Por Cristian Ariel Mangini // fotos: Gianina Arrayet
La clave de la apertura del Festival de Cine, que ya va por el número 31, está en comprender las pequeñas rupturas y ese peso que se le procura dar a la idea de continuidad. La sobriedad, la brevedad y las frases poco resonantes son quizá algunas de las pinceladas que dejan un acto que indica que la nueva gestión aún no se ha afirmado del todo y que la continuidad de la dupla de José Martínez Suarez -presidente del Festival- y Fernando Martín Peña -director artístico- garantizan la constancia de un trabajo que se ha mantenido a lo largo de varios años. También señala desprolijidades que se han perpetuado y se agudizan.
Tras un ingreso atropellado y la confusión por la falta de información sobre los accesos, la apertura finalmente tuvo su inicio a las 21:15 con Andy Kusnetzoff, un conductor que estuvo lejos del timing radial que lo acostumbra, a menudo perdiendo la línea de lo que ocurría en el escenario. Una breve reseña con la información que nos recuerda la categoría del Festival y cantidad de invitados, entre otros datos señalados de forma enciclopédica, dio lugar a la propuesta musical de Alejandro Terán, Hypnofón, que mantuvo un ritmo acorde y levantó el nivel del acontecimiento. Es en las palabras de las autoridades que siguieron a esta celebración donde se advierten los rasgos que caracterizan a este puntapié inicial del Festival.
Alejandro Cacetta, actual presidente del INCAA, rescató la “continuidad desde lo artístico” subrayando la posibilidad de “ver un cine que no se ve en pantallas comerciales”. Por otro lado recordó la importancia de recuperar los encuentros entre productores, como una veta que se había perdido en las últimas ediciones del Festival. Por su parte Enrique Avogadro, actual secretario de Cultura y Creatividad del Ministerio de Cultura de la Nación, también hizo hincapié en el valor de establecer una continuidad respecto a los festivales anteriores, al mismo tiempo que señalaba que “los países grandes tienen instituciones culturales grandes”, siendo el Festival fundamental por este factor. Destacando la labor de los realizadores nacionales al indicar que “sigue estando la idea de contar buenas historias”, sin embargo resultó más cuestionable la alusión a que la realización de este acontecimiento permite un “desarrollo del vínculo de la cultura con el espacio público”, apuntalando comercialmente a la ciudad, algo que no se ha perpetuado ni efectivizado con ninguna de las ediciones anteriores.
La dupla del presidente del Festival junto al director artístico resultó más breve, también porque era sobre las figuras que pesaba la idea de continuidad que se venía advirtiendo. Además de rescatar este aspecto sobre el cual Peña volvió para destacar la gestión de Cacetta, hizo mención a la colaboración de la Orquesta Sinfónica de Mar del Plata para musicalizar clásicos que hermanan a la ciudad con el cine en distintas proyecciones especiales, siendo Caballo de hierro, de John Ford, el caso más relevante. Por su parte Martínez Suarez destacó el alto porcentaje de producciones latinoamericanas respecto a años anteriores, indicando el salto de calidad que se advierte en el cine de países vecinos. Luego se dio lugar a la tradicional foto de los jurados, que fue apenas un instante donde no se pudo evitar silencios incómodos a pesar de la prominencia de las figuras.
Sobria y algo fría pasó esta apertura que sin embargo auspicia desde su realización muchos de los defectos y virtudes que han caracterizado al Festival en estos últimos años, sin la espectacularidad o los titulares explosivos que se podían escuchar en ediciones anteriores. Así deja que sea el nivel de la muestra y la calidad de los eventos el que finalmente hable, antes que un acto aislado.





