Por Rodrigo Seijas
Viendo lo que ha sido su carrera en Estados Unidos, se puede inferir que Juan José Campanella está considerado allí un realizador de relativa importancia, con una innegable chapa a partir de la obtención del Oscar por El secreto de sus ojos –más la anterior nominación por El hijo de la novia-, pero que finalmente no ha trascendido el ámbito de la pantalla chica. Aún así, ya tiene una trayectoria interesante en la televisión, habiendo dirigido episodios de series como Doctor House y La ley y el orden: Unidad de Víctimas Especiales.
El de Halt and catch fire es un caso especial, porque Campanella tuvo la oportunidad de dirigir capítulos especialmente importantes: los dos primeros y el último de la primera temporada (titulados I/0, FUD y 1984, respectivamente), y el primero de la segunda temporada, titulado SETI. Esto implicó que recayó en él la responsabilidad de imprimirle al programa el estilo de puesta en escena, el ritmo narrativo y el tono de las actuaciones, entre otros aspectos, que luego servirían de molde para los cineastas que iban a trabajar en los otros episodios. Esto no significa que tenga plena libertad, ya que no es productor, guionista ni parte del equipo creativo, por lo que él también trabaja a partir de una guía predeterminada y que debe seguir.
Aún así, Campanella no desaprovecha la ocasión que se le presenta y en todos los capítulos mencionados hace notar su mirada como director, sin por eso obstruir o bloquear lo que se está contando. Halt and catch fire es esencialmente una serie sobre laburantes, aunque sean muy particulares: un ejecutivo ambicioso y visionario (Lee Pace), un ingeniero (Scoot McNairy) y un prodigio de la informática (Mackenzie Davis) que, a principios de los ochenta, en una era dominada por ese monstruo corporativo que era IBM, buscan romper los moldes y pautas empresariales a través de la innovación. Son individuos a los que les cuesta separar lo personal de lo laboral, y que en verdad se terminan definiendo a partir de sus acciones en un contexto de competencia extrema, que llega a romper con normas éticas y morales, como producto (y productor) de una época. Son seres que no se explican ni a sí mismo ni lo que están haciendo, y que manejan un lenguaje propio, hay que tener un gran equilibrio desde detrás de cámara para que no se pierda la empatía. Campanella logra ese balance requerido y brinda el marco adecuado, a través de un montaje muy preciso, planos torcidos y ubicados en posiciones inusuales –casi como espiando a los personajes o hasta recortando sus cuerpos- e incluso recurriendo al plano secuencia, como en el magnífico inicio de SETI.
Es cierto que por momentos Halt and catch fire –y Campanella- pierden un poco el rumbo y que sus protagonistas quedan en sus construcciones demasiado lejos del espectador, como seres un tanto abstractos y encajados en estereotipos. De hecho, no posee la inteligencia e innovación que supieron aportar series como, por ejemplo, Mad men, aunque eso pueda deberse a que busque otros objetivos a partir del dinamismo y la tensión que le imprime a su narración. Aún así, no deja de formar parte de una sólida segunda línea de la televisión estadounidense. Con eso, ya le alcanza para merecer una oportunidad.
La segunda temporada de Halt and catch fire se emite por AMC todos los lunes a las 22:00.

