Por Daniel Cholakian y Carlos Prado
La figura de Julio Cortázar se revitalizó este año (por si hacía falta) con esos números redondos que se celebran dos por tres, y que en esta ocasión tenían que ver con un nuevo aniversario de su nacimiento. En ese contexto cayó el estreno de Historias de cronopios y de famas, una película animada que adapta al escritor a partir del trabajo de pintores y artistas plásticos como Carlos Alonso, Daniel Santoro, Antonio Seguí, Patricio Bonta, Crist, Ricardo Espósito, Luis Felipe Noé, Magdalena Pagano, Luciana Sáez y Ana Tarsia. Pero hay una verdad: si bien se la conoce ahora, esta película tiene detrás seis años de trabajo. Su director, Julio Ludueña, charló sobre detalles fundamentales de una producción sumamente compleja y que indaga en los caminos de la animación.
-¿Cómo fue el proceso de creación de la película?
Creo que lo que tiene de lindo el proyecto es que junta la maestría literaria de Cortázar con la maestría plástica de cada uno de los pintores involucrados. La película consta de diez episodios, cada uno correspondiente a un cuento que elegimos de los que componían el libro de Cortázar, para constituir un relato cuyo eje es como un fresco de los últimos sesenta años de vida latinoamericana. Es una obra con una gran diversidad estética y plástica, proveniente tanto de los pintores como del relato original de Cortázar, que encierra también varios estilos.
-Es clave para la película el trabajo de los distintos maestros que ilustran los episodios, pero sin embargo hay miradas y recorridos sobre cada uno de los diferentes relatos. ¿Cómo se creó la narrativa que cada uno tiene?
Simplemente leyendo a Cortázar. Sus obras, en particular Historias de cronopios y de famas, por la brevedad y precisión de sus relatos, son como una partitura, en la que cada palabra es una partitura que puede ser interpretada de diversas maneras, sin obedecer a una interpretación precisa. Por ejemplo, en el cuento Comercio el conflicto se da en una fábrica, entre patrones y obreros, esas son las notas tocadas por Cortázar. Nosotros lo que hacemos con Santoro es tocarlas utilizando toda una iconoclasia que Santoro maneja muy bien y que está implícita en el contexto del libro y de Cortázar.
– Si uno tomara la interpretación tradicional de un cuento de Cortázar, como Casa tomada, y mira estos Cronopios, que son una especie de representación de la aparición del peronismo frente a esta Victoria Ocampo que está como dueña de la fábrica, hay una relectura de Cortázar que sorprende.
Bueno, en cada película el director elige a los actores. Con Santoro elegimos como dueña de la fábrica a Victoria Ocampo, que es como si uno eligiera para interpretar a Superman a alguien chiquito. Todo depende del lenguaje del director.
-¿Trabajaste con cada uno de los artistas plásticos la idea para la puesta en escena o vos fuiste con una propuesta ya armada para estructurar cada uno de los relatos sobre la que ellos trabajaron?
Yo escribí un guión donde estaba la idea básica de la adaptación -al guión siempre lo tomo como una guía de trabajo- y luego pasamos a hacer en conjunto la puesta en escena, del mismo modo que uno lo hace con los actores. Siguiendo el ejemplo de Santoro, él me dijo “mirate Para nosotros, la libertad, de René Clair”, porque en ese film hay una cárcel y la fábrica de nuestro relato tenía que ser como una cárcel. Es que, aunque la película está doblada por señores actores, como Stella Maris Closa, Rodolfo Graziano, Aldo Pastur o Cristina Tejedor, las verdaderas estrellas son los pintores. Y los animadores, que tuvieron que romperse sus cabezas para llevar a la práctica las locuras de Cortázar, los pintores y mías.
–La animación que se usa en el film no es la tradicional, ya que se trabajó sobre obras.
Claro. En algunos casos los pintores trabajaron para los animadores pero en otros fueron los animadores los que tuvieron que trabajar sobre las obras, a las que tuvieron que dividir en capas, para después movilizarlas. Fue un trabajo muy lindo, que llevó seis años pero que lo disfrutamos mucho.
-¿Cómo es abordarlo a Cortázar, teniendo en cuenta además su aporte al cine? ¿Te facilitó la tarea?
Sí, creo que sí. Es como haber contado con un guionista impresionante que escribió un guión para dibujos animados con estas historias surrealistas que penetran por completo la realidad desde un punto de vista fantástico, desmenuzando lo cotidiano. Dicen que el guión es importante en cualquier producción y en esta efectivamente lo es. Creo que todos los que trabajamos en el proyecto estamos muy contentos con la labor realizada pero Cortázar es realmente muy cinematográfico, quizás por lo cinéfilo que era. No sólo su literatura podía ser cinematográfica, sino que también era capaz de influir en las formas narrativas.
-Hablabas de las letras del libro de Historias de cronopios y de famas como una suerte de guión espectacular, pero tomaste la decisión clara de salir incluso de aquella imagen que el propio Cortázar pone en las historias, cuando habla de los cronopios como seres verdes y húmedos. Se abre por completo el universo de qué es ser un cronopio y qué es ser un fama. Incluso cambiás fuertemente los registros en los distintos relatos.
Sí, pero fijate que son interpretaciones que están en los propios cuentos de Cortázar. Estos relatos han sido tomados como algo intrascendente, divertido, pero también se los puede tomar de manera totalmente opuesta. Eso se puede ver en el episodio final, tal vez el más duro, Conservación de los recuerdos, que trabajamos con Carlos Alonso, y donde el mismo Cortázar aporta una definición diferente de los cronopios. Pienso que Cortázar fue básicamente un revolucionario: en los cincuenta, la revolución se hacía en los cincuenta siendo antiperonista. Pero creo que también como artista fue un revolucionario, haciendo literatura en Inglaterra, inventando palabras y formas narrativas, y en ese sentido, este homenaje a Cortázar hecho cine trata de inventar una nueva forma dentro del género animado.
–Precisamente la relectura que hacés está habilitada por los propios textos de Cortázar, a los cuales actualizás, que es de algún modo el trabajo que uno tiene que hacer: releerla desde el lugar en el que uno está parado.
Es cierto, porque ahí está el valor principal de esta nueva recreación para el espectador.
(esta entrevista se realizó en Bajo el volcán, programa que se emite por FM La Tribu)
