras tanto, Assaf incorpora homenajes de Fellini, amaga con una versión hebrea del Guasón y ofrece una crítica liviana a cierto proceder de la sociedad y del gobierno. El mensaje asoma un poco toscamente en el horizonte: más allá de todo, el arte como persistencia y salvación. Mensaje que parece ser más importante que las inquietudes cinematográficas. Guillermo Colantonio
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