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Murió la legendaria actriz japonesa Setsuko Hara

setsuko haraLa legendaria actriz Setsuko Hara, protagonista de películas como No añoro mi juventud (Akira Kurosawa, 1946) y Cuentos de Tokio (Yasujiro Ozu, 1953), murió el 5 de septiembre pasado aquejada de una neumonía.

La figura femenina más importante del cine de Ozu tenía 95 años y llevaba retirada del mundo de la actuación desde 1963, el mismo año de la muerte del cineasta con quien tanto había compartido. Desde entonces, se mantuvo recluida durante décadas en la ciudad de Kamakura.

Toda una leyenda en Japón, para la cinefilia mundial Hara siempre será una de las mejores actrices de todos los tiempos. Su carrera artística comenzó a los 15. Empezó a obtener relevancia con su papel de heroína trágica en el romance bélico La hija del samurái (Arnold Fanck y Mansaku Itami, 1937), confirmando su talento en producciones de posguerra como El baile en la casa Anjo (Kozaburo Yoshimura, 1947) o Blue Mountains (Tadashi Imai, 1949), pero sobre todo a las órdenes de Akira Kurosawa en el drama No añoro mi juventud. Unos años después, volvería a trabajar con el director en El idiota (1951), adaptación de Dostoyevski.

Pero si hay una filmografía a la que ha quedado vinculado el rostro inescrutable de la actriz, magnético en su humana sencillez, es a la de Yasujiro Ozu, en cuyas películas domésticas encarnó como nadie el arquetipo de mujer nipona en sus diversas variantes y sometimientos culturales, familiares y sociales. Empezando por la obra maestra Primavera tardía (1949) hasta Principios de verano (1951), Cuentos de Tokio (1953), Crepúsculo en Tokio (1957), Otoño tardío (1960) y El otoño de la familia Kohayagawa (1961), las películas de Hara con Ozu son uno de los mejores ciclos que ha dado la historia del cine.

También trabajó en varias ocasiones con otro de los pilares del cine japonés, Mikio Naruse. Hara protagonizó El almuerzo (1951), la tremenda La voz de la montaña (1954), Chaparrón (1956) y Daughters, wives and a mother (1960). Este último, título que ejemplifica el tipo de roles que la actriz sabía trascendía sencillamente a la perfección.

(Fuente: Cinemanía)

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