Por Rocío Rivera
La semana pasada se estrenó el documental Mi histeria en el cine, de María Victoria Menis, donde la realizadora construye un relato autorreflexivo sobre sus experiencias creativas y su crisis con el universo cinematográfico. En charla con FUNCINEMA, la cineasta cuenta el contexto en que surgió el proyecto, las implicancias terapéuticas que tuvo, su trayectoria como directora, las referencias sobre las que se apoya y su relación con el universo del cine nacional, entre otras cuestiones.
¿Cómo surgió la idea de Mi histeria en el cine?
A raíz de una crisis mía con el cine…Pero no se trataba de una crisis creativa. No… Sucedió después de que María y el Araña, mi última película de ficción, estuvo en varios festivales y sacó muy buenas críticas; pero costó tanto estrenarla en Argentina. Problemas de distribución y exhibición. Que no sólo tengo yo… ¡ni mucho menos!! Son un karma del cine argentino. Y entonces me pregunté si valía la pena dedicarle tres años o cuatro años a una obra, para que en tu propio país se proyecte tres semanas en los cines.
¿Cómo fue la experiencia de filmar este documental en comparación con la experiencia de filmar ficción que venías desarrollando?
Por tratarse de una película que habla sobre el cine, sobre mi experiencia, mis orígenes familiares, muy cinéfilos, desde ese lugar, fue muy terapéutico, liberador y transformador. Estuvo íntimamente ligado a mí. También la diferencia estuvo en el equipo de trabajo. Pequeño, ágil, todo más simple, se me hacía más tranquilo, sin la presión que ejerce la ficción.
¿Qué camino podrías establecer entre tus ficciones anteriores (muy alabadas por la crítica nacional y extranjera) y la concreción de esta película?
El camino de cada una de mis películas, me llevó a tener grandes satisfacciones pero al mismo tiempo me condujo a esta crisis que narro. Y creo que el poder darle más lugar a la satisfacción creativa, el volver a la esencia de por qué filmé cada una de mis películas, fue un ejercicio reparador.
Tu cine es muy reconocido y muy personal, ¿qué films y/o directores podés reconocer como influencia o inspiración?
Soy amante de muchísimos directores. Quizás cuando empecé, con Los espíritus patrióticos, la hice muy influida por el cine inglés muy delirante. Un estilo del Brazil de Terry Gilliam, que en su momento me había dado vuelta la cabeza.
Ese cine, que amo, es el que se acerca al de los hermanos Coen, a los que admiro profundamente. El gran Lebowski directamente me mata. Y en una zona más dramática, Barton Fink. Para mí es una profundidad existencial profunda unida a una expresión estética sublime. ¡Ojo!! Te quiero decir que estoy dejando de lado directores que amo, pero esa onda era mi primera peli. ¡Obviamente ese vuelo es de genios!! Jajaja. Mi segunda película, Arregui, la noticia del día, con Carmen Maura y Enrique Pinti, dos genios, estaba más influida por ese cine italiano o español de mucho diálogo imparable y con personajes bordeando lo ridículo. Porque creo que nosotros, los argentinos, somos eso, de todo opinamos, de todo. Y me causa gracia, porque llega un momento en que de tanto hablar, a veces no decimos nada.
Después me vino la onda del silencio. Ese cine que siempre admiré. Con El cielito, la influencia más notoria, tengo el orgullo de decir que fue un director argentino: el Leonardo Favio de sus tres primeras películas. El de Crónica de un niño solo, Aniceto, El dependiente. Sobre todo el de El Aniceto. Y como puede ser un genio tan grande que vuelve a filmar Aniceto, con danza… ¿y otra vez resulta una película fuera de serie?
También tuve en El cielito la influencia de maestros chinos, vietnamitas, japoneses. La cámara oscura tiene la libertad de aquellas películas checas, o también americanas de los setenta, o inglesas de la década free, que jugaban con fotos, dibujos animados, documentales, dibujos, o mismo las experiencias del cine arte…una especie de collage fílmico libre para contar sensaciones internas de los protagonistas. Algunos amigos míos tenían miedo porque dentro de los primeros 15 minutos ya había un dibujo animado que se descolgaba de la nada. Y yo decía «¡la irrupción, la intervención, la está usando el lenguaje el audiovisual por todas partes!! ¡No seamos tan rígidos con el cine!!!”
Y en María y el Araña miré varias veces ese Truffaut entrañable de Los 400 golpes. Tan al corazón… Con chicos como protagonistas, con ese respeto magistral por ellos. Algún programador de Cannes me preguntó: “¿Por qué no mostraste cuando abusaban de la piba? Más carne al asador”. Y yo me acordaba de todos los maestros del cine que usaron la sutileza con los chicos. El espectador ya sabe. Ya imagina. Ya le duele. Y encima con el tema del abuso donde todo sucede entretelones, por detrás de una supuesta cotidianidad. Me pareció tan fuera de lugar.
¿Qué comentarios, consejos, críticas u observaciones aportó tu familia antes, durante y después de la filmación del documental, teniendo en cuenta que son un eje central en el desarrollo del mismo?
Ellos aportaron toda su naturalidad. No opinaron si era mejor esto o aquello, ¡para nada! jajaja. Ellos fueron lo que son siempre sin cámara. Más no les podía pedir.
¿Cómo es tu relación con la industria cinematográfica y la crítica de cine local?
Mirá, mi cine no es taaan industrial. Es decir, no trabajé aun con alguna de las cuatro o cinco empresas más industriales que hay en la Argentina. Son películas medianas. Llevé el guión de Arregui a algunas de esas productoras pero no fue aceptado. Ni siquiera con Pinti y Maura en el elenco… Se ve que no tenían mucha confianza en mí… jejeje. O el guión no era lo políticamente correcto como para este tipo de empresa en la Argentina. No me llama la atención. Esto no sucede en otros muchos países en que a algunas pelis les dan con un palo a gobiernos, presidentes, organismos, marcas, etcétera y son financiados por grandes productoras y exhibidas por majors. Acá parece que no es tan así. Por lo menos en esa época. Y ahora habría que ver, siendo una comedia medio negra.
Tolero bien la crítica, no siempre la comparto, pero la respeto. En tanto hayan visto las películas y le dediquen tiempo a criticar. Ahora voy a hacer una crítica yo. Y no es a todos los periodistas. Es a los medios, y a quienes deciden. Sobre todo a los medios de más tirada, que ya se han acostumbrado a no publicar todas las críticas los jueves. Y publican algunas los viernes, sábados y hasta domingos. El jueves, les pido que recuerden que es el día de estrenos de cine. Es el día de nuestra difusión. Ya sea mala o buena la crítica, obvio. Porque es el día que el interesado mira el diario, las recomendaciones. Es un código, no lo rompan. Yo sé que el dinero mueve el mundo. Pero no es el día, por ejemplo, de publicar a toda página la programación de la plataforma más vista del mundo.
En la crítica publicada en Funcinema, se baraja la hipótesis de que el film postula la idea del arte como una necesidad creadora, en este caso particular, el hecho de filmar. ¿Qué opinas de eso?
Opino como Funcinema. Y no sólo para los artistas. Para toda la gente. Cuando se rescata al «creador» que todos llevamos adentro reaparece un goce pleno. Por lo que a todo el mundo le recomiendo hacer alguna actividad creativa. En mi caso, reencontrarme, en esta película, con la María Victoria de 20 años que gozaba y creaba en el cine fue una necesidad absoluta.
