Título original: Idem
Origen: Argentina
Dirección: Valeria Bertuccelli, Mora Elizalde
Guión: Valeria Bertuccelli, Malena Pichot, Mora Elizalde
Intérpretes: Valeria Bertuccelli, Cecilia Roth, Justina Bustos, Fabiana Cantilo, Martín Garabal, Mara Bestelli, Mercedes Scapola, Fabián Arenillas
Fotografía: Julián Apezteguia
Montaje: Luz López Mañé
Música: Gabriel Fernández Capello
Duración: 105 minutos
Año: 2024
6 puntos
LA BANALIDAD INTERIOR
Por Mex Faliero
La reina del miedo fue un debut tan promisorio y estimulante en la dirección, que ni bien la terminamos de ver ya necesitábamos la segunda película de Valeria Bertuccelli tras las cámaras. Pero la siguiente obra tomó nada más y nada menos que seis años en llegar, y en el medio la vimos tan poco en la pantalla, que temimos que se hubiera tratado de un debut y despedida. Pero no, como decíamos, Bertuccelli se presenta nuevamente como directora, o como codirectora ya que vuelve a compartir la silla, antes fue con Fabiana Tiscornia y ahora con Mora Elizalde. Además, Bertuccelli compartió la escritura de La reina del miedo con Tiscornia, mientras que en Culpa cero -su nuevo opus- comparte el guión con cuatro manos más en vez de dos: la mencionada Elizalde y Malena Pichot. Evidentemente hay algo colaborativo en la búsqueda que hace la actriz y directora, algo que no está nada mal sobre todo en la comedia, un género que funciona mucho mejor a partir de los códigos compartidos, pero puede que en este caso esa multiplicidad de voces y miradas haya terminado potenciando el extravío que evidencia la película una vez que se sienta la premisa y el primer acto define las acciones.
Tanto en La reina del miedo como en Culpa cero, el mundo del arte y sus periferias se vuelven centro del relato. Si en aquella teníamos a una actriz encerrada en su mente (metáfora) y casa (literal), ahora la actriz interpreta a una escritora de libros de autoayuda a la que su mundo se le desvanece luego de que la acusen de plagio. Plagios groseros, digamos: hay frases textuales de Gandhi y Séneca. Esa exageración es tan sólo uno de los detalles de una película plagada de ellos, que sirven para descomprimir un relato que se abre como una comedia cínica sobre la frivolidad del artista autopercibido progresista (la película arranca con una entrevista en la que la mujer recita el manual del perfecto artista comprometido) para cerrarse lenta y progresivamente como un drama psicológico acerca de una artista que termina reinventándose sin aprender demasiadas lecciones en el camino, un poco porque no está preparada para eso y otro tanto porque el mundo es un cúmulo de cinismo, banalidad y materialismo. El título, Culpa cero, parece más una autodefensa de la película que un apunte sobre su protagonista: es como si Bertuccelli, Elizalde y Pichot aceptaran que dicen un montón de maldades sobre todo y no piensan pagar por nada.
Si uno mira un poco por arriba de la película, sin dudas que la presencia de Pichot, su humor misántropo, parecido en tono al de Cohn y Duprat, aunque tengan destinatarios diferentes (para Pichot los progres superados que te miran por encima del hombro; para Cohn y Duprat los derechosos superados que te miran por encima del hombro), es el que se impone. Si en La reina del miedo (y sé que las comparaciones son odiosas pero se hace inevitable poner una película en espejo con la otra porque hablan más o menos de asuntos parecidos) Bertuccelli se reía de la crisis de esa actriz, pero terminaba la película con más dudas que certezas, abrazando un poco en su incertidumbre a esa criatura que habitó. Aquí no pasa eso con Berta Muller (la protagonista), ni con su universo de personajes que la rodean (tal vez a excepción de la hija, un personaje un tanto abstracto que termina siendo puramente funcional, y un poco la Marta de Justina Bustos, que bordea el estereotipo), una celebración de la banalidad que no obstante logra algunos pasajes divertidos. Lo curioso de Culpa cero es que, a diferencia de La reina del miedo, a medida que avanza va diciendo cada vez cosas más convencida y en volumen más alto, pero se vuelve menos comprensible para el espectador, hasta que no entendemos del todo qué nos quiere decir o cuál es su punto de vista sobre los temas que aborda. Lo que nos queda entonces es el lucimiento de Bertuccelli y el de un elenco que está perfecto en sus roles. Y sí, más allá de sus desniveles, una comedia con personalidad que por momentos hace reír con ganas.
Si disfrutás los contenidos de Funcinema, nos gustaría tu colaboración con un Cafecito para sostener este espacio de periodismo independiente:


