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MAR DEL PLATA 2019: Competencia Internacional – Día 4


Black magic for white boys de Onur Tukel / 7 puntos


Sinceramente desconocía la obra de Tukel, pero luego de esta Black magic for white boys me he ganado un amigo. Será que su humor incómodo, virulento pero melancólico, que pega con efectividad en el centro de cierta modernidad políticamente correcta encaja perfecto con mi hastío sobre un presente de gente que se molesta por todo con un nivel de fascismo alarmante. O también será que en medio de tanto drama cortado por la tijera del manual de los festivales de cine, una comedia como la que propone Tukel es un bálsamo para abrazar: con sus desprolijidades, desniveles y todo lo que le queramos señalar como negativo. En la tradición de cierta comedia neoyorquina independiente, con el horizonte claramente marcado en Woody Allen pero también con algo de la malicia de Jerry Seinfeld, el director construye una película que utiliza elementos fantásticos de manera prosaica a partir de un mago que ejecuta la magia negra para que su show vuelva a vender entradas. Pero esa magia negra terminará implicando a varios personajes en esta trama coral y dividida en capítulos. Como decía Seinfeld en Comedians in cars getting coffee, la diferencia entre un racista y alguien que hace humor racista es que el primero no se da cuenta que lo está siendo. Black magic for white boys está plagada de personajes misántropos, miserables e individualistas, pero Tukel no sólo es honesto sino que además se reconoce en ese egoísmo urbanizado (no es, por decir algo, Iñárritu o los Coen, que se creen muy inteligentes y superiores al resto de la humanidad). Desde ese lugar, Black magic for white boys se vuelve adorable en su mirada sobre temas varios como la paternidad, el entretenimiento, la integración, el racismo y la forma en que una ciudad puede discriminar y alienar a sus habitantes. Hay situaciones que funcionan mejor que otras, pero hasta esa anomalía es saludable en el contexto del cine contemporáneo tan perfecto y en busca de cariño. No pareciera que Tukel busque ese afecto, más bien todo lo contrario. Sin embargo yo ya lo quiero y me voy a poner a ver Catfight que, me enteré, está en Netflix. Mex Faliero

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