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Inheritance

Título original: Ídem
Origen: EE.UU.
Dirección: Vaughn Stein
Guión: Matthew Kennedy
Intérpretes: Lily Collins, Simon Pegg, Connie Nielsen, Chace Crawford, Patrick Warburton, Marque Richardson, Michael Beach, Rebecca Adams, Alec James, Josh Murray, Mariyah Francis, Joe Herrera, Christina DeRosa
Fotografía: Michael Merriman
Montaje: Kristi Shimek
Música: Marlon Espino
Duración: 111 minutos
Año: 2020


5 puntos


LA FAMILIA COMO TIBIA PESADILLA

Por Rodrigo Seijas

(@funcinemamdq)

Con un considerable historial como director de segunda unidad o en la asistencia de dirección, Vaughn Stein recién tiene dos largometrajes en su haber, que demuestran que como realizador todavía carece de un pulso firme: Terminal es un intento de policial negro contemporáneo que no llega a consolidarse como tal, más allá de los guiños cancheros al género en el que se apoya; mientras que Inheritance amaga con ser un thriller que dinamita la institución familiar, aunque se termina quedando en insinuaciones.

Quizás esto sea porque Stein todavía no va más allá de esa instancia de cineasta “de concepto”, que parte de ideas atractivas a las que luego le cuesta darle un desarrollo potente. Y convengamos que ese punto de partida conceptual para Inheritance es más que interesante: el patriarca de una poderosa familia fallece súbitamente y su hija mayor (Lily Collins), que siempre tuvo con su padre un vínculo de amor-odio, debe hacerse cargo de una herencia oculta de la mirada pública. A partir de ahí, la protagonista empieza a destapar una serie de secretos bastante tétricos vinculados a un misterioso hombre (Simon Pegg) que amenazan todo el legado familiar.

Si Collins no parece del todo creíble cuando la vemos en los primeros minutos cuando la vemos desempeñándose de manera un tanto despiadada como fiscal de distrito, su apariencia entre frágil y angelical empieza a ser funcional al relato cuando la podredumbre empieza a destaparse. En cuanto a Pegg, un actor siempre vinculado al terreno de la comedia, compone con habilidad a un personaje que alterna entre lo enigmático, lo desesperado y lo siniestro, o incluso todo a la vez. Mientras el relato se apoya en este duelo de voluntades, casi siempre en un mismo espacio, tan opresivo como simbólico de las miserias escondidas, Inheritance es un film bastante interesante, que incluso no necesita de muchas herramientas para generar tensión y hasta miedo.

El problema surge en una instancia casi típica para estos thrillers que exploran las tensiones familiares: la de las revelaciones abruptas e inesperadas, con el objetivo de sacudir no solo a los personajes sino principalmente al espectador. Allí, primero Inheritance no logra realmente sorprender con elementos nobles y cuando lo hace es por el lado de lo inverosímil y facilista. Los giros no llegan a ser ridículos, pero sí antojadizos y hasta tranquilizadores en el peor sentido: si esa familia a la que pertenece el personaje de Collins parece asentarse en un reguero de sangre, traiciones y corrupción, el final deja casi todo de lado a partir del antagonismo con un hombre que representa un mal sin ambigüedades.

Y claro, cuando se quita la ambigüedad, se acaban rápidamente los dilemas éticos y morales. Por eso Inheritance, luego de construir sus conflictos con un ritmo pausado pero sostenido, resuelve todo a las apuradas, sin profundizar en el drama y quedándose con un suspenso barato, casi de película televisiva de la semana. Lo conceptual no llega a trasladarse fluidamente a lo narrativo y, en vez de una pesadilla familiar, solo queda un pasajero mal sueño.

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