Por Mex Faliero
Lejos de dormirse en los laureles de una primera temporada que había sido sorprendente, la serie creada -entre otros- por J.G. Quintel avanzó en su segunda temporada en el nivel de delirio imprevisible que ya había mostrado, pero dejando un poco el centro de la pareja protagónica y su pequeña hija, y abriendo historias y aventuras hacia los personajes secundarios. Close enough se inscribe dentro de las series de animación centradas en núcleos familiares, pero trafica su crítica social en altas dosis de humor surrealista sin pensarse tanto como una reflexión política sino más bien como una mirada exagerada y aumentada de la realidad. Así llega a capítulos muy divertidos con temas como la obsesión por el físico o la adicción a los teléfonos celulares, pero sin caer en la monserga moralista. Con un formato muy seductor, de capítulos dobles con historias independientes que superan levemente los diez minutos, Close enough es realmente vertiginosa y hace una aprovechamiento notable de los límites borrosos de la animación. Esta temporada sobresalieron varios episodios, como Sauceface, donde la pequeña Candice se convierte en un personaje de Scorsese mientras vende salsa picante en la escuela; Secret Horse, una muy divertida parodia a esas películas donde un animal va de dueño en dueño dejando enseñanzas, aunque aquí nadie aprende demasiado; y Men Rock!, que se mete muy inteligentemente con el discurso feminista, dando vuelta algunos lugares comunes. Y hay mucho más para destacar, pero mejor invitar a sumergirse en este universo delirante, donde el humor anárquico se da la mano con personajes queribles y una mirada humana, lejos de algunas animaciones contemporáneas que creen que la distancia y el cinismo son lo único que nos queda.
-Los ocho episodios de la segunda temporada de Close enough están disponibles en Netflix.
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