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12 desafíos: recargado

desafiosposterTítulo original: 12 Rounds 2: Reloaded
Origen: EE.UU.
Dirección: Roel Reiné
Guión: David Benullo
Intérpretes: Randy Orton, Tom Stevens, Brian Markinson, Venus Terzo, Cindy Busby, Sean Rogerson, Colin Lawrence, Chelsey Reist, Sebastian Spence
Fotografía: Anthony C. Metchie
Montaje: Radu Ion
Música: Nathan Furst
Duración: 95 minutos
Año: 2013


3 puntos


Acción torpe y sin bríos

Por Rodrigo Seijas

(@fancinemamdq)

desafiosunoEn el 2002, la WWE (World Wrestling Entertainment), empresa dedicada al entretenimiento deportivo y principalmente a la lucha libre profesional, comenzó a meterse en el universo cinematográfico, a través de su subsidiaria WWE Films, luego conocida como WWE Studios. Arrancó siendo coproductora en películas como El rey Escorpión y El tesoro del Amazonas, para a partir del 2006 desempeñarse como única productora. Su táctica, que consiste en poner frente a las cámaras a las estrellas de sus eventos deportivos, en films mayormente de acción, es simple y hasta posee cierta lógica: el género se ha provisto de figuras que venían de ámbitos bastante alejados de la actuación. Schwarzenegger, Van Damme o Seagal son sólo algunos ejemplos de cómo el deporte o las artes marciales pueden proveer a Hollywood a la hora de atraer o conservar público. Pero las películas de WWE Studios tienen dos problemas, bastante básicos: en primer lugar, sus producciones son mayormente malas o en el mejor de los casos de medio pelo; y en segunda instancia, los luchadores que terminan como protagonistas poseen muy poco carisma, con lo que nunca son capaces de sacar a flote las flojas construcciones argumentales que protagonizan.

12 desafíos: recargado funciona como ejemplo de lo anteriormente mencionado. Su predecesora, protagonizada por John Cena (cuyo mayor mérito es ser muy grandote), era un producto mediocre dirigido en piloto automático por Renny Harlin (ya muy lejos de los tiempos en que era capaz de tirar la casa por la ventana, como en Riesgo total), en el que hasta un actor interesante como Aidan Gillen (conocido por algunos por sus papeles como Thomas “Tommy” Carcetti y Petyr “Meñique” Baelish en las series The wire y Game of thrones, respectivamente) quedaba reducido a ser un villano de cartulina. La secuela se centra en Nick Malloy (Randy Orton), quien se ve metido en uno de esos juegos de gato y ratón donde si uno se equivoca la pasa muy mal, montado por un hombre que está vinculado a un particular hecho de su pasado, al que también aparecen conectados el poder político y judicial.

La impresión que transmite 12 desafíos: recargado es que es un film donde la pequeñez del emprendimiento, típica de los productos concebidos para el mercado hogareño, afecta toda la concepción del proyecto. No sólo es que falta plata para presentar más explosiones, persecuciones más impactantes o peleas donde se note una mayor fisicidad. Es que pareciera que tampoco hubo una intención firme de pulir un poco más el guión para que los numerosos giros de la trama tengan una mayor verosimilitud, lo que termina afectando no sólo al espesor de los personajes sino también al alegato político de la historia, que recorre cuestiones como la justicia por mano propia o la impunidad con que se manejan los poderes establecidos.

Para colmo, nadie en el elenco consigue brindarle un plus a lo que se cuenta, principalmente Orton, que ni siquiera tiene un problema de carisma. Para tener un problema, se necesita haber fallado en el intento, y a este campeón de lucha libre lo menos que parece preocuparle es desarrollar algún tipo de vínculo con el espectador. En cuanto a Brian Markinson, pareciera pensar que ser villano es gritar, pero gritar mucho, hasta perforar los oídos, mientras que el resto del reparto es como un cero a la izquierda. En consecuencia, 12 desafíos: recargado es una película sin energías que languidece y se arrastra sin dignidad hasta un final insustancial.

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