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El sabotaje

sabotage posterTítulo original: Sabotage
Origen: EE.UU.
Dirección: David Ayer
Guión: Skip Woods, David Ayer
Intérpretes: Arnold Schwarzenegger, Sam Worthington, Olivia Williams, Terrence Howard, Joe Manganiello, Mireille Enos, Max Martini, Josh Holloway, Harold Perrineau, Ralf Moeller, Martin Donovan
Fotografía: Bruce McCleery
Montaje: Dody Dorn
Música: David Sardy
Duración: 109 minutos
Año: 2014
Compañía editora: Blushine


5 puntos


Mejor que Arnold nos haga reír

Por Matías Gelpi

(@matiasjgelpi)

sabotage unoArnold Schwarzenegger (monumento viviente del héroe de acción y republicano asqueroso que no se siente incómodo con la pena de muerte) es alguien que ha sabido elegir bastante bien sus proyectos, al menos durante tramos de su carrera. Una breve lista: Terminator (uno, dos y tres), Mentiras verdaderas, El último gran héroe, El vengador del futuro, Depredador; está claro, le debemos gran parte de la felicidad que hemos obtenido viendo películas. Sin embargo, tanto a Sylvester Stallone como a Arnold les costó sobrevivir a los 90, cuando debieron dirigirse hacia el policial o a la ciencia ficción para seguir estando vigentes, en general con resultados bastante pobres. En su tercer aire como actor de acción, que incluye las buenas –Los indestructibles (sobre todo la dos), El último desafío y Escape imposible-, a El sabotaje debemos contarla como un traspié.

David Ayer, que al parecer va a ser el realizador de Escuadrón suicida, pone a Schwarzenegger en la piel de John Breacher Warthon, un papel ambiguo, con demasiados grises. Estamos ante un jefe de la DEA que decide robarle dinero a un cartel lo cual, como todos sabemos, debe estar entre las dos o tres peores decisiones que puede tomar un ser humano. A medida que el film avanza nos vamos enterando las razones de este robo, mientras transcurre la trama policial, desarrollando una maraña de mentiras cuyo núcleo duro es Warthon, y ahí llegan los problemas. A menos que se esté riendo de sí mismo en algún chiste autoconsciente, no hay manera creíble de que Schwarzenegger haga de un tipo seductor, de moral flexible, que oculte, engañe y mienta. Una afirmación para el estudio de las futuras generaciones: los personajes de Schwarzenegger deben ser simples, carismáticos a pesar de su fascismo y, si es posible, graciosos.

Por otro lado, Ayer es competente a la hora de filmar acción, con un estilo de movimiento de cámara que, salvando las distancias, hace acordar a Paul Greengrass. Además hay una utilización curiosa del gore: es una película con mucha sangre y vísceras para no ser de terror. Quizás el principal legado del narcotráfico al cine de acción sean los ríos de sangre.

A El sabotaje se le podrían reprochar ciertas lagunas en el guión, alguna caída en el ritmo, también algunas actuaciones pésimas como la de Joe Manganiello o la de Mirelle Enos, y hasta la clásica dureza de Sam Worthington y Terrence Howard, pero lo que realmente termina de condenarla es su final, que festeja la justicia por mano propia, fuera de registro, ridículo y fascista con un Arnold devenido en un vengador cabeza de termo. Una lástima.

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