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Piraña 2

pirana_unoTítulo original: Piranha 3DD
Origen: EE.UU. 
Dirección: John Gulager
Guión: Patrick Melton, Marcus Dunstan, Joel Soisson
Intérpretes: Danielle Panabaker, Matt Bush, Katrina Bowden, Jeaan-Luc Bilodeau, David Koechner, Chris Zylka, Meagan Tandy, David Hasselhoff, Christopher Lloyd, Paul Scheer, Gary Busey, Sierra Fisk, Ving Rhames, Bria Roberts
Fotografía: Alexandre Lehmann
Montaje: Martin Bernfeld, Devin C. Lussier, Kirk M. Morri
Música: Elia Cmiral
Duración: 83 minutos
Año: 2012
Compañía editora: TVE


5 puntos


Los riesgos de redoblar la apuesta

Por Rodrigo Seijas

(@fancinemamdq)

pirana_tresLa reversión de Piraña del 2010, titulada Piraña 3D era una bizarreada muy consciente de sí misma, de principio a fin. Hay un desafío inherente respecto a esa apuesta, que es saber hasta dónde pisar el acelerador, porque sino ese vehículo puede descarrilar. Pues bien, esa película en muchos pasajes la única consigna que tenía para avanzar en su narración era acelerar a fondo, y eso llevaba a que descarrilara en unas cuantas ocasiones. Igual fue celebrada por unos cuantos fanáticos, lo que facilitó el desarrollo de la inevitable secuela.

Desde su mismo título original (Piranha 3DD), Piraña 2 deja en claro que su objetivo tanto de mínima como de máxima es redoblar la apuesta de su predecesora. De hecho, es como Piraña al cuadrado: más sangre, más tripas, más pirañas, más estrellas de segunda selección (David Hasselhoff hace su numerito y le sale muy bien), más culos, más tetas, más etcétera. Y claro, un nuevo escenario: un parque acuático, terreno fértil para que las bellas criaturas con dientes afilados hagan lo que saben, que es devorarse gente, para placer del espectador.

Esta actitud deliberada de llevar al máximo lo bizarro, siempre yendo a fondo, lleva a que suceda algo parecido a lo acontecido con la primer entrega: por momentos el disparate deriva en caos, tantos guiños agotan y hay que suspender toda clase de demandas de verosimilitud para seguir adelante. Es más, se podría decir que hay una tensión que atraviesa a la narración, entre la mera pose (una especie de “mirá que piola que soy que me voy siempre al demonio, en cada escena”) y un cariño sincero por lo que se está contando, cuidando la ambición del puro entretenimiento, lo que lleva a instancias realmente divertidas.

Película inevitablemente desequilibrada (y que busca un poco deliberadamente ese desequilibrio, ese estar permanentemente al bordo del abismo), Piraña 2 es un film fallido casi a propósito, un poco orgulloso de sí mismo y definitivamente honesto en su propuesta. Dependiendo del espectador, será un placer culpable, o un placer sin vueltas: en cualquier caso, lo que menos se le pide es sutileza y profundidad.

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