Por Mex Faliero
Atención: se revelan detalles del argumento.
El capítulo se llamaba Winner y atentos al nivel de ironía que Vince Gilligan y Peter Gould han manejado a lo largo de la cuarta temporada, restaba ver de qué manera Jimmy McGill se convertía en un ganador cuando las cosas al cierre de Wiedersehen indicaban todo lo contrario. O, por qué no, ese “winner” del título no era más que una nueva vuelta de tuerca. El último capítulo del año de Better call Saul presentó un prólogo que intentó despistarnos para llevarnos de las narices ante un final impensado: Jimmy finalmente recupera su licencia para trabajar como abogado, aunque ese triunfo no es más que el comienzo de su espiral en descenso que el corte abrupto del final nos deja en suspenso hasta 2019.
Atentos a un detalle: el capítulo fue dirigido por Adam Bernstein, un habitual en la confianza de Gilligan y Gould, para quienes ya dirigió algunos de los más vibrantes episodios de Breaking bad, pero también un par de los mejores capítulos de Better call Saul: los vibrantes Five-O (2015) y Gloves off (2016), que tuvieron como protagonista a Mike. Bernstein es un tipo de acción, alguien que sabe manejar los recursos del policial y vincularlos con las emociones de los personajes. Y vaya que Winner tuvo emociones.
El capítulo se dividió fundamentalmente en dos tramas: la búsqueda que Mike hizo del fugitivo Werner Ziegler y las maniobras de Jimmy para conmover a la sociedad legal de Alburquerque y conseguir el tan ansiado permiso para ejercer como abogado. Y en ambos casos a lo que asistimos es al comienzo definitivo del camino que ambos personajes transitaron hacia su realidad en Breaking bad. La diferencia que marcó ambos recorridos, y que resulta de una estupenda lectura de la psicología de cada personaje, es la conciencia o no de sus actos, la trágica aceptación de Mike y el cinismo festivo de Jimmy. Mike tuvo que eliminar a Ziegler, en uno de los momentos más bellamente tristes en la historia de la serie: dos hombres, víctima y victimario, conscientes del destino que los ha unido, respetándose y aceptando el rol que cada uno cumple. Una caminata en medio del desierto para ir a ver las estrellas y un plano lejano, que respiró western por todo lo ancho de la pantalla, para sellar no sólo el destino inconcluso del ingeniero alemán, sino el lazo de sangre que unió definitivamente a Mike con Gus Fring. Al regreso de su “tarea”, a Mike le alcanzó con presentarse entre las sombras, cruzar una mirada e informarle a Fring que el problema estaba resuelto. Ehrmantraut sabe que fue todo culpa suya, y no es hombre de tomarse esas cosas a la ligera.
Pero en su totalidad, Winner fue un acto de magia de Jimmy, ese gran ilusionista. El capítulo tuvo un prólogo bellísimo, en el que vimos a Jimmy graduarse y a Chuck salirle de consejero. Y en el festejo posterior, los hermanos cantaron en el karaoke The winner takes it all, aquella bella canción de ABBA que nos habla de ganadores y perdedores. La dinámica de la escena mostró esa tensión intrínseca en la relación, pero al fin de cuentas también ese amor de hermanos que los unía: y Chuck cuidando a un Jimmy absolutamente ebrio. Ese flashback operó como recuerdo, como prueba de que en algún lugar de su interior Jimmy tenía que poder perdonar a su hermano. Y nos llevó de las narices a lo largo de todo el capítulo haciéndonos creer que había aprendido la lección, que mencionar a Chuck en su alegato sería clave para recuperar la licencia. Y vaya si lo hizo. Jimmy (gigante Bob Odenkirk. el monólogo en el que le explica a una joven por qué no recibirá una beca y por qué eso le tiene que importar nada, es magistral) le hizo creer no sólo al jurado, no sólo a Kim, sino a nosotros los espectadores que conservaba al fin de cuentas un buen recuerdo de su hermano. Su triunfo final llenó de energía positiva los últimos minutos, para asestarnos un golpe a todos en el reptil final de temporada: “Did you see those suckers” le dijo a una incrédula Kim, a quien se le fue rompiendo el corazón de la misma manera que ella se lo rompió a Jimmy días atrás con aquel “you are always down”. Jimmy no sólo no cambió, si no que se burló ante nuestras narices. Y avisó que no usará su apellido para ejercer.
El último plano fue brillante, una Kim (ella, el gran personaje de esta temporada) absolutamente desilusionada viendo alejarse a Jimmy. Así nos quedamos todos en un nuevo corte abrupto, aunque esta vez con la ansiedad de saber que vamos a tener que esperar bastante para conocer cómo sigue la historia. La cuarta temporada se fue con un capítulo notable, y con una serie de episodios que dejaron la vara muy alta: Better call Saul ha comprobado este año que no precisa de los grandes conflictos y sin un centro dramático evidente, puede ser igualmente fascinante. Porque tiene un grupo de personajes sólidos, porque sus conflictos son complejos, porque sabe ser salvajemente divertida y dolorosamente trágica. Este ha sido otro gran año, tal vez un poco por detrás de la temporada 3, pero que se ha dado el lujo de dejarnos con una certeza, y con lo que todos estábamos esperado.
Bienvenido señor Goodman.
